sábado, 20 de mayo de 2017

OBJETIVO: MANTENER LA DEMOCRACIA

El mantenimiento de la democracia, sustentado en la libertad y el respeto, es la vía correcta para lograr el objetivo de paz, progreso y bienestar. Hasta nuestros días la humanidad avanzó, multiplicando su número de habitantes y la calidad de sus vidas, pese a los múltiples avatares que los tiempos, de una u otra forma, resolvieron merced al genio y al esfuerzo. No podemos de un plumazo silenciar épocas pasadas, que puedan servirnos de referencia, y partir de cero. Aún suenan millones de pasos con proclamas de Libertad, Igualdad, Fraternidad. Voces contra la tiranía, la burguesía, el absolutismo, el abuso empresarial. Recuerdos de revoluciones, regímenes y formas de Estado diferentes. Nadie olvida la Ilustración, la Nobleza, la Iglesia, las Crisis, las Declaraciones de los derechos del hombre o la infinidad de Guerras que no acaban por mucho que se implore para que la Paz prevalezca y los males del hambre y la enfermedad se exterminen. Hoy no es posible, dada su complejidad, homogeneizar en el conjunto del nuestro planeta la idea manifestada en el primer párrafo del presente escrito. No obstante, la suma de las partes, de los diferentes pueblos de la Tierra, caminando en esa dirección, hará que los humanos vivamos en paz, libremente, sin penalidades y en comunión perfecta con la Naturaleza.

Deseo tan fuerte, como el expresado, es tanto una ilusión como una teoría (que no deja de ser una previsión) sin un plazo concreto que pueda determinarse.

¿Qué bases hay para establecer tal afirmación?:

Una.- Nuestro pasado, sin duda, del que hemos hecho alusión.

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que nunca como ahora, hemos vivido tan bien, por mucho que se diga que todo tiempo pasado fue mejor.

Dos.- La independencia del Legislativo, el Judicial y el Ejecutivo habrá de ser una realidad.

Éstos deberán regular los poderes políticos, económicos, sociales y otros (sindicatos y partidos, asociaciones y empresas, religiones y medios de comunicación…) de acuerdo con la gente del pueblo, llevando a cabo  medidas como las dadas a conocer en la novela ESCAPE de Sebastián Lorca y en el compendio titulado 5 Fórmulas para el bienestar de España de Reynaldo Tendero, tendentes a conjugar Honorabilidad, Transparencia y Rentabilidad. Además, llegará la época en la que se alcancen la desaparición de las Fuerzas armadas (los ejércitos) de todos los países.

Tres.- Aplicando gratuitamente las nuevas tecnologías.

Harán posible que las energías limpias y renovables (sol, viento, agua, ondas…), la educación y sanidad sean universales, utilizables por los ciudadanos sin coste alguno, una vez amortizadas las infraestructuras que las domeñan. Se premiará el esfuerzo más que el dinero.  


Otras direcciones nos llevarán al mismo punto. Pero, ni todo privado, ni todo público. Ni autónomos ni obreros. Aboguemos por lo correcto en cada momento y por cada cuestión. No tengamos miedo en elegir un camino trasversal, sea del color que sea, sin perder de vista el objetivo principal del hombre: la paz, el progreso  y el bienestar. 

Las previsiones nunca se cumplen, pese a ello, no dejemos de hacerlas: sería una irresponsabilidad. Economistas, agencias de calificación, organismo encargados… son parásitos necesarios que espolean a fieles creyentes del porvenir y la estadística.  

sábado, 13 de mayo de 2017

CORRUPTO DE NACIMIENTO


Hace años, cuando pasé una larga temporada en Louborouhg (Inglaterra), me explicaba un joven andaluz que allá conocí (con él paseaba a menudo), que era corrupto de nacimiento por la domesticación recibida en su infancia, igual que muchos españoles nacidos en la dictadura. 

