sábado, 4 de noviembre de 2017

EXPLICACIÓN PARA TODO

La velocidad de la luz dicen que camina a 300.000 kilómetros por segundo. Supongo que a bastante menos, en pos de ella, la conducta humana lo hace empecinada en quedarse siempre igual. Los adelantos la superan. La tecnología la desborda. La gente se resiste a las sinergias y  cambios de la vida, aferrándose al odio o al amor, a la fe o la guerra, que lo justifican todo.

Los políticos se creen inmunes porque el don de su palabra cautiva. Prometen el cielo y la multitud, ávida de esperanza, los creen a pie juntillas. Pocos dudan. Y los más, confunden sus voces con engaños. Pero ni del cielo ni de lo contrario están seguros. ¡Cuestiónese al político cuando afirma que con su elección lo alcanzaremos! ¡Cuestiónese siempre al poder!  Saben confundir a la gente. Mirar fijamente. Leer los pensamientos sin inmutarse.

Son arte y parte. Patrón y obrero. Negro y blanco. Son lo que quieran ser. Solos se lo guisan y se lo comen. El criterio ajeno no cuenta. No les afecta. Todo está en sus manos. Un juego que la ciudadanía no es capaz de variar. Así, ante la ley, no se puede ser igual. Establecen sus sueldos. Se aúnan. Se acorazan. Parecen pelearse cuando se abrazan. Se saltan las normas. Las interpretan. Las modifican. Representan al pueblo; al pueblo que engañan. Juegan con la sutileza del vocabulario. Dicen lo que la gente quiere oír. Hacen ver cosas diferentes. Enardecen. Levantan pasiones. Son verdaderos chamarileros de sus partidos. Encantadores de serpientes. Enredadores. Capaces de cortarse las venas o de matar antes que reconocer haberse equivocado. Mentirosos. Procaces. Amigos de tragar cada mañana un veneno que los vacune del desprecio y los inmunice de las maldiciones que afrontan y reciben.

España, alejada de dictaduras, rebeliones y golpes de Estado, olvida los nacionalismos (aquéllos que hacen suyo lo que pertenece a todos) pensando que con la democracia se está a salvo. Pero no es así. Se está lejos, muy lejos de estarlo. La democracia, basada en reglas, apoyadas por la mayoría de los ciudadanos, no se respeta y mantenerla viva no es fácil.

Hay pueblos sometidos, subyugados, esclavizados por leyes que le han sido impuestas. Leyes que la mayoría de la población no ha refrendado libremente. Leyes coercitivas, represivas, que atentan los derechos fundamentales de la gente. Leyes que no admiten la diversidad de ideas y opiniones, que coartan la libertad de expresión, permiten abusos, la discriminación, el hambre.

Se puede desear la muerte a alguien e, incluso, expresarlo; pero de ninguna manera llevarlo a cabo. Lo primero es de mal gusto e irrespetuoso. Lo segundo, merecedor de castigo. Sentir el loable anhelo de ganar el Tour de Francia (no una, sino muchas veces) es lícito, pero no así doparse para lograrlo. Contravenir normas y obtener ventaja con ello, es delictivo. Ansiar la independencia y hacer lo posible legalmente para obtenerla, es viable, pero no saltándose la ley, modificarla o, por muy políticos elegidos que sean, hacer lo que les venga en gana y, menos todavía,  empleando medios y recursos que no les corresponde, arrogándose la representación de todos los habitantes en beneficio de unos pocos.

 ¡Menos mal que no encontraron apoyos internacionales!


En una democracia las ideas, las manifestaciones, no se castigan. Los hechos sí. Tampoco se concibe la existencia de presos políticos, pero sí de políticos en la cárcel por tratar de derrocarla o por otros motivos. Mucha gente sigue empeñada en lo contrario. Y, tal es su fijación, que siguen votando a los mismos, aduciendo sentimientos moldeables.

lunes, 23 de octubre de 2017

LA IRRACIONALIDAD DE LA HUMANIDAD

Todo el mundo sabe que la adaptación al medio, es una de las principales cualidades para mantenerse en él.  En la Naturaleza la mayor parte de los seres que prevalecen no son los más fuertes, los más hábiles o los más sanos, sino aquéllos que, sencillamente, mejor se adapten a ella. En nuestro mundo, la vida se da para todos con iguales componentes físicos y con un Sol inundándonos de calor y energía. Las mismas reglas se cumplen entre nosotros, los humanos, dependientes de un proceso neuronal que crean los sentimientos, especiales motivadores del calor y la energía que mueve nuestro ánimo. Por tanto, nuestra adaptación a la vida social, económica y política vendrá dada por un proceso dirigido y aceptado por nuestro sistema cerebral cuyo origen, desarrollo y consecución se ajustan en un tiempo, forma, lugar y circunstancias de las que cabe reseñar la domesticación, educación, ánimo, profesión, crisis, rebeldía, inconformismo, sugestión, interés...

La irracionalidad de la humanidad está llena de ejemplos que nadie ignora. Desde el proceso democrático nacionalsocialista como el alemán, que acabó en la peor guerra hasta la fecha conocida, hasta las sectas cuyos componentes voluntariamente se inmolan en nombre de no sé sabe qué, hemos transitado por revoluciones, guerras santas, cruzadas independentistas, atrocidades religiosas y otras justificadas por identidades, patrias o sentimientos carentes de sentido común y de juicio.

Por eso entiendo el proceso independentista catalán al que se adhieren millones de hombres y mujeres movidos por sentimientos que no necesitan de justificación alguna para seguirlo. Sin embargo, como ello me afecta en menor o mayor medida, pues todos los españoles hemos contribuido a la formación del conjunto del territorio español y aún resta tiempo para poder anular el fin del proceso, evitar enfrentamientos y el dictatorial artículo 155 de la Constitución, yo preguntaría a todas esas personas inmersas en el citado proceso, que se contesten a unas preguntas sinceramente y obren en conciencia de no moverles un interés económico personal.

¿Cuándo se dieron cuenta que eran independientes? o, mejor dicho, ¿cuándo, cómo y por qué se sintieron independientes? ¿Por qué razón o razones es mejor ser independientes de España que no serlo? ¿Porque cuando emigraron fueron acogidos por Cataluña excelentemente o, cuándo, una y otra vez, alguien les comió el “coco”? ¿Acaso con la independencia dependerán de sí mismos o de alguien de su plena confianza? ¿Creen que en un mundo globalizado como en el que vivimos alguien puede ser independiente? ¿No dependerán de conseguir la independencia de otros poderes públicos, partidos, mercados, religiones, medios de información con muy diversos intereses?

Hoy en día, no hay una nación, ni siquiera Corea del Norte, que sea independiente. Ni tampoco ningún proceso se ha generado espontáneo. Todo responde a una causa y los ciudadanos tenemos derecho a preguntarnos por ella y por sus consecuencias. Bien entendido, que ahora empezamos a comprobar sus efectos perniciosos por mucho que nos dijeran lo contrario. Mientras, el paro, la desigualdad, la pobreza, la corrupción galopan en Cataluña como en el resto de España, pese a que dependan de los gobiernos autonómicos. Y Puyol los justificaba diciendo que España robaba a Cataluña cuando era él quien lo hacía, alimentando a sus hijos  como dos o tres mil familias juntas podían alimentar a los suyos, pero sin coste alguno para él. Y también su partido político u organismos afines se enriquecían a base de comisiones (que diría Maragall) para que Mas, su delfín, saliera “dopado” a ganar elecciones, hasta que se le vio el plumero. Entonces, ideó el proceso con el que tanto amenazaba su mentor y tuvo que separarse de su socio de Unión y vergonzosamente cambiar el nombre de su partido y unirse a otra fuerza de izquierdas (ERC) antagónica a su principio burgués. Ésta, hábilmente aprovechó tal oportunidad, cuan zorro disfrazado con piel de cordero, para conseguir alguno de sus fines: la República que tanto anhelaba y quedarse después con el poder. Aun así, derecha e izquierda unidas, no eran suficientes para rematar el proceso y tuvieron que acudir a un grupo anarquista significado en el partido de la CUP, que obligaría a  Mas (denunciado por ellos de corrupción) a no ser el Presidente y designar a Puigdemont. El proceso culminó el primero de Octubre provocando lo que tanto buscaban para tener pruebas con las que justificar el engaño que llevaban durante muchos años perpetrando. El Gobierno del PP cayó en la trampa a fin de evitar un plebiscito ilegal, golpeando duramente a gente inocente, cuando la guardia, por independentistas dirigida se inhibió, cosa que debieron hacer el resto de las fuerzas.

Ya esto no tiene vuelta de hoja como tampoco el procrastinar de Rajoy, un político querido por los suyos a los que promete como un santón, sólo por agradar, lo que nunca puede cumplir convencido que los temas se resuelven sin hacer nada, hasta que las verdades salen a frote o se descubren. También se le ha visto el plumero en muchas ocasiones (el caso Gürtel está lleno de ejemplos e, incluso, ante la justicia) mintiendo descaradamente e, igual que Mas, salir “dopado” a las elecciones por cuestiones de corrupción. A él, hace tiempo, se le advirtió del peligro que España corría por la deriva del proceso catalán; hasta yo lo hice en mi blog en Febrero de este año, pero pensó que algo de mano izquierda y un poco de inteligencia lo retendrían y, como sabemos, no fue así.

El proceso (que no la mayoría de la gente de Cataluña por mucho que a ello se agarren  sus autores) ha llegado a un punto, una vez tensadas al máximo las posturas, que exige a Rajoy tener que actuar sin dejarle más alternativa que la del 155 elegida; justo la deseada por los que quieren ser víctimas, héroes o pasar a la historia como mártires de un ejemplar proceso independentista que, efectivamente, han sabido conducir ocultando lo que no han sabido dar: paz, trabajo, libertad y bienestar a la gente, cuyos impuestos, en parte, han ido a gastos de propaganda, difusión y activación del proceso o plan independentista creando embajadas,viajes, reuniones y demás eventos con que ocupar a los ciudadanos y tapar sus miserias (felonías, corrupciones e intereses partidista de los que no se habla).

Todavía están a tiempo, señores del Gobierno catalán, de mostrar benevolencia para con su pueblo que tanto aman. No lo enfrenten a la barbarie, a la pobreza, al rechazo, al aislamiento internacional y alegrémonos de que no hayan gozado de ayuda peligrosa exterior, pues un conflicto armado no podría evitarse y eso además de irracional es cruel y muy duro para todos. Consideren su triunfo y convoquen elecciones en Cataluña (que nadie lo haga por ustedes) manifestando así su deseo de mantener viva la democracia y el derecho a decidir del que tantos réditos han obtenido, como si el resto de los ciudadanos no tuviéramos también ese mismo derecho. No hacerlo, no parar el 155 o, lo que es lo mismo, no eludir la imposición, la dictadura que a Cataluña se le viene encima, es no querer ver el terremoto que todos sabemos llegará para dejar inerme a la mayor parte de la población catalana, al arbitrio de una fuerza desconocida, cuando ustedes saben que su proceso no lleva a ninguna parte y ha concluido.


sábado, 21 de octubre de 2017

HÁGASE CON UNA DE LAS NOVELAS QUE SIGUEN:


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LOS ESTIGMAS DE LA DICTADURA FRANQUISTA
Una novela-ensayo que relata, desde su origen, la crónica auténtica de un comercio de dinero (el Banco de Madrid) durante el período del régimen totalitario de Franco, para ser absorbido,  una vez instaurada la democracia en España, por parte del Deutsche Bank.
Una historia que nos cuenta la vida real de nueve personajes y otros agregados, con nombres ficticios, que iniciaron su empleo en la primera de las dos entidades citadas, dando lugar a muy diversas situaciones. Sus hechos, quehaceres,  amores, anécdotas…  y destinos, condicionados por los avatares del trabajo, están trazados por el régimen de la época en la que les tocó vivir e  identificarse con ellos inconscientemente.
En formato digital.



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ESCAPE
Una novela-ensayo que dibuja la vida de personajes muy diversos en un mundo de contrastes (alegre y triste, visible y oculto) lleno de miserias y riquezas donde el dios Dinero es eje que les estimula. A muchos de ellos el lector podrá identificar fácilmente.
Tres mujeres, encarnando las poderosas fuerzas del Amor, el Placer y el Poder, se cruzan en la vida de Eduardo Zaragoza, principal protagonista de la historia simbolizado por la Duda, que se ve obligado a decidirse por una de ellas.
La trama discurre por escenarios de Madrid, Brazatortas, Almería, Badajoz en España y, fuera de ella, en Estremoz (Portugal), Londres y Loughborough (Inglaterra).
En formato físico o en formato digital.



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5 FÓRMULAS PARA EL BIENESTAR DE ESPAÑA
Un compendio para reflexionar cómo cualquier ciudadano puede beneficiarse y conseguir su bienestar (independiente a su nacimiento y condición) si la sociedad aplicara determinadas medidas que se contemplan en el mismo.
Se establecen cinco grupos, a saber: 1) El apagón económico. 2) La teoría de los números primos. 3) El plan de ciudades ocupacionales. 4) La teoría del cuadránculo. 5) La transición personal.
En formato físico o digital.



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EL PROYECTO
Una novela-ensayo cuya protagonista, Celeste, evoca un pasado sin retorno del que se puede aprender y, a partir de una natural tragedia que destruye Almería, la parte más rica de España, se decide a construir un lugar más hermoso, donde los hombres puedan vivir empleando las vías pacificas de la democracia y los acuerdos, sin necesidad de revueltas ni revoluciones.
Tres partes bien diferenciadas la componen por lo que bien podíamos denominarla El Proyecto de ciudades ocupacionales Celeste Esmeralda, narrando acaecidos, sentimientos, vicisitudes… de la vida de muchos personajes con los que Celeste se relaciona.
En formato digital.


HÁGASE CON UNA, VARIAS O TODAS LAS OBRAS EXPUESTAS
Tome nota del correo electrónico del autor:
A través del mismo, indique su pedido y le será enviado inmediatamente. Una vez lo reciba, se le dirá cómo abonar su importe.
-          5 FÓRMULAS PARA EL BIENESTAR DE ESPAÑA
Gratis (adquiriendo uno cualesquiera en formato físico o digital).

-          ESCAPE 
Por 10 euros (en formato físico).

-          ESCAPE
-          EL PROYECTO
-          LOS ESTIGMAS DE LA DICTADURA FRANQUISTA
 Por 5 euros cada uno o 10 euros los tres (en formato digital).
Facilite también su nombre y su e-mail, así como la dirección postal en el caso de que quiera el libro físico.
Los comentarios que considere trasladar al autor servirán para seguir mejorando la producción de más títulos que puedan agradar a los lectores que tengan a bien leerlos.
En la confianza de que su lectura le guste y se pase un tiempo entretenido, reciba un cordial saludo.
Muchas gracias.


domingo, 15 de octubre de 2017

LA CERTEZA, UNA FUERZA POSESIVA

Cada uno de nosotros, la mayoría de las veces, nos vemos reflejados en los demás creyendo que sienten, piensan o perciben como nosotros e, incluso, que actúan o actuarán como nosotros ante iguales circunstancias. Y no es así. Tal vez, por eso, el partido en el poder que nos gobierna supone que sus medidas son las que todos quieren o esperan. Y no es así.

Parece cierto, tal como dice el refranero español, que “el ladrón cree que todos son de su condición”, sin embargo, cuando los radicales, maximalistas u obsesivos del independentismo, nacionalismo, comunismo, capitalismo, etcétera comprueban que no es así, sólo ven en los que no piensan como ellos sus antípodas y enemigos. “O eres patriota o no lo eres”, se les oye decir. Pues no. Se puede ser más o menos patriota, más o menos nacionalista, estar más o menos identificado con una u otra idea o ser más o menos radical apropiándote cosas de uno u otro, aunque al unísono no se pueda sorber y soplar o, como el embarazo, sólo admita una alternativa; es decir, las cosas, las circunstancias, las personas físicas no son blancas o negras, zurdas o diestras, creyentes o no creyentes, amigos o enemigos. Hay infinidad de clases y matices diferentes en casi todo y, mientras esto no se tenga presente o los situados en el norte y en el sur, de ello, no se den cuenta, será muy difícil entenderse y ver clara la realidad.

¿Por qué los que estén situados en polos opuestos (o extremistas) han de considerárselo y, en menor medida, los más próximos al ecuador (o moderados)?

La adaptación es la causa fundamental de la continuidad de la vida; sin aquélla, resultaría imposible ésta. Por tanto, los más moderados pueden adecuarse de mejor manera a la supervivencia; cercanos a los trópicos suben o bajan, merced al clima que más los beneficie, sin que la extrema dureza de los polos se lo permita a los intransigentes.

Comprendo que es fácil decirlo y algo más difícil ejecutarlo, pero practicar la reflexión, el dialogo, la pausa, el silencio, pueden ayudar. Hay cuestiones, no obstante, con la que no valen las medias tintas ni los términos medios y con las que se ha de ser intolerante: el crimen, la violencia, el maltrato, la esclavitud, el sometimiento, el abuso de poder, la guerra y otras tantas cosas denigrantes que cada cual tendrá en su caletre y a las que añado el paro, la injusticia y la corrupción. Bien es cierto, que hay cuestiones semánticas que tratan de disimular muchos de estos casos. Los políticos son muy dados a su uso para tapar sus errores y felonías. Baste recordar la época de la dictadura en España. La Administración decía que los españoles gozábamos de una “democracia orgánica”. Influye también, además del ambiente en el que nos desenvolvemos, la educación o domesticación de niño recibidas. A veces, se impregna de tal manera que ni la razón, ni el sentido común, ni la bondad son suficientes para modificarlo.

Es una falacia que cualquiera de los “ismos” citados sean sentimientos. Los sentimientos se modifican ante una fuerza más poderosa (como la certeza) que los doblega y los ajusta. Del amor se pasa al odio, de héroe a villano, de dios a diablo o viceversa.


Hay ocasiones que nos basamos en la tradición y la costumbre para justificar lo injustificable. Y no es así.  Afortunadamente, la mujer está adquiriendo más protagonismo, el homosexual es menos vilipendiado, la bruja no va a la hoguera, los minusválidos no se sacrifican en la Roca Tarpeya y el mundo avanza hacia la eliminación de fronteras y la unión de sus gentes que, salvo excepciones, buscan la paz, la libertad y el bienestar. Un mundo con avances y retrocesos en el que todos quepamos teniendo con que ganarnos la vida (incluso los inmensamente ricos o los pobres de solemnidad) y donde la igualdad de oportunidades sea verdadera.

lunes, 9 de octubre de 2017

GERMENES VIEJOS

Exacerbado patriotismo nacional o independentista son voces que prometen la gloria. Pasiones incontrolables coreadas por una música celestial, animan a olvidar los  principales problemas diarios con cánticos de sirena que los silencian. La masa enfervorecida necesita  alentarse con sentencias de muerte y participar en ellas (anónima y ausente de criterio) hasta convertirse en justicia, verdugos y cadalso. Ya no hay patíbulos donde exhibir al ajusticiado en la horca y la turba se llena la boca de democracia, paz y libertad, mientras quienes los dirigen imponen leyes a su antojo que han de aceptar. Un inconmensurable río de gente dirigido por un gobierno, los lleva a la Meca como corderos con el único objetivo de ser sacrificados. Son obedientes y no piensan. Acuden como posesos al ara del sacrificio. Les falta  tiempo para reflexionar lo qué pasa, las razones objetivas que les asiste, el porqué han llegado hasta esa situación.

Todo se monopoliza. Sólo existe una cuestión. Ya nada se habla del paro, de la corrupción de las clases dominantes, de una sanidad empequeñecida, de una mala educación, de una convivencia que se deteriora con rivalidades y enfrentamientos, incluso, entre amigos y familiares. Y el miedo se extiende como la pólvora entre los que se mantienen al margen asustados sin que nadie sea capaz de atajar la locura desatada. Pero el mundo, ajeno a esa ceguera, no se ha detenido y recuerda la historia de millones de muertos originados (sin ningún sentido) por ocultos fines de mangantes o dementes con intereses ilegítimos.

El gobierno regional que los provoca se muestra seguro, pacifico, confiado y, como caldo de cultivo, se sirve de ello para alimentar a sus seguidores con pequeñas precipitaciones que cale bien sus huesos, empape y fructifique sus cuerpos como la tibia agua de mayo.  Espera el fallo de un imaginario enemigo para sentirse más víctima todavía, pese a que siendo lobo se vistió con la piel de cordero para, desde el primer momento, mantener engañados a sus fieles e incondicionales. Pobres estos que no ven sino a través de ojos extraños.

Embravecidos y robustos hombres portan una bandera. Un trozo de trapo cambiante por el que estarían dispuestos a dar su última gota de sangre, escudados en un sentimiento patrio que los une e identifica, al tiempo que los excluye, los limita y los hace vulnerables. Son semillas de viejos tiempos, arrastradas por los aires que, de vez en cuando, transitan merced a embaucadores prometiendo lo que desea oír la gente, para lograr sus propios intereses.

Himnos, banderas, signos obligados e inventados, fácilmente mudables. Identidades, patrias, religiones, sentimientos, símbolos cambiantes de los que avezados expertos se aprovechan para evitar que ninguno de ellos nos proporcione la paz o el bienestar a los que, la mayoría de nosotros, aspiramos, independientemente de donde hayamos nacido o vivido. Hagamos íntimos y privaticemos nuestros principios. No deseemos que nada se nos imponga.  No hay remedio mejor que potenciar la libertad respetándonos en un sistema participativo y abierto donde prime la Honorabilidad, la Transparencia y la Rentabilidad que siempre ponderamos.


Hablemos, viajemos, conozcamos otras gentes, otras culturas, otras ideas. Ni mejores ni peores. Debatamos. Razonemos. No permitamos que nadie imponga su voluntad cuando los ojos los tenemos cerrados, estamos dormidos o alguien nos ha trastornado. Avancemos para que los pueblos se unan y no se separen. Ya han pasado los tiempos que Roma imponía la dictadura para entenderse. Demostremos que nuestra conducta ha cambiado.

domingo, 1 de octubre de 2017

ES URGENTE, SEÑOR RAJOY

Créame señor Rajoy y hágame caso.

Una de las pocas soluciones que España tiene de reconciliarse, es que usted, al frente de su equipo o gobierno,  vaya a la Generalidad para hablar con los diputados de aquel Parlamento antes de que proclamen la independencia. Habrán de ir con humildad, dispuestos a negociar, a entenderse, a ceder reconociendo que, por encima de todos y todo está el bien de España y de su gente (y, por tanto, del pueblo de Cataluña). Vayan, por favor, arrepentidos y aceptando su parte de culpa (que la hay y grande).

No sé si este mensaje llegará al señor Rajoy, pero, en su caso, me gustaría que siguiera leyendo.
Hace ya tiempo, me llamó mi mujer diciéndome lo preocupada que estaba porque uno de mis hijos, sin avisar, sin decirle nada, pasó la noche fuera de casa. Recuerdo que me indignó y prometí que el fin de semana, que volvía (precisamente en las fiestas de aquella localidad), mi hijo sería castigado.

Usted, señor Rajoy, prometió que no habría referéndum y sí lo ha habido. Usted y su equipo nos aseguraron que nunca habría separación de Cataluña y no podemos confiar que eso no suceda y, menos todavía, con absoluta integridad de la gente. Continúe, por favor, leyendo.

Pues bien, regresé, y mi hijo recibió mi reprimenda, informándole de mi determinación inquebrantable de que no saldría de casa por nada del mundo. Llegó la hora y sus amigos, adolescentes como él, vinieron a buscarle a casa (entre ellos su media-novieja) ataviados para la ocasión. Les hice saber mi decisión y a pesar de sus ruegos tuvieron que marcharse sin él. Él no salía de su habitación, pero lentamente se arreglaba para salir. Su madre, en permanente comunicación con él y conmigo, vino a decirme que cediera, que le permitiera salir, porque –me aseguró- que por las buenas o las malas- se iría. “¿Qué harás en ese caso?”, me instó. “¿No le dejarás volver más?” “No lo hará”, le dije. “Si lo hará, me contestó. “Y cuándo no vuelva, ¿podrás vivir sin él?

Hágame caso, señor Rajoy, vaya con sus más leales consejeros humildemente a Cataluña. Exprésese como sepa. No es cuestión de oratoria sino de dar marcha atrás, de volver a empezar.

Le hice caso a mi mujer y, tal como ella me indicó, negocié con mi hijo. Reconocí mi enfado por su actitud, por la cual me disculpe. Consentí que saliera con sus amigos, si lo sucedido no volvía a repetirse.  Él admitió su error aduciendo una falta de comunicación con mi mujer (al fin y al cabo daba lo mismo) y prometió que no volvería a ocurrir. Nos reconciliamos tibiamente. Él salió y yo no tuve que recorrer las calles en su búsqueda. ¿Se hubiera ido para siempre? ¿No hubiera vuelto a casa? Mejor ni planteárselo.


No elucubre más señor Rajoy. Su promesa no la cumplió. No dude más. No espere ni un minuto más. Vaya. Corra. No haga caso a quien le diga que usted es la fuerza, el orden, la ley. Yo mismo reconozco que la ley está de su parte. Pero las vidas humanas no toleramos el uso de la fuerza, ni siquiera el de la razón, si contra ellas se atenta o se sienten agredidas o indignadas.

sábado, 23 de septiembre de 2017

NADA QUE VER CON LA DEMOCRACIA

Siento disentir de los que ahora, con el tema de la independencia de Cataluña, dicen que el mismo es una cuestión no de independencia sino de democracia. (La democracia es liberalismo, libertad, pluralismo, tolerancia… lo contrario de autocracia, dictadura, tiranía… Política por la que el pueblo ejerce la soberanía mediante la elección de sus dirigentes).

Creo sinceramente que la democracia es algo maravilloso, encomiable y digno de preservar. Manosearla para principios estériles, pueriles o, sencillamente, para quedar bien como si a los que hemos carecido de ella no nos importara, es jugar con fuego sin haber manejado antes una escopeta. 

Posiblemente denoten mis palabras cierto temor y estáis en lo cierto si así lo pensáis, pero todo aquello que perturbe el entendimiento entre partes no se resuelve enfrentando a los ciudadanos entre sí; al contrario, todos perdemos como perdimos no hace tanto porque alguien no permitió que fueran los políticos (entre ellos) quienes dilucidaran los problemas. Esto no supone aceptar la imposición, la injusticia o el abuso de parte alguna; esto, claramente admite, que los políticos han de ajustarse a las normas por ellos establecidas y jugar las cartas para cambiar sus reglas sin esperar a que la gente, por ellos aludida, las rompa y, además, sean los héroes de la película o se vayan de rositas. Reúnanse, hablen y hablen hasta la extenuación si es preciso, sin salir del lugar elegido para el encuentro, hasta que la ausencia de entendimiento haya desaparecido: su desgana, su renuncia, su altivez, su procrastinar o su falta de interés no les justifica; al revés, les denigra y envilece. 

Son de una intolerancia repugnante las posturas tomadas por los líderes de Cataluña y de España. Más si cabe la de éste (cuya responsabilidad es superior) que jamás ha tomado la iniciativa por entenderse o llegar a algún tipo de acuerdo,  salvo ahora, cuando ya no hay remedio, y sus medidas son las de un toro herido dando cornadas a diestro y siniestro por el filo de un precipicio deteriorando la imagen de España. Nos ridiculiza como en otras ocasiones. 

En España, tendríamos que ponernos de acuerdo en las partes auto gobernables de su territorio en razón a orografía, idioma o peculiaridades que se precisen y su modificación no dependa de ningún gobierno cuando se le antoje o considere oportuno. No se puede estar cada día intentando quebrar un compromiso alegando “el derecho a decidir” que la democracia nos otorga. Excepción sin paliativos para territorios sometidos por un régimen totalitario o el caudillaje de un dictador. Excepción también cuando los pactos se hayan alcanzado mediante la opresión, privación de libertades, chantaje o engaño. Podría darse la paradoja que mañana la alcaldesa de Madrid y su gobierno pidiera la independencia de Madrid, ¿por qué no?

Acude a mi memoria la actividad de mi profesión por la cual dos o más clientes deseaban o, mejor dicho, me imponían, pese a mis recomendaciones, abrir una cuenta corriente conjunta, es decir, se obligaban a tener que firmar todos para disponer de la misma. Pues bien, raro era que en el trascurso de la misma, alguno de ellos no exigiera saltarse tal obligación por razones más o menos comprensibles. Entonces, ¿qué se debía hacer?: ¿No consentir? ¿Aceptar? ¿Ceder? Pese a que me asistiera la razón; pese a todo: dialogar y llegar a compromisos.

Algo parecido opino respecto al tema que nos ocupa. Nada que ver con la democracia.  Pienso que acordar sin posiciones radicales es de sentido común. Siempre quedará la posibilidad de confeccionar una nueva cuenta, una nueva Constitución que recoja el sentir del momento; un sentir que puede variar en cualquier tiempo y no sólo dependiente del poder que, sea dicho de paso, en esta ocasión, se asienta en el punto de la cúspide de su autoridad en lugar de en la base del pueblo. Los ciudadanos deben refrendar acuerdos establecidos dentro de la ley y no enfrentarse entre sí por unos políticos que, por lo general, buscan intereses partidistas o salvar su culo señalando culpables e invocando a la democracia sin aportar soluciones que nos lleven a entendernos.