miércoles, 16 de agosto de 2017

ARRESTOS CONTRA LA POBREZA

Cada día estoy más convencido, que si el hombre careciera de codicia y sus arrestos los empleara en estimular más su solidaridad con los demás, la humanidad no tendría problema alguno de subsistencia.

Comprendo que tal realidad está lejana, incluso que, de momento, es una utopía; sin embargo, cabe la posibilidad de, mediante controles impositivos u otras fórmulas, ir penalizando la avaricia y favoreciendo la generosidad, partiendo de la premisa fundamental de considerar al hombre y a los seres vivos, así como al medio ambiente, lo más importante de la creación.

La idea básica pasa por  lo esencialmente económico: equilibrar, en lo posible, las diferencias de rentas existentes entre las personas físicas. Las rentas, por tanto, habrán de limitarse. Unas, las altas, rebajándolas a base de impuestos, hasta una cifra determinada de antemano, y otras, las nulas o insuficientes, instaurándolas o aumentándolas respectivamente a base de ocupar a los que carecen de ellas o le son insuficientes para vivir dignamente.

Para que ello pueda llevarse a efecto (algo fácilmente comprensible) las personas jurídicas jugarán un papel primordial como agentes reguladores, sobre todo, a la hora de aplicar sus beneficios a inversiones, a impuestos, a dividendos..., pero eso es otra cuestión.

No aburriré más al lector extendiéndome sobre el tema y lo simplificaré anunciando que una decisión política  puede hacer posible que los ricos sean algo menos ricos y los pobres  menos pobres, la desigualdad se acorte y la miseria en el mundo desaparezca.

La gente deberemos obligar a nuestros dirigentes a que la política se encamine en esa dirección. Exijámosles transparencia en la gestión de nuestros dineros. No toleremos que nos digan que hacen todo lo que pueden contra la corrupción, cuando en la práctica comprobamos lo contrario. Desconfiemos de las gestionen que realizan y recabemos las rentabilidades que con las mismas se obtienen.

No me cansaré de repetir que todos, especialmente nuestros gobernantes, debemos de actuar con Transparencia, Honorabilidad, Rentabilidad para que el ejemplo cunda. Nos es de recibo que, sin ton ni son, sin explicar el motivo o la conveniencia de tener que hacerlo, suban los impuestos (en este año han subido cuatro veces más de lo que bajaron). No es justificable que permitan a las empresas arbitrar sus costos para mantener el mismo nivel de beneficios e inmoral que las eléctricas hayan subido ya, en este año, un 10% sus tarifas y los sueldos de sus dirigentes sean los más altos del planeta. Continúa siendo lamentable que haya tantos parados: gente oficialmente sin trabajo atentando contra otros trabajadores, ofreciéndose por un plato de lentejas para ganarse la vida, haciendo el caldo gordo a los autónomos y empresas, cuando la Seguridad social debería de proveerles ocupación.


Quienes mantenemos la idea que la igualdad de oportunidades sea real, la justicia igual para todos y el hambre del mundo desaparezca…, habremos de luchar por ello sin aspavientos, sin descalificaciones, sin odios, por mucho que otros nos provoquen tratando de sacarnos de nuestras casillas. Dejar morir a un ser vivo u originarlo por capricho, es un salvaje atentado contra la propia Naturaleza de la que formamos parte. Mejor que no suceda para no vernos envueltos en la displicencia de otros que piensan de manera contraria, de aquellos que sólo confían en la grandeza de la economía de mercado y en sus propios intereses.

sábado, 5 de agosto de 2017

LA VERDAD NO MATA

No sé qué bulle en la cabeza de nuestro presidente de Gobierno, señor Rajoy, pero no me equivocaría si afirmara que en ella se agita, con cierta frecuencia, el desvanecimiento, la torpeza, la sosería y la falsa idea acerca de la gente y las cosas de su tiempo.

Siempre me pareció un hombre prudente, cabal, discreto. Hoy, lamentablemente, tengo la sensación que nos engaña a todos, diciendo lo que en cada momento le interesa, que es un consumado mentiroso, tal como se comprobó testificando ante el tribunal de justicia. Esto me lleva a pensar “de los necios se hacen los discretos y que, para ser discreto, es preciso haber sido tonto”. Defenderse con la mentira tiene las patitas muy cortas y es de poco alcance, sobre todo, en este caso, ostentando un cargo público tan relevante y cuya trascendencia no es nada superficial.

El señor presidente seguro que no es tonto, pero lo disimula muy bien o se lo hace.

No se puede defender lo indefendible cuando existen grabaciones que demuestran lo contrario. Y, peor aún: tuvo una ocasión propicia para elogiar la valentía y la honradez manifestando la verdad, y la desaprovechó. Justo y necesario hubiera sido que, nuestro señor presidente, reconociera liderar un partido (populista como la mayoría de los demás) caracterizado por el choriceo desde tiempo inmemorial. Hubiera ganado credibilidad, aclarando asuntos turbios que lo rodean, y propiciado un futuro limpio y esperanzador que ahora no tiene. Continuar tapando la corrupción como si la gente fuera subnormal, nadie lo puede creer, ya que todo el mundo sabe que el dinero no se evapora por obra y gracia del espíritu santo.

Ya va siendo hora que nuestros políticos, en general, dejen de enarbolar falacias y promesas sin responsabilidad alguna y bajen al mundo real donde la contabilidad de cada familia es imprescindible para su supervivencia. Que dejen de decir cosas sin saber lo que dicen y abandonen inventarse filípicas contra los demás, arrastrados por la idea, a corto plazo, de obtener votos. “En su ignorancia y necedad, no se les alcanza que envilecen la historia de España (ya bastante deteriorada) jugándose a cara y cruz, sobre la capa del pueblo español, la democracia (tan costosa de conseguir) que no es inexpugnable”

Deseo indicarle a nuestro actual presidente, señor Rajoy, que no le dé alegría a la gente con su caída como  lo hizo Felipe González por similar latrocinio, y dimita por su propia voluntad, súbitamente, pues es inexplicable que ni él, ni ninguno de los que dirigieron y dirigen España,  no sepan, no les conste, no recuerden… cómo se financia su partido o sus campañas, de dónde proceden determinados sueldos y apuntes extracontables. La ignorancia no exime cumplir con la legalidad y ésta exige responsables.

Todavía recuerdo parte de la letra de una canción de los sesenta que decía: “Jóvenes, somos aún tan jóvenes. La verdad, queremos la verdad…”. Nunca es tarde para ello.


La gárrula multitud, el estólido vulgo, los enemigos que son muchos, los envidiosos que son más, el orgullo español que nos distingue, no son más que incongruentes especies de inventores de la calumnia, la astucia, la doblez y torpes ardides contra la prudencia y la rectitud de las que estamos desposeídos por mor de la política empleada, desde siempre, en España. Ya va siendo hora que en política se haga uso de la Honorabilidad, la Transparencia, la Rentabilidad.

sábado, 22 de julio de 2017

EL ORGULLO ESPAÑOL

Hoy en día, entre la mayor parte de la población española, existe el convencimiento de que lo verdaderamente importante es el dinero. Con él se hace fortuna, se logra poder, se disipa la preocupación por no poseerlo. Siempre fue así; sin embargo, cabría la posibilidad de que sirviera, únicamente, para lo que se creó: ser instrumento de cambio. (Una cuestión de la que merecerá la pena hablar otro día, aun cuando, desde ya, se debería eliminar físicamente para que sus trazas  permitieran seguir su rastro, además de  anular cuotas delictivas).

Se sueña con ser rico y tener seguridad y con que a los hijos no les falte de nada. Nos olvidamos de la solidaridad y de la igualdad de oportunidades, necesarias para todos. Es más; a veces, se desdeña la bondad, el conocimiento, el esfuerzo y, sobre todo, la pobreza. Son muchos los ciudadanos que piensan medrar afiliándose a un partido político, a alguna organización benéfica, deportiva o a otra que consideren les puede reportar estabilidad o provecho en lugar de  superarse con ahínco en el trabajo y el estudio. Es triste, pero así es.

No se perciben rectos ejemplos en los gobernantes que gestionan nuestras vidas que no ven, toleran y practican la corrupción hasta el extremo de abochornarnos de ser españoles y sentir vergüenza ajena. Miran a otro lado y ostentan, lideran, simbolizan en primera, segunda o tercera fila, la descomposición de un sistema que, desde antaño, nos viene persiguiendo. Y de manera impune, por falta de medios o pruebas que se destruyen, por prescripción o cambio de leyes, por falacias o malas artes…,  hemos llegado hasta hoy sin solucionarlo. La imagen de España en tal sentido es deleznable. Representamos la picardía, el timo, el choriceo...: un orgullo merecido de trileros). Y lo peor, es que el Gobierno persevera en mantener jactancia tan destacada (originaria del paro, la desigualdad, el incumplimiento de las leyes,  los golpes de estad…) sin aprender a tener humildad. Las medidas que toman son de juguete y mentirijilla: buenas palabras que los de arriba incumplen con pésimas acciones. “La gente de fuera ve a los ministros muy atareados y dándose aire de personas que hacen alguna cosa. Cualquiera diría que esos personajes, cargados de galones y de vanidad, sirven para algo más que para cobrar sus enormes sueldos; pero no, nada de esto hay. No son más que ciegos instrumentos y maniquíes que se mueven a impulsos de una fuerza que el público no ve. No deben nada de lo que tienen a su propio mérito, por lo que no hay que deslumbrarse por la grandeza de esos figurones, a quienes el vulgo admira y envidia: su poderío esta sostenido por hebras de seda, que las tijeras de la putrefacción puede cortar”.


Salvo en el deporte y poco más, son pocas las ocasiones por las que un español puede sentirse orgulloso de serlo. Son contadas las acciones en las que, positivamente, de manera individual o colectiva, destacamos del resto para sentirnos satisfechos. Ya nos gustaría que la tan cacareada Transición se hubiera cerrado con dignos entierros para todos los muertos y desaparecidos. Que los símbolos nacionales (himnos, banderas, monumentos y oraciones) se hubieran cambiado, unificándolos para todos. Ni siquiera la principal norma a cumplir, que es La Constitución, brinda la posibilidad de tener igualdad de oportunidades, trabajo o cobijo. Sin embargo, nos damos aires de grandeza pregonando logros inmerecidos, asegurando crecer económicamente más que otro país de la CEE, como si no supiéramos cómo se consigue o a quién beneficia. Ya va siendo hora que nuestro Gobierno demuestre que somos serios y honrados como país, aplicando contundentes medidas de regeneración, caiga quien caiga, e invaliden de nuestros caletres la impresión de que quien manda son mafias económicas  o criminales bien organizadas.

lunes, 10 de julio de 2017

UN ESTIGMA DE LA DICTADURA FRANQUISTA

En nuestra infancia, cada uno de nosotros, después que la impronta se colme de referencias sin que la memoria las pueda retener, componemos nuestra propia personalidad. Un periodo que marcará, de forma fundamental, nuestras vidas. En él, se crearán los sentimientos al margen de los instintos y, con cuanto nos rodea, estableceremos nuestra verdadera Patria.

Los usos y costumbres, los afectos y obsesiones, la alimentación o desnutrición, el acomodo o el desajuste, el medio urbano o rural, la económica o la política, el hábito o el aprendizaje, el clima o el ambiente… que, interna y externamente, predominen, nos afectarán para conformar nuestra identidad.

Hoy día nadie puede negar los estímulos (actos reflejos de aversión o simpatía) que nos dimos (y, en muchos casos, continuamos dando) como respuesta al miedo o al placer absorbidos entonces sin conocimiento y originados por causas ajenas o trasmitidos por razones concretas, pero que, de cualquier modo, condicionarán nuestra voluntad.

Cada una de las generaciones pasa por acontecimientos y situaciones bien dispares; si bien, la etapa de cuando fuimos niños, de la que hablamos, es sumamente muy particular. La que nos tocó vivir a muchos de nosotros fue una infancia generosa, pródiga en juegos imaginativos, alegrías y bienestar, en la que unos sacrificados padres prescindían de cuanto fuera necesario para evitar a sus niños cualquier tipo de sufrimiento, criándonos a “leche almendra” (que dirían muchos abuelos) aun cuando, la citada generación, se generalice con un mismo común denominador: la formación del espíritu nacional o el nacional-catolicismo de la dictadura.

Recibimos (eso sí) la peor ideología posible, carente de verdad y contraste, impuesta en escuelas e iglesias por una parte de la población, vencedora de una guerra cruel, y, sobre todo, por ser asimilada inconscientemente. Una guerra que perduró silenciosa en el tiempo, manteniendo sin voz a los vencidos, que tuvieron que claudicar comulgando con la falacia de la “Santa cruzada” o la ausencia de libertades que nos trae la Inquisición a la memoria.

Aunque parezca extraño (pero no lo es) todavía hay muchas personas añorando aquellas enseñanzas, incapaces de modificar parte de su identidad para que la democracia tenga cabida. Un aprendizaje loable, por valores y esfuerzos familiares, y deleznable, por impregnarnos una Patria impostora. Sólo la niñez es unagrande y libre. La razón es clara: sus estímulos quedaron anclados en el pasado feliz de su infancia como autos reflejos citados, respondiendo hoy contra quienes les causen dolor. Maldicen, insultan y denigran a quienes emiten críticas contrarias a las suyas o sus maneras de pensar son distintas. Eluden confrontar ideas o dejar atrás, momentáneamente, la inconsciencia del placer añejo que les complace.


Abogo por entendernos hablando con palabras impecables, con respeto, sin insultos ni descalificaciones, aparcando nuestras infancias innecesarias de olvidar, ya que, en definitiva, todos deseamos lo mejor para todos y cada uno de nosotros, aunque los caminos elegidos para conseguirlo sean muy diferentes, una vez tengamos en cuenta las causas instintivas expuestas o las que cada cual considere. Nadie permita pues, que por nuestras disputas lógicas, unos sinvergüenzas se aprovechen favoreciendo la malversación, la corrupción, el robo o cualquier delito que atente a lo que es público y de todos. Anulemos de una vez las dos Españas por el camino del dialogo y el acuerdo, estableciendo serias responsabilidades y duras penas para quien con su gestión nos enfrenta.

martes, 27 de junio de 2017

EL QUE LA HACE LA PAGA

“El que busca el peligro, en él perece”.

Cuesta trabajo pensar que en próximas elecciones se siga votando al PP.

Ningún tipo de animadversión me lleva a tal vaticinio si no, más bien, es producto de una modesta y simple reflexión. No es necesario remontarse en la historia  muchos años para ver que la ley natural de “no hay efecto sin causa” se cumple en todos los casos. Es reciente y fácil recordar cómo perdió el Gobierno el Partido socialista siendo presidente Felipe González. Éste, entonces, se enteraba de la malversación de fondos (de gente de su partido) por la prensa. Hoy, a la vista de las recientes declaraciones de la que fuera la cúpula del PP, es presumible que Rajoy tampoco tenga idea, ni recuerde, ni le conste que a su alrededor se está robando. Por tanto, es seguro, que pasará, de igual manera, factura al PP que preside.

Alianza Popular cambió de nombre por una cuestión de estrategia. Sus fundadores decidieron cambiar su camisa azul por otra más populista para conseguir más votos. Hoy, es posible que vuelvan a cambiar de nombre al igual que lo hizo el partido conservador catalán de Jordi Puyol y A. Más, por razón parecida. “Váyase señor Suárez”.” Váyase señor González”: ¿quién no lo recuerda? Nada extraño pues, que al señor Rajoy lo quieran echar.

Nada es igual, sin duda; pero nada desaparece sino que se transforma. Cambian las formas y se perfeccionan, pero el alma humana no responde si no al ejemplo que percibe u observa.

España lleva muchos años acuciada por una corrupción galopante cuyas consecuencias (el tiempo lo dirá) serán inimaginables. Golfos, sinvergüenzas, mafias… la están llenando de basura que apesta y sus instituciones, incapaces de digerirla, avanzan en el desprestigio ante los ciudadanos que comprueban que, ante ellas, no son iguales, por mucho que el Gobierno diga lo contrario.
    
Para nada es justificable el empleo de la fuerza que se combate con la fuerza, por lo que con ella la gangrena de la podredumbre corrupta no se elimina, al contrario, se enquista o vuelve a aparecer más tarde. El partido político que gobierna (y representa al Estado) no debía de emplearla partidariamente como la emplea. Mal que le pese, debe preservar los compromisos adquiridos anteriormente y buscar soluciones de consenso, no de violencia. Ha de cumplir la ley y no retorcerla a su antojo. Ha de dar ejemplo a  la gente y velar por la mayoría, sin desprecios ni mentiras. Olvidarse de prejuicios y reconocer que España es de todos. ”¿No es triste considerar que sólo la desgracia hace a los hombres hermanos?”

Todos los partidos políticos no son iguales. Ni la gente que los componen tampoco. Sus ideologías los distinguen mientras, en unos y otros, los camaleones transitan a sus anchas. Apegados todos, no obstante, al dios dinero que puede proporcionar riqueza y poder, merodean en su búsqueda por caminos inescrutables. Por eso, todos aspiran a mandar (cuestión legítima muy loable) pero no puede ser a costa de lo que sea.


La ciudadanía ni es menor de edad, ni es tonta, pese a ser tratados como si lo fueran. Nadie desea un padre  que no se ocupe de su familia, que no sabe lo que pasa en su casa, que no da ejemplo de honradez, ni persevera en las buenas conductas. ¿Son males del Gobierno del PP? 

“Si a la severidad acompaña la justicia, infunde respeto, y se conquista el cariño de la gente,” bienvenida sea. Nada dura tanto y es tan perjudicial como un mal ejemplo.

sábado, 17 de junio de 2017

"POR SUS OBRAS LOS CONOCERÉIS"

“Por sus obras los conoceréis”.

En los medios digitales y a través del WhatsApp observo, cada día más frecuentemente, la mano extraña de colectivos organizados en darnos a conocer, mediante sus escritos y voces, cuestiones políticas, sociales, religiosas, económicas… que nos afectan a los españoles.

He llegado a la conclusión que tales mensajes se producen para tapar las vergüenzas de quienes los emiten. Éstos manipulan descaradamente lo que sea preciso para conseguir sus propósitos, tendiendo a crear ambientes propicios y favorables a sus intereses.

Hablan de países para que su reflejo nos lleve a sensaciones concretas, de temas irrelevantes aparentemente que impregnen nuestros espíritus, de sucesos alejados de los problemas que nos afligen para causar explícitos sentimientos, de grandes cifras de crecimiento con las que sentirnos satisfechos tratando de condicionar una determinada predisposición. 

Nada que ver con el saqueo público, el paro, la mano de hierro del Gobierno que nos representa o las desigualdades en las que vivimos. Nada que ver con la ausencia de las responsabilidades políticas, con el imperio de la Iglesia católica, con el fraude, la debilidad democrática, el medio ambiente o la igualdad de oportunidades

Materias en definitiva que nos desvían de los asuntos cotidianos tratando de elevarnos con dones, grandes cifras o generalidades que a mí, personalmente, me recuerdan el patriotismo franquista, sus años de paz o la posibilidad única que había de hablar de toros y fútbol libremente.

Cargar las tintas objetivamente es tarea dificultosa, pero repetir y repetir lo mismo en una misma dirección (sea o no objetivo) para hacer de ello una verdad, es influir en el inconsciente de la gente que, por lo general, nos dejamos llevar por lo último visto u oído.

Comprendo que resulta muy costoso distinguir las perversidades de las que hablamos e, incluso, ponerse en el lugar de los demás, sin embargo, deberemos ir superándolo a medida que ganamos en conocimientos. No hace tanto leí a Pérez Reverte, al que admiro como novelista, haciendo una loa de nuestra cultura y civilización occidental para arremeter contra los miserables e incultos terroristas. No seré yo quien defienda a éstos y menos todavía a la unilateral guerra que actualmente mantienen contra nosotros, indefensos ciudadanos. No obstante, detecté que olvidaba premeditadamente, omitiendo en su escrito, que en otra época los cultos habitantes procedían de otras culturas y no de las nuestras. Éramos entonces ciegos bárbaros como ahora lo son ellos,  declarando la Guerra Santa contra los infieles, participando de las Cruzadas organizadas por los más altos mandatarios religiosos y políticos, semejantes a los de hoy, que desarrollan sus negocios vendiendo armas. Los hombres debemos descubrir que los tiempos y culturas son cambiantes, si bien, no han de servir para avasallar o imponerse con ideas de odio, sino con ideas de paz y de amor.


La cultura, no obstante, nada tiene que ver con la razón o el juicio, más próximos al respeto hacia el prójimo, que a la altanería de la que, a veces, aquélla hacer gala. Lo que sí posiblemente permite, es poder decidir con determinado criterio, aun cuando éste no sea bondadoso y, por tanto, carezca de belleza. Esa decisión pues, ha de tender hacía el bien y la solidaridad entre los hombres, procurando evitar que alguien con sus ideas y negocios provoque odios y enfrentamientos: rememoremos a quienes, con sus obras o  palabras (como con las que he dado comienzo al presente escrito) nos lo hicieron saber.

sábado, 10 de junio de 2017

RECORTES DE PRENSA: Programa de izquierdas

El programa del Partido Laborista sirve de modelo para los maltrechos partidos de izquierdas de todo el mundo
El documento, presentado este martes, ofrece una respuesta no solo al modelo roto de Reino Unido, sino a la crisis global de la socialdemocracia
16/05/2017
Se busca: una visión convincente para un partido de centroizquierda. Tiene que estar dispuesto a invertir en la economía, modernizar los servicios básicos, hacer que las clases acomodadas paguen más impuestos. El wifi gratuito en los ferrocarriles sería un plus. ¡Que alguien responda a este anuncio! 
El programa laborista que se ha presentado este martes hace propuestas moderadas y de sentido común para abordar algunos de los grandes problemas que frenan a uno de los países más ricos del mundo. Asombrosamente, intenta buscar soluciones a la crisis de identidad y de visión que afecta a la socialdemocracia no solo del Reino Unido sino de Occidente en general.
El programa esboza respuestas para el modelo de socialdemocracia del Reino Unido; un modelo roto. El modelo actual ha quebrado: no solo es injusto sino que además es irracional. Una minoría acapara la riqueza. El año pasado, la fortuna de las mil personas más ricas del Reino Unido aumentó un 14%. En cambio, los recortes salariales de la generación actual no tienen precedentes en las últimas décadas.
El modelo actual no ha sido capaz de proponer soluciones para la crisis de la vivienda. Priva a muchas comunidades de un trabajo cualificado, seguro y con un salario digno. Causa pobreza a la clase trabajadora, que se gana la pobreza con el sudor de su frente. Permite que las multinacionales paguen pocos impuestos, o simplemente no los paguen mientras que los pequeños empresarios luchan por salir a flote.
Con el modelo actual, la joya nacional del Reino Unido, la sanidad pública, queda reducido a un estado "de crisis humanitaria", siguiendo la expresión utilizada por la Cruz Roja británica. Los más jóvenes están atrapados por la deuda. Los servicios públicos se convierten en la gallina de los huevos de oro de unos aprovechados que solo quieren obtener beneficios a corto plazo y no les importan las necesidades de los consumidores. Podría seguir. Como decía, estamos hablando de uno de los países más ricos del mundo. No es la falta de recursos lo que impide que el Reino Unido solucione sus problemas; es la falta de voluntad política.
El programa se compromete a no subir los impuestos al 95% de ciudadanos. Es justo si consideramos el recorte salarial sin precedentes auspiciado por el partido conservador. Por el contrario, el 5% de contribuyentes con mayores ingresos tendrá que pagar un poco más. Eso también es justo si tenemos en cuenta que les va mejor que nunca.
Aquellas compañías que paguen salarios que sean 25 veces más altos que el salario mínimo tendrán que pagar más impuestos. Si pagan salarios 20 veces por encima de los ingresos medios, un poco más. Las empresas pagarán más impuestos que ahora pero seguirá siendo menos de lo que pagarían en Estados Unidos. Como indica la política laborista Rachel Reeves, con un impuesto "Robin Hood" a las transacciones financieras se recaudaría más dinero y se conseguiría reducir la toma de decisiones arriesgadas que ponen en peligro la economía. También se recaudaría más dinero si se luchara contra la evasión fiscal desde todos los frentes.
Los miles de millones que se recauden se pueden invertir en educación, con el objetivo de que la siguiente generación pueda explotar todo su potencial. También se puede modernizar el sistema de salud pública para que dé respuesta a las necesidades de una población que está envejeciendo. Asimismo, se puede mejorar la precaria infraestructura del país y construir las viviendas que los británicos necesitan. Una red de guarderías públicas reducirá la presión de muchas familias que tienen que tienen que tomar decisiones muy difíciles sobre cómo construir una familia y tener una carrera profesional. El  triple bloqueo de las pensiones protegerá a los jubilados más pobres que construyeron el país con su esfuerzo.
No, con esto nadie está diciendo que la situación del Partido Laborista no sea muy complicada. Sin embargo, si dejamos de lado el debate en torno al liderazgo del partido, que puede esperar hasta las próximas elecciones, nos percataremos de que prácticamente todos los partidos socialdemócratas de Europa atraviesan una crisis parecida y que prácticamente ninguno de estos países tiene un gobierno de izquierdas. De Grecia a Francia, de España a Holanda, los partidos socialdemócratas, que carecen de una estrategia en torno a la globalización y la crisis económica, han perdido un alarmante número de votantes o, simplemente, se han desmoronado.
Los socialdemócratas del Reino Unido ganaron muchos votos tras un cambio de liderazgo, pero ya los han perdido. Ahora, sus corazones palpitan cuando ven los resultados que ha obtenido Emmanuel Macron en Francia. Obviemos el hecho de que Macron no es un socialdemócrata, sino un liberal que acaba de nombrar a un primer ministro conservador, Édouard Philippe. Lo cierto es que para seguir los pasos de Francia deberíamos instaurar un sistema presidencial que contemplara dos vueltas electorales, conseguir un 24% en la primera vuelta y plantarle cara a un rival fascista y conseguir una victoria clara.
La socialdemocracia está en crisis. El Partido Laborista tiene muchos frentes abiertos y con este programa quiere abordarlos. Y sí, a pesar de que el Partido Laborista parece haber repuntado en las encuestas, los conservadores aún le llevan mucha ventaja. Si comparamos los resultados actuales con los obtenidos en las elecciones generales celebradas hace dos años, los laboristas parecen haber ganado votos de electores que tienen menos de 50 años.
Sin embargo, si los conservadores consiguen los votos previstos será porque Theresa May sigue contando con el apoyo abrumador de la inmensa mayoría de votantes de más edad. Salvo que los laboristas consigan movilizar a más votantes jóvenes y, al mismo tiempo, consigan el apoyo de los votantes de más edad, la derrota será aplastante. A pesar de todo lo que pueda pasar, se acaba de presentar una propuesta de cómo un partido de centroizquierda debería abordar los retos que afronta un país rico marcado por la crisis. Y eso era una asignatura pendiente desde hacía mucho tiempo.

Traducido por Emma Reverter