“Acudía a clase en la Universidad a diario –comentaba- cada tarde de lunes a viernes, y aparcaba en el puerto gratuitamente, a unos diez minutos andando desde allí. En otros lugares de la ciudad también había “voluntarios aparca coches” en busca de una propina. Un día, éstos aparecieron  con chapas identificativas prendidas en su camisa de una Entidad benéfica, de la que no recuerdo su nombre, exigiendo un euro por estacionar. Entregaban una hojita de un talonario como justificante numerado con membrete de dicha organización. Pues bien, averigüé que tal asociación no existía y la decisión  era una maniobra personal de un concejal del que, las malas lenguas, decían: “se está forrando”. Así que comencé corrompiendo a los “vigilantes” desdeñando el justificante con el que los controlaban y dejándoles la propina, por lo general, menor al euro requerido y que a ellos, como a mí, nos beneficiaba”.

-          ¡Hombre! –dije a mi acompañante- eso no es corrupción, sino una pillería. –Mientras, a mi caletre acudían las picardías de El Lazarillo de Tormes. Los premios dados a los niños por esgrimir su responsabilidad, no reconociendo su culpa. Los ejemplos de los mayores y de las Autoridades. La protección al ladino en lugar de al justo y bondadoso.

“Lo cierto es -continuó el joven- que no sé si tal maniobra se generalizó o no, pero a alguien se le ocurrió cambiar los “gorrillas” por barreras y maquinas. Así que, ese alguien,  de acuerdo con el responsable público, se adueño de esos lugares y descampados para explotarlos. ¿Hubo dinero por medio? ¿Se amañó una oferta pública de cesión? ¿Ambos se beneficiaron?”

Sin contestarle, pensé: No hay ley por la cual los fiscales puedan investigar los signos externos de las personas o de dónde salen sus fortunas. Como tampoco la hay, para que el ladrón, además de su castigo, devuelva lo robado. Me reafirmé que delinquir resulta barato.

“No pasó mucho tiempo para que aquellos terrenos se revalorizaran sobremanera. Entonces, la codicia que mueve la corrupción, subió un peldaño más. Emergieron viviendas privadas, polideportivos, auditorios y otras obras dando al destino de unos pocos su oportunidad de enriquecerse”.  Yo me dije: ¿Quién asiste a los plenos municipales? ¿Qué transparencia los preside? ¿Qué órgano los controla? ¿Quiénes de su aprovechamiento responden?

“Poseemos por historia y tradición –prosiguió- aceptar las cosas porqué sí. Nos enseñaron a no rebelarnos contra la voluntad divina (“será lo que Dios quiera”), contra la autoridad (“donde hay patrón no manda marinero”) e, incluso, contra la mala suerte. Esa es mi desgracia de nacimiento”. 

Su lamento me hizo cavilar que caemos en la tentación del dicho “piensa mal y aceptarás” y no siempre es así. Y que no estamos preparados para  cuestionar o denunciar posibles malversaciones de los intereses públicos,  ya que nos han imbuido que lo público no funciona, facilitándonos una educación deficiente que los mandamases pretenden preservar.

“¿Cómo no sentirme corrupto con una trayectoria cultural que no quiere atajar una de las principales lacras que hemos padecido, desde siempre, en nuestra España?” Posiblemente,  –interioricé- se halle en los genes acomodados de la individualidad y del sálvese quien pueda que nos caracterizan, deseando que los capullos brotados en la democracia no se marchiten.

sábado, 6 de mayo de 2017

DESCOFIAD

No cabe la menor duda.  Estamos viviendo  tiempos alucinantes. Entre otras razones, porque no tenemos otros, ignoramos los que están por llegar, y los pretéritos transitaron con excesiva parsimonia, sin pruebas contundentes de que fueran ciertos. Hoy la velocidad e inmediatez en la comunicación de los hechos, los comentarios y noticias se arruinan en un plis plas, sin apenas haberlos digerido. Lo triste, lo peor e, igual que ayer, sin ser comprobados. En infinidad de casos, cuando se detecta la realidad, la verdadera versión, ya es pasado y el objetivo de la falacia lanzada por el mentiroso se ha cumplido e, incluso, para la posteridad.

