sábado, 22 de julio de 2017

EL ORGULLO ESPAÑOL

Hoy en día, entre la mayor parte de la población española, existe el convencimiento de que lo verdaderamente importante es el dinero. Con él se hace fortuna, se logra poder, se disipa la preocupación por no poseerlo. Siempre fue así; sin embargo, cabría la posibilidad de que sirviera, únicamente, para lo que se creó: ser instrumento de cambio. (Una cuestión de la que merecerá la pena hablar otro día, aun cuando, desde ya, se debería eliminar físicamente para que sus trazas  permitieran seguir su rastro, además de  anular cuotas delictivas).

Se sueña con ser rico y tener seguridad y con que a los hijos no les falte de nada. Nos olvidamos de la solidaridad y de la igualdad de oportunidades, necesarias para todos. Es más; a veces, se desdeña la bondad, el conocimiento, el esfuerzo y, sobre todo, la pobreza. Son muchos los ciudadanos que piensan medrar afiliándose a un partido político, a alguna organización benéfica, deportiva o a otra que consideren les puede reportar estabilidad o provecho en lugar de  superarse con ahínco en el trabajo y el estudio. Es triste, pero así es.

No se perciben rectos ejemplos en los gobernantes que gestionan nuestras vidas que no ven, toleran y practican la corrupción hasta el extremo de abochornarnos de ser españoles y sentir vergüenza ajena. Miran a otro lado y ostentan, lideran, simbolizan en primera, segunda o tercera fila, la descomposición de un sistema que, desde antaño, nos viene persiguiendo. Y de manera impune, por falta de medios o pruebas que se destruyen, por prescripción o cambio de leyes, por falacias o malas artes…,  hemos llegado hasta hoy sin solucionarlo. La imagen de España en tal sentido es deleznable. Representamos la picardía, el timo, el choriceo...: un orgullo merecido de trileros). Y lo peor, es que el Gobierno persevera en mantener jactancia tan destacada (originaria del paro, la desigualdad, el incumplimiento de las leyes,  los golpes de estad…) sin aprender a tener humildad. Las medidas que toman son de juguete y mentirijilla: buenas palabras que los de arriba incumplen con pésimas acciones. “La gente de fuera ve a los ministros muy atareados y dándose aire de personas que hacen alguna cosa. Cualquiera diría que esos personajes, cargados de galones y de vanidad, sirven para algo más que para cobrar sus enormes sueldos; pero no, nada de esto hay. No son más que ciegos instrumentos y maniquíes que se mueven a impulsos de una fuerza que el público no ve. No deben nada de lo que tienen a su propio mérito, por lo que no hay que deslumbrarse por la grandeza de esos figurones, a quienes el vulgo admira y envidia: su poderío esta sostenido por hebras de seda, que las tijeras de la putrefacción puede cortar”.


Salvo en el deporte y poco más, son pocas las ocasiones por las que un español puede sentirse orgulloso de serlo. Son contadas las acciones en las que, positivamente, de manera individual o colectiva, destacamos del resto para sentirnos satisfechos. Ya nos gustaría que la tan cacareada Transición se hubiera cerrado con dignos entierros para todos los muertos y desaparecidos. Que los símbolos nacionales (himnos, banderas, monumentos y oraciones) se hubieran cambiado, unificándolos para todos. Ni siquiera la principal norma a cumplir, que es La Constitución, brinda la posibilidad de tener igualdad de oportunidades, trabajo o cobijo. Sin embargo, nos damos aires de grandeza pregonando logros inmerecidos, asegurando crecer económicamente más que otro país de la CEE, como si no supiéramos cómo se consigue o a quién beneficia. Ya va siendo hora que nuestro Gobierno demuestre que somos serios y honrados como país, aplicando contundentes medidas de regeneración, caiga quien caiga, e invaliden de nuestros caletres la impresión de que quien manda son mafias económicas  o criminales bien organizadas.

lunes, 10 de julio de 2017

UN ESTIGMA DE LA DICTADURA FRANQUISTA

En nuestra infancia, cada uno de nosotros, después que la impronta se colme de referencias sin que la memoria las pueda retener, componemos nuestra propia personalidad. Un periodo que marcará, de forma fundamental, nuestras vidas. En él, se crearán los sentimientos al margen de los instintos y, con cuanto nos rodea, estableceremos nuestra verdadera Patria.

Los usos y costumbres, los afectos y obsesiones, la alimentación o desnutrición, el acomodo o el desajuste, el medio urbano o rural, la económica o la política, el hábito o el aprendizaje, el clima o el ambiente… que, interna y externamente, predominen, nos afectarán para conformar nuestra identidad.

Hoy día nadie puede negar los estímulos (actos reflejos de aversión o simpatía) que nos dimos (y, en muchos casos, continuamos dando) como respuesta al miedo o al placer absorbidos entonces sin conocimiento y originados por causas ajenas o trasmitidos por razones concretas, pero que, de cualquier modo, condicionarán nuestra voluntad.

Cada una de las generaciones pasa por acontecimientos y situaciones bien dispares; si bien, la etapa de cuando fuimos niños, de la que hablamos, es sumamente muy particular. La que nos tocó vivir a muchos de nosotros fue una infancia generosa, pródiga en juegos imaginativos, alegrías y bienestar, en la que unos sacrificados padres prescindían de cuanto fuera necesario para evitar a sus niños cualquier tipo de sufrimiento, criándonos a “leche almendra” (que dirían muchos abuelos) aun cuando, la citada generación, se generalice con un mismo común denominador: la formación del espíritu nacional o el nacional-catolicismo de la dictadura.

Recibimos (eso sí) la peor ideología posible, carente de verdad y contraste, impuesta en escuelas e iglesias por una parte de la población, vencedora de una guerra cruel, y, sobre todo, por ser asimilada inconscientemente. Una guerra que perduró silenciosa en el tiempo, manteniendo sin voz a los vencidos, que tuvieron que claudicar comulgando con la falacia de la “Santa cruzada” o la ausencia de libertades que nos trae la Inquisición a la memoria.

Aunque parezca extraño (pero no lo es) todavía hay muchas personas añorando aquellas enseñanzas, incapaces de modificar parte de su identidad para que la democracia tenga cabida. Un aprendizaje loable, por valores y esfuerzos familiares, y deleznable, por impregnarnos una Patria impostora. Sólo la niñez es unagrande y libre. La razón es clara: sus estímulos quedaron anclados en el pasado feliz de su infancia como autos reflejos citados, respondiendo hoy contra quienes les causen dolor. Maldicen, insultan y denigran a quienes emiten críticas contrarias a las suyas o sus maneras de pensar son distintas. Eluden confrontar ideas o dejar atrás, momentáneamente, la inconsciencia del placer añejo que les complace.


Abogo por entendernos hablando con palabras impecables, con respeto, sin insultos ni descalificaciones, aparcando nuestras infancias innecesarias de olvidar, ya que, en definitiva, todos deseamos lo mejor para todos y cada uno de nosotros, aunque los caminos elegidos para conseguirlo sean muy diferentes, una vez tengamos en cuenta las causas instintivas expuestas o las que cada cual considere. Nadie permita pues, que por nuestras disputas lógicas, unos sinvergüenzas se aprovechen favoreciendo la malversación, la corrupción, el robo o cualquier delito que atente a lo que es público y de todos. Anulemos de una vez las dos Españas por el camino del dialogo y el acuerdo, estableciendo serias responsabilidades y duras penas para quien con su gestión nos enfrenta.

martes, 27 de junio de 2017

EL QUE LA HACE LA PAGA

“El que busca el peligro, en él perece”.

Cuesta trabajo pensar que en próximas elecciones se siga votando al PP.

Ningún tipo de animadversión me lleva a tal vaticinio si no, más bien, es producto de una modesta y simple reflexión. No es necesario remontarse en la historia  muchos años para ver que la ley natural de “no hay efecto sin causa” se cumple en todos los casos. Es reciente y fácil recordar cómo perdió el Gobierno el Partido socialista siendo presidente Felipe González. Éste, entonces, se enteraba de la malversación de fondos (de gente de su partido) por la prensa. Hoy, a la vista de las recientes declaraciones de la que fuera la cúpula del PP, es presumible que Rajoy tampoco tenga idea, ni recuerde, ni le conste que a su alrededor se está robando. Por tanto, es seguro, que pasará, de igual manera, factura al PP que preside.

Alianza Popular cambió de nombre por una cuestión de estrategia. Sus fundadores decidieron cambiar su camisa azul por otra más populista para conseguir más votos. Hoy, es posible que vuelvan a cambiar de nombre al igual que lo hizo el partido conservador catalán de Jordi Puyol y A. Más, por razón parecida. “Váyase señor Suárez”.” Váyase señor González”: ¿quién no lo recuerda? Nada extraño pues, que al señor Rajoy lo quieran echar.

Nada es igual, sin duda; pero nada desaparece sino que se transforma. Cambian las formas y se perfeccionan, pero el alma humana no responde si no al ejemplo que percibe u observa.

España lleva muchos años acuciada por una corrupción galopante cuyas consecuencias (el tiempo lo dirá) serán inimaginables. Golfos, sinvergüenzas, mafias… la están llenando de basura que apesta y sus instituciones, incapaces de digerirla, avanzan en el desprestigio ante los ciudadanos que comprueban que, ante ellas, no son iguales, por mucho que el Gobierno diga lo contrario.
    
Para nada es justificable el empleo de la fuerza que se combate con la fuerza, por lo que con ella la gangrena de la podredumbre corrupta no se elimina, al contrario, se enquista o vuelve a aparecer más tarde. El partido político que gobierna (y representa al Estado) no debía de emplearla partidariamente como la emplea. Mal que le pese, debe preservar los compromisos adquiridos anteriormente y buscar soluciones de consenso, no de violencia. Ha de cumplir la ley y no retorcerla a su antojo. Ha de dar ejemplo a  la gente y velar por la mayoría, sin desprecios ni mentiras. Olvidarse de prejuicios y reconocer que España es de todos. ”¿No es triste considerar que sólo la desgracia hace a los hombres hermanos?”

Todos los partidos políticos no son iguales. Ni la gente que los componen tampoco. Sus ideologías los distinguen mientras, en unos y otros, los camaleones transitan a sus anchas. Apegados todos, no obstante, al dios dinero que puede proporcionar riqueza y poder, merodean en su búsqueda por caminos inescrutables. Por eso, todos aspiran a mandar (cuestión legítima muy loable) pero no puede ser a costa de lo que sea.


La ciudadanía ni es menor de edad, ni es tonta, pese a ser tratados como si lo fueran. Nadie desea un padre  que no se ocupe de su familia, que no sabe lo que pasa en su casa, que no da ejemplo de honradez, ni persevera en las buenas conductas. ¿Son males del Gobierno del PP? 

“Si a la severidad acompaña la justicia, infunde respeto, y se conquista el cariño de la gente,” bienvenida sea. Nada dura tanto y es tan perjudicial como un mal ejemplo.

sábado, 17 de junio de 2017

"POR SUS OBRAS LOS CONOCERÉIS"

“Por sus obras los conoceréis”.

En los medios digitales y a través del WhatsApp observo, cada día más frecuentemente, la mano extraña de colectivos organizados en darnos a conocer, mediante sus escritos y voces, cuestiones políticas, sociales, religiosas, económicas… que nos afectan a los españoles.

He llegado a la conclusión que tales mensajes se producen para tapar las vergüenzas de quienes los emiten. Éstos manipulan descaradamente lo que sea preciso para conseguir sus propósitos, tendiendo a crear ambientes propicios y favorables a sus intereses.

Hablan de países para que su reflejo nos lleve a sensaciones concretas, de temas irrelevantes aparentemente que impregnen nuestros espíritus, de sucesos alejados de los problemas que nos afligen para causar explícitos sentimientos, de grandes cifras de crecimiento con las que sentirnos satisfechos tratando de condicionar una determinada predisposición. 

Nada que ver con el saqueo público, el paro, la mano de hierro del Gobierno que nos representa o las desigualdades en las que vivimos. Nada que ver con la ausencia de las responsabilidades políticas, con el imperio de la Iglesia católica, con el fraude, la debilidad democrática, el medio ambiente o la igualdad de oportunidades

Materias en definitiva que nos desvían de los asuntos cotidianos tratando de elevarnos con dones, grandes cifras o generalidades que a mí, personalmente, me recuerdan el patriotismo franquista, sus años de paz o la posibilidad única que había de hablar de toros y fútbol libremente.

Cargar las tintas objetivamente es tarea dificultosa, pero repetir y repetir lo mismo en una misma dirección (sea o no objetivo) para hacer de ello una verdad, es influir en el inconsciente de la gente que, por lo general, nos dejamos llevar por lo último visto u oído.

Comprendo que resulta muy costoso distinguir las perversidades de las que hablamos e, incluso, ponerse en el lugar de los demás, sin embargo, deberemos ir superándolo a medida que ganamos en conocimientos. No hace tanto leí a Pérez Reverte, al que admiro como novelista, haciendo una loa de nuestra cultura y civilización occidental para arremeter contra los miserables e incultos terroristas. No seré yo quien defienda a éstos y menos todavía a la unilateral guerra que actualmente mantienen contra nosotros, indefensos ciudadanos. No obstante, detecté que olvidaba premeditadamente, omitiendo en su escrito, que en otra época los cultos habitantes procedían de otras culturas y no de las nuestras. Éramos entonces ciegos bárbaros como ahora lo son ellos,  declarando la Guerra Santa contra los infieles, participando de las Cruzadas organizadas por los más altos mandatarios religiosos y políticos, semejantes a los de hoy, que desarrollan sus negocios vendiendo armas. Los hombres debemos descubrir que los tiempos y culturas son cambiantes, si bien, no han de servir para avasallar o imponerse con ideas de odio, sino con ideas de paz y de amor.


La cultura, no obstante, nada tiene que ver con la razón o el juicio, más próximos al respeto hacia el prójimo, que a la altanería de la que, a veces, aquélla hacer gala. Lo que sí posiblemente permite, es poder decidir con determinado criterio, aun cuando éste no sea bondadoso y, por tanto, carezca de belleza. Esa decisión pues, ha de tender hacía el bien y la solidaridad entre los hombres, procurando evitar que alguien con sus ideas y negocios provoque odios y enfrentamientos: rememoremos a quienes, con sus obras o  palabras (como con las que he dado comienzo al presente escrito) nos lo hicieron saber.

sábado, 10 de junio de 2017

RECORTES DE PRENSA: Programa de izquierdas

El programa del Partido Laborista sirve de modelo para los maltrechos partidos de izquierdas de todo el mundo
El documento, presentado este martes, ofrece una respuesta no solo al modelo roto de Reino Unido, sino a la crisis global de la socialdemocracia
16/05/2017
Se busca: una visión convincente para un partido de centroizquierda. Tiene que estar dispuesto a invertir en la economía, modernizar los servicios básicos, hacer que las clases acomodadas paguen más impuestos. El wifi gratuito en los ferrocarriles sería un plus. ¡Que alguien responda a este anuncio! 
El programa laborista que se ha presentado este martes hace propuestas moderadas y de sentido común para abordar algunos de los grandes problemas que frenan a uno de los países más ricos del mundo. Asombrosamente, intenta buscar soluciones a la crisis de identidad y de visión que afecta a la socialdemocracia no solo del Reino Unido sino de Occidente en general.
El programa esboza respuestas para el modelo de socialdemocracia del Reino Unido; un modelo roto. El modelo actual ha quebrado: no solo es injusto sino que además es irracional. Una minoría acapara la riqueza. El año pasado, la fortuna de las mil personas más ricas del Reino Unido aumentó un 14%. En cambio, los recortes salariales de la generación actual no tienen precedentes en las últimas décadas.
El modelo actual no ha sido capaz de proponer soluciones para la crisis de la vivienda. Priva a muchas comunidades de un trabajo cualificado, seguro y con un salario digno. Causa pobreza a la clase trabajadora, que se gana la pobreza con el sudor de su frente. Permite que las multinacionales paguen pocos impuestos, o simplemente no los paguen mientras que los pequeños empresarios luchan por salir a flote.
Con el modelo actual, la joya nacional del Reino Unido, la sanidad pública, queda reducido a un estado "de crisis humanitaria", siguiendo la expresión utilizada por la Cruz Roja británica. Los más jóvenes están atrapados por la deuda. Los servicios públicos se convierten en la gallina de los huevos de oro de unos aprovechados que solo quieren obtener beneficios a corto plazo y no les importan las necesidades de los consumidores. Podría seguir. Como decía, estamos hablando de uno de los países más ricos del mundo. No es la falta de recursos lo que impide que el Reino Unido solucione sus problemas; es la falta de voluntad política.
El programa se compromete a no subir los impuestos al 95% de ciudadanos. Es justo si consideramos el recorte salarial sin precedentes auspiciado por el partido conservador. Por el contrario, el 5% de contribuyentes con mayores ingresos tendrá que pagar un poco más. Eso también es justo si tenemos en cuenta que les va mejor que nunca.
Aquellas compañías que paguen salarios que sean 25 veces más altos que el salario mínimo tendrán que pagar más impuestos. Si pagan salarios 20 veces por encima de los ingresos medios, un poco más. Las empresas pagarán más impuestos que ahora pero seguirá siendo menos de lo que pagarían en Estados Unidos. Como indica la política laborista Rachel Reeves, con un impuesto "Robin Hood" a las transacciones financieras se recaudaría más dinero y se conseguiría reducir la toma de decisiones arriesgadas que ponen en peligro la economía. También se recaudaría más dinero si se luchara contra la evasión fiscal desde todos los frentes.
Los miles de millones que se recauden se pueden invertir en educación, con el objetivo de que la siguiente generación pueda explotar todo su potencial. También se puede modernizar el sistema de salud pública para que dé respuesta a las necesidades de una población que está envejeciendo. Asimismo, se puede mejorar la precaria infraestructura del país y construir las viviendas que los británicos necesitan. Una red de guarderías públicas reducirá la presión de muchas familias que tienen que tienen que tomar decisiones muy difíciles sobre cómo construir una familia y tener una carrera profesional. El  triple bloqueo de las pensiones protegerá a los jubilados más pobres que construyeron el país con su esfuerzo.
No, con esto nadie está diciendo que la situación del Partido Laborista no sea muy complicada. Sin embargo, si dejamos de lado el debate en torno al liderazgo del partido, que puede esperar hasta las próximas elecciones, nos percataremos de que prácticamente todos los partidos socialdemócratas de Europa atraviesan una crisis parecida y que prácticamente ninguno de estos países tiene un gobierno de izquierdas. De Grecia a Francia, de España a Holanda, los partidos socialdemócratas, que carecen de una estrategia en torno a la globalización y la crisis económica, han perdido un alarmante número de votantes o, simplemente, se han desmoronado.
Los socialdemócratas del Reino Unido ganaron muchos votos tras un cambio de liderazgo, pero ya los han perdido. Ahora, sus corazones palpitan cuando ven los resultados que ha obtenido Emmanuel Macron en Francia. Obviemos el hecho de que Macron no es un socialdemócrata, sino un liberal que acaba de nombrar a un primer ministro conservador, Édouard Philippe. Lo cierto es que para seguir los pasos de Francia deberíamos instaurar un sistema presidencial que contemplara dos vueltas electorales, conseguir un 24% en la primera vuelta y plantarle cara a un rival fascista y conseguir una victoria clara.
La socialdemocracia está en crisis. El Partido Laborista tiene muchos frentes abiertos y con este programa quiere abordarlos. Y sí, a pesar de que el Partido Laborista parece haber repuntado en las encuestas, los conservadores aún le llevan mucha ventaja. Si comparamos los resultados actuales con los obtenidos en las elecciones generales celebradas hace dos años, los laboristas parecen haber ganado votos de electores que tienen menos de 50 años.
Sin embargo, si los conservadores consiguen los votos previstos será porque Theresa May sigue contando con el apoyo abrumador de la inmensa mayoría de votantes de más edad. Salvo que los laboristas consigan movilizar a más votantes jóvenes y, al mismo tiempo, consigan el apoyo de los votantes de más edad, la derrota será aplastante. A pesar de todo lo que pueda pasar, se acaba de presentar una propuesta de cómo un partido de centroizquierda debería abordar los retos que afronta un país rico marcado por la crisis. Y eso era una asignatura pendiente desde hacía mucho tiempo.

Traducido por Emma Reverter

sábado, 3 de junio de 2017

RECORTES DE PRENSA: El hambre

El mundo produce lo suficiente para alimentar a toda la población mundial de 7 mil millones de personas. Sin embargo, uno de cada ocho personas en el planeta va a la cama con hambre cada noche. En algunos países, uno de cada tres niños está bajo de peso. ¿Por qué existe el hambre?
Hay muchas razones por las cuales existe el hambre en el mundo y a menudo están interconectadas. Aquí hay 6 que creemos que son importantes.
La  trampa de la pobreza
La gente que vive en situación de pobreza generalmente no puede costearse comida nutritiva para ellos ni sus familias. Esta situación los vuelve más débiles y menos capaces de ganar el dinero que los hubiese ayudado a escapar de la pobreza y el hambre. Esto no es solo un problema del día a día: cuando los niños sufren de desnutrición crónica, esto puede afectar sus futuros ingresos, condenandolos a una vida de pobreza y hambre.
En países en vías de desarrollo, normalmente los agricultores no pueden costear las semillas, lo cual trae como consecuencia el no poder plantar los sembradíos que hubiesen provisto a sus familias de alimento. En algunos casos, ellos deben cultivar sin las herramientas ni fertilizantes necesarios. Otros no cuentan con tierra, agua o educación. En resumen, los pobres sufren de hambre y, al mismo tiempo, el hambre es lo que los mantiene en la pobreza.
Falta de inversión agrícola
Muchos países en vías de desarrollo carecen de una buena infraestructura agrícola, como lo son un buen sistema vial, silos e irrigación. Esto trae como resultado un alto precio en el transporte, falta de instalaciones de almacenamiento y suministro de agua intermitente. Todo esto conspira en contra de las cosechas y el acceso al alimento.
Las inversiones en administración de tierras, uso eficiente del agua y el uso de semillas resistentes traen consigo grandes mejoras.
Investigaciones realizadas por la
 Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) demuestran que la inversión en agricultura es cinco veces más efectiva en la lucha contra el hambre y la pobreza que la inversión en cualquier otro sector.
Clima y tiempo         
Los desastres naturales como inundaciones, tormentas tropicales y largos periodos de sequía están aumentando, lo cual trae consecuencias devastadoras para la gente de bajos recursos que vive en países en vías de desarrollo.
Las sequías son la causa más común de escasez de alimentos en el mundo. En 2011, una sequía recurrente causó grandes pérdidas en el sector agropecuario en Etiopía, Somalia y Kenia. En 2012 hubo una situación similar en la región del Sahel en el África occidental.
En muchos países, el
 cambio climático ya está causando condiciones adversas. Cada vez más tierras fértiles sufren de erosión, salinización y desertificación. La deforestación a manos de los humanos causa una erosión acelerada lo cual dificulta la cosecha de alimentos
Guerras y desplazamientos
Alrededor del mundo, los conflictos armados interrumpen de manera constante la cosecha y producción de alimentos. Este tipo de conflictos también fuerza a millones de personas a huir de sus hogares, dando como resultado severas crisis en la seguridad alimentaria de las personas que, una vez que se desplazan, se encuentran sin los medios para poder mantenerse a sí mismas. El conflicto en Siria es un perfecto ejemplo.
En la guerra, a veces los alimentos se convierten en armas. Los combatientes obligan a sus adversarios a rendirse por medio del hambre, tomando los alimentos y el ganado y destruyendo sistemáticamente los mercados locales. Los campos, usualmente, minados y los pozos de agua contaminados, obligan a los agricultores a abandonar sus tierras.
El conflicto creciente en Somalia y la República Democrática del Congo ha contribuido significativamente al alto nivel de hambre en esos dos países. En comparación, el hambre se está reduciendo en las partes más pacíficas del continente africano como Ghana y Ruanda.
Mercados inestables
En años recientes, el precio de los alimentos ha sufrido una gran inestabilidad. Los precios suben y bajan como una montaña rusa, lo cual dificulta el acceso consistente a alimentos nutritivos para la gente de bajos recursos. Éstos necesitan acceso adecuado a alimentos todo el año y estas alzas en los precios ponen los alimentos fuera de su alcance, trayendo consecuencias permanentes a niños pequeños. Cuando los precios suben, los consumidores tienden a cambiar a alimentos más baratos y menos nutritivos, dando como resultado deficiencias de micronutrientes y otras formas de desnutrición.
Desperdicio de alimentos
Un tercio de todos los alimentos producidos (1.3 mil millones de toneladas) nunca es consumido. Este desperdicio de alimentos representa una oportunidad perdida en la lucha por mejorar la seguridad alimentaria global, en un mundo donde una de cada ocho personas sufre de hambre.
Producir estos alimentos también utiliza preciados recursos naturales necesarios para alimentar al planeta. Cada año, los alimentos que son producidos, pero que no son consumidos aglutinan un volumen de agua equivalente al flujo de agua del rio Volga, en Rusia. Producir estos alimentos también libera un aproximado de 3.3 mil millones de toneladas de gases de invernadero.
Un curso dedicado a la Generación Hambre Cero
Por Enrique Yeves, Director de Comunicación Corporativa de FAO
El número de personas hambrientas en el mundo se ha reducido a algo menos de 800 millones, lo que supone una de cada nueve personas, según datos de la última edición del informe anual sobre el hambre de la FAO. Es una cifra inaceptable y el objetivo debe ser su erradicación total y definitiva.
En FAO sabemos que erradicar el hambre no sólo es posible sino que también es un imperativo moral y parte del compromiso ineludible que la comunidad internacional ha adoptado con la Agenda 2030 de desarrollo sostenible.
Es, además, una tarea en la que debemos involucrar a toda la sociedad, incluido el sector académico. Por eso en junio de 2016 organizamos, junto a la Universidad Complutense de Madrid, el curso “Hambre Cero: es posible”. No nos costó mucho elegir el nombre, ya que esa es la única afirmación que consideramos válida.
Durante una semana un grupo de jóvenes profundizó, de la mano de expertos internacionales, en las cuestiones que plantea este enorme desafío, uno de los más loables a los que puede aspirar la humanidad. Empezamos por algo tan básico como su definición: según la FAO, una persona pasa hambre cuando no obtiene la ingesta de energía alimentaria suficiente para mantener una vida saludable y activa.
A medida que avanzamos, todos mostraron gran interés en temas tan distintos como la pobreza como causa fundamental del hambre, la producción sostenible, la biodiversidad, el acceso a los alimentos, la nutrición, el cambio climático, la disponibilidad de agua, la calidad de los suelos o el problema de las pérdidas y desperdicio de alimentos
Personalmente, fue una satisfacción ver su compromiso ya su generación está llamada a ser la generación Hambre Cero, la que acabe con esta lacra inadmisible y que lastra el desarrollo de nuestro planeta.
El derecho humano a la alimentación adecuada, que es inalienable de todos los ciudadanos y cuyas condiciones para lograrlo deben ser garantizadas por el estado, nos ofrece una visión para un pacto social que impulse políticas de desarrollo inclusivas y sostenibles.
Y una de las formas más eficaces para lograrlo es, como reiteró el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, en una ponencia en la que compartió su experiencia en su propio país, Brasil, una combinación relativamente sencilla: más políticas centradas en la protección social para ayudar a los más necesitados a salir de la pobreza y más inversiones en tecnología y actividades productivas dirigidas a los más pobres.
"Recorrimos 90.000 km durante 10 meses", rememoró Graziano da Silva al explicar uno de los programas más exitosos en la lucha contra el hambre. “Pero para lograr el desafío Hambre Cero - añadió en su conversación con los jóvenes- los gobiernos deben reconocer el problema del hambre como prioritario, crear marcos institucionales para combatirlo y programas específicos para poder hacerlo”.
Para ilustrar la importancia de ese compromiso político, en el curso contamos también con la participación de Guadalupe Valdés, del Frente Parlamentario contra el Hambre de América Latina y el Caribe, que habló del caso de América Latina, la región que más avances ha logrado en la lucha contra el hambre.
Como recordó el jefe del equipo del derecho a la alimentación de la FAO en presencia de Su Majestad la Reina Letizia de España –Embajadora Especial de la FAO para Nutrición-, el hambre y la malnutrición son problemas de naturaleza política. Por si solas, las soluciones técnicas no bastan para acabar con las desigualdades que mantienen a una parte importante de la población mundial en situación de inseguridad alimentaria o sufriendo la malnutrición.
Teniendo en cuenta las múltiples dimensiones del problema del hambre, en el curso también se habló sobre la forma en que lo contamos. Para ello contamos con Juan Luis Cebrián, Presidente Ejecutivo del grupo PRISA y El País –diario con el que la FAO firmó recientemente un acuerdo para mejorar la información sobre cuestiones relacionadas sobre el hambre, la agricultura y la alimentación, que habló sobre el papel de los medios de comunicación como motor de cambio.
En ese mismo sentido, el periodista y escritor Martín Caparrós, autor del libro Hambre, insistía en que la inseguridad alimentaria "no es un problema de pobreza, sino de riqueza" y de la injusta distribución de la misma.
Como entidades cercanas a las realidades sociales y catalizadoras de la participación ciudadana, las ciudades desempeñan un papel clave en la erradicación del hambre y en la mejora de la nutrición, como explicó Joan Ribó, el alcalde de Valencia, una de las ciudades españolas con mayor tradición de agricultura urbana y periurbana.
Siguiendo con nuestra intención de destacar el papel de la sociedad civil, en el curso también celebramos una mesa redonda con algunas de las ONG con más experiencia del país: Prosalus, Manos Unidas o Cáritas Española, que coincidieron en la necesidad de colocar en un lugar prioritario la lucha contra el hambre.
Visto el entusiasmo que despertaron las distintas ponencias y el interés continuado de los alumnos, estoy seguro de que contamos con todos los participantes y con todos ellos para lograr el hambre cero, que es posible.

Al día mueren 159.000 personas un 16% de ellas de hambre = 24000

Niños al día por hambre unos 8500 por otras causas evitables 19000

lunes, 29 de mayo de 2017

TIEMPOS DIFÍCILES

Corren tiempos difíciles. No hay otros. Tiempos como siempre lo han sido para los hombres necesitados de tener que ganarse la vida. En cada época, sin duda,  han existido denuncias, de una u otra forma, con idénticos agentes y conductas, para  tomar otro rumbo. Aquellas voces son las mismas que las de hoy clamando por una vida más justa, más equilibrada y menos belicosa. Actualmente, la Tierra está más poblada, sofisticada y compleja que jamás lo haya sido. También, es cierto, que los avances, medios y tecnologías posibilitan desarrollar urdimbres nunca conseguidos; si bien, el ser vivo continúa indefenso y ajustado al espacio-tiempo en el que se desenvuelve y le toca vivir, toda vez que sus sentimientos, miedos y placeres, hábitos y costumbres se mantienen estables. Por tanto, es fácil deducir que los hombres son lo que hacen (siempre cosas similares) por mucho que infinidad de circunstancias les sean cambiantes y varíen sus modos de realizarlos.

Llegado a este punto y considerando que los humanos son eslabones (uno más) en la cadena trófica, se debe tender a que  los hombres, individual y colectivamente, gocen del mayor bienestar posible, evitando las diferencias económicas abismales entre ellos y trazando las bases precisas para llevarlas a cabo, hasta que un ente superior aterrice o su propia transformación los aniquile o transforme

Piénsese, que cuando el hombre ocupe el segundo  escalón en la cúspide, dependerá de las decisiones que tome el primero quedando supeditado a ese espacio-tiempo sin posibilidad de alterar su función o actividad, al igual que otras vidas: hormigas, termitas, abejas, delfines, elefantes…, tabulados por intereses humanos.

Todos los que profesan en su medio una ardorosa rivalidad por ganar manteniendo sus intereses a capa y a espada, cueste lo que cueste, olvidando a sus congéneres y a la Naturaleza que los acoge y de la que dependen, son unos golfos. Una afirmación que, tal vez, evoque la excepción que confirma la regla de unos políticos mangantes, chorizos y caraduras. De unos altos cargos y dirigentes empresariales convencidos que ellos son el motor de la economía arriesgando sus bienes cuando, en realidad, son unos tramposos caminando al filo de una ley que transgreden a cada instante. De unos mandatarios religiosos que hacen a pelo y a pluma a fin de lograr sus objetivos ocultos. De muchos otros hombres de profesiones muy diversas insolidarios y acaparadores de enormes rentas que ni en mil vidas serían capaces de gastar.

Presentarse ante un futuro incierto e inseguro manifestando que no hay político honrado, ni cura sano, ni empresario generoso, ni gente con empatía no es cierto ni justo, pero si un pronto que debería servir de revulsivo para ser pensado. Ponerse en contra del mundo, tal vez, no sea lo más apropiado, pero hay que defender a los que vociferan, discuten e, incluso sin llegar a las manos, se sienten discriminados. En la política ya se sabe: hipocresía, mentiras, inutilidades de prestidigitadores que negocian diciendo lo que la gente quiere oír en espera de su voto. Religiosos machistas, mujeriegos, maricas, pederastas, vendedores de mercancías increíbles y gratuitas (que mejor no cuestionar) pretendiendo vivir de la mejor manera posible. Empresarios desvergonzados, tiranos, engreídos, malvados capaces de hacer cualquier cosa por ganar dinero y alzarse por encima de los demás como salvadores de sus culos.


No hay como hacerse el pasota, el ignorante (si es que no lo eres) y reírse de sí mismo. Tartamudear, causar agobio y ser más hilarante Machacar a los vehementes que no reconocen que hay un montón de verdades entre la que está la suya. No obstante, no se ha de renunciar a ser uno mismo, no sea que a la farsa se acostumbre y en tonto de baba se convierta.