¡Tanto se repiten las cosas que, de tanto oírlas, se consideran ciertas!

¿De qué instrumentos disponemos las personas de a pie para dar o no verosimilitud a un acaecido que acabamos de leer en letra impresa o de escuchar en algún medio? ¿Y qué decir de los montajes, engaños, manipulaciones, falsificaciones que pasan por auténticos?

No hace tanto, sectas sin escrúpulos adoctrinaban a gente joven negando abiertamente, por ejemplo, el holocausto judío. Argumentaban con pruebas adulteradas que jamás existió, tratando de ensalzar el nazismo que practicaban. Otras, de signos opuestos, restaban importancia a los crímenes estalinistas sucedidos a fin de no empañar la fe en la dictadura del proletariado. Holocausto. Dictadura. Palabras de significados detestables. En parecidos términos actúan partidos, religiones, empresas… mediante misivas, prédicas, anuncios... con sus trolas tendenciosas en pro de sus intereses. Añadamos a éstos  el manejo de los medios digitales por parte de sus partidarios que corroboran, retuitean, copian y pegan, modifican e, incluso, inventan de buena fe la noticia aparecida (sin fechar ni dudar) produciendo un efecto multiplicador imparable que, en la mayoría de los casos, se convierte en verdadera.

¿Cómo distinguir el trigo de la paja? ¿No hay control imparcial que pueda, lo antes posible, confirmar o desmentir lo sucedido? ¿Algún color, alguna clave, algún signo que nos lo diga? No basta la intuición para detectarlo. Habremos de tenerla en cuenta, sin embargo.

Los mensaje que más impactan (y de eso los que más saben son los publicitas y profesionales de la conducta humana) son aquéllos que agitan emociones de dolor y placer estimulando sentimientos arraigados (miedo y satisfacción, odio y compasión, venganza y aceptación), sin que seamos capaces de remontarnos a sus orígenes y causas.

Por cuanto antecede, salvo mejor criterio, deberíamos abstenernos de dar pábulo a lo que no estamos ni seguros ni convencidos de que sea fidedigno, pese a que posea un atractivo poderoso. Desconfiemos. Cuestionemos el mensaje. A lo sumo, démoslo a conocer con toda reserva. 

Los malos viven de los ingenuos como el capital de los pobres o los corruptos de sus inductores. Y de demostrase el embuste, pregonarlo a los cuatro vientos remarcando su falsedad, asignando un color rojo de flagrante peligro.  

Debemos atajar y poner fin a males tan perversos, producto de intereses espurios (la gran mayoría económicos), con la indiferencia o no mostrando su contenido. Si perseveran, revelemos expresando: Ojo: falacia. Que sus autores se incluyan en una lista de Bandidos para, en su caso, darlos a conocer como se hizo con los vomitados en los Papales de Panamá.


Combatir tales prácticas dará sus frutos como los dieron la lucha contra la esclavitud y la pena de muerte. Se irán equiparando derechos y la impiedad o el infierno dejarán de aterrar.  

sábado, 29 de abril de 2017

DEBATIR

En España han pasado casi ochenta años desde que finalizó la peor de sus guerras (incívica, salvaje, cruenta… entre hermanos, por destruir un sistema) y todavía las diferencias políticas e ideologías persisten acusadamente. Entonces, unos hicieron suyos, a través de una brutal dictadura, los emblemas y significados nacionales de todos, enterraron a sus muertos con dignidad y se olvidaron que, los del otro bando, también eran españoles. Muerto el dictador sucedió una ejemplar Transición hacia la democracia sin revolución alguna, bajo la atenta mirada de un ejército y las poderosas e influyentes fuerzas vivas del bando vencedor. Una Transición igualmente engañosa y endeble que a punto estuvo de estallar con otro Golpe de Estado cuando cierto sector minoritario de la población pensó que la política se desviaba del Espíritu nacional impuesto por su caudillo. No hubo renovación de cargos y los altos mandos siguieron en sus puestos, sustituyendo al dictador por el Rey, entronizado e inmune como aquél lo fue bajo palio en tribunas y altares. Tampoco ha existido tiempo ni fondos para deshacer la historia que nos contaron (escrita por el bando franquista), ni para que los hijos de los vencidos hallaran a sus padres muertos, ni para que himnos, banderas y otros símbolos utilizados en la contienda desaparecieran. Hoy quedamos los viejos que, afortunadamente, no participamos en aquella maldita guerra, pero que, indirectamente, sufrimos parte de sus consecuencias. Y vemos, todavía, como parecen existir censores que dicen lo que atenta a la moral o al Espíritu nacional que muchos reclaman. Y nos llama la atención comprobar que la ley condena en proporción, menos severamente, a corruptos y ladrones, que a  quienes escriben necedades e improperios en internet (facebooc, twiter…), a los acusados e ignotos de convertir el arte sacro en apócrifo o  a unos titiriteros de haber ensalzado el terrorismo. Ya va siendo hora de revisar la democracia para que no se vean heridas donde no las hay; que dejemos de tener miedo por escribir o hablar ya que ni las letras ni las voces matan; que se prescinda de censores o comisarios políticos de otro tiempo ya que, únicamente, son defensores de su criterio y no de un pueblo que desea honradamente vivir en paz.


Cuando el terrorismo atentó en Francia por unas viñetas irónicas contra Mahoma, todos clamamos en contra del salvaje atentado por tan irrisoria cuestión; sin embargo, hoy en España (un reino/estado aconfesional) se imponen los sentimientos religiosos por hechos de similar guisa. Posiblemente, existan varas de medir distintas. Es más, hay grupos de  WhatsApp en los que muchos de sus componentes claman porque de política no se hable, temiendo enconar una discusión de consecuencias imprevisibles. Esto denota que hemos avanzado bien poco en civismo y respeto a las distintas ideas. No hemos aprendido a realizar un sosegado debate y somos incapaces de ponernos en lugar del otro. Esto me recuerda mi niñez cuando las familias silenciaban cualquier cuestión social, política, religiosa y nos educaban para que fuéramos apolíticos como si tal cosa fuera posible. Parece mentira que hoy vuelvan aquellos mensajes o, ¿es que, tal vez, nunca se fueron? Mi idea es que se ha de hablar libre y respetuosamente de todo, sin calificar ni prejuzgar, sin que nadie tenga que avergonzarse de pensar de una u otra manera. No se puede castigar el pensamiento, ni a la intención. Hemos de forjar un nuevo criterio de domesticación en el que todas las ideas quepan. La base para lograrlo, está en los mensajes que se emiten, en la educación que se practica, en el respeto necesario para no ser fundamentalista. Debemos prescindir del “ojo por ojo". Pararnos y pensar. Debatir cómo hacer las cosas mejor. Argumentar y reconocer la evidencia. No tomarnos la vida como una competición por llegar el primero o por saber más que el otro. Consiste en ponerse de acuerdo en las cosas importantes la mayor parte de las veces debatiendo con respeto.

miércoles, 19 de abril de 2017

SEMBRANDO EL ODIO

El mayor desastre entre los hombres es la guerra. Una guerra  que perdurará por mucho que los modos, los materiales, los sistemas cambien. Por mucho que se hable del desarme, de evitar el armamento nuclear o se elogie la paz. Por muy poderosos que sean los pueblos, los resultados, entre los contendientes, siempre serán los mismos: destrucción, calamidades y muertes. Una absoluta aniquilación humana daría lugar a un absoluto silencio.
Reflexiónese, que hoy y siempre, el detonante de la guerra es el interés económico, fiel servidor de la desigualdad social que, a su vez, crea indignación e incultura.
 Actualmente, en los lugares con cierto bienestar, la guerra tradicional o de guerrillas hiberna o se ha detenido, pero el terrorismo campa, justificado por creencias febriles y fanatismos absurdos, merced a las diferencias sociales. El terrorismo pues, es la guerra moderna que, incluso, con escasos medios, extiende el pánico por doquier y desestabiliza la convivencia.
La Europa comunitaria, el modelo a seguir desde después de la segunda guerra mundial, se desmorona si no se ha desmoronado ya. La razón principal es  atribuible a la pobreza  e indignación de la gente, sabedoras que sus gobernantes las originan y las propician, si bien, puede remediarse todavía tomando medidas acertadas. De estas, machaconamente, venimos hablando en este blog, a fin de acortar las distancias sociales y culturales. Sin embargo, la más urgente consiste en que Europa, a través de sus dirigentes, deje de sembrar odio.
El odio es un germen peligrosísimo. Se instala en las personas (hombres, mujeres, niños) que son repudiadas. Entre los que huyen de la guerra (ajena a ellos) presas del pánico y la muerte. Y no es para menos. Cada minuto que pasa sus heridas se hacen más profundas. Necesitan cobijo y medios para, dignamente, salir adelante. Y Europa no se los proporciona. Al contrario, los desprecia, los rehúye, les da la espalda.
Ese odio es simiente de terror que el tiempo convertirá, a quién lo pruebe, en terrorista. Rechazar, abandonar a millones de seres humanos a su suerte, es el caldo de cultivo para crear resentimiento que lleve a los hombres a la radicalidad o al  fanatismo. Nada tienen que perder. Nada que agradecer. Europa les cierra las puertas.
En España hay campos baldíos, pueblos deshabitados que se puede repoblar y hacerlos grandes, tal vez, como en otra época lo fueron. En muchas partes de Europa también los habrá. ¿Qué odio sentiríamos nosotros si, como ellos, nos viéramos rechazados? ¿Qué enseñanza daríamos a nuestros hijos: la del perdón o la del desprecio? ¿Cuál de las dos aprenderían obligados a pasar calamidades por evitar una muerte segura? ¿Incorporarán la venganza a sus usos para compensarse en el futuro, a través del terrorismo? ¡Es lamentable que dirigentes europeos siembren perniciosos gérmenes alegando beneficiar a su población con razones injustas y sin caridad! Parecen no entender que con su decisión insolidaria, cruel y corta de miras,  ponen en peligro el devenir de la gente europea a su cargo. Ni siquiera se han replanteado dónde, cómo, de qué forma incorporarlos en nuestras vidas. Reconózcanlo.  Reconozcan su culpa y varíen el rumbo tomado. No hacerlo será una torpeza de imprevisibles consecuencias de las que no lograremos salir indemnes por la indignación que causan. Prefiero equivocarme, pero…, de no rectificar a tiempo, un devenir  funesto nos aguarda.  

¡Europeos: evitemos el dolor de la gente inocente que nos necesita y nos pide ayuda! 

lunes, 27 de marzo de 2017

DEFENDAMOS A LA GENTE

“Tenemos que lograr unir el mundo para salvar la Tierra que no pertenece a nadie sino al viento. Nuestra tierra en la que viven pobres, demasiados pobres, y ricos, demasiados ricos”.

Copié está frase de Zapatero (grandilocuente objetivo final que nos recuerda el principio y final de los tiempos) para decirme a mí mismo que he de luchar contra las condiciones de la gente necesitada de las religiones entre los que se encuentran los “pobres, demasiados pobres, y ricos, demasiados ricos”.              

Un lamento, sin duda, que los mandamases de las religiones olvidan, apoderándose de las voluntades de las almas que en ellos confían, para adueñarse de la “la Tierra que no pertenece a nadie”. Así, se hacen “ricos, demasiados ricos”, en la oscuridad, sin hacer ruido.

Ya va siendo hora que sus jerarcas retrocedan en su afán de almacenar bienes y den un paso atrás devolviendo lo que a ellos no les corresponde. Que abran las puertas de esas mansiones y palacios, templos e iglesias para que los hombres que huyen de las guerras se refugien y su sufrimiento sea más llevadero.

Predicar, sí. Pero dando trigo también. Ninguna religión monoteísta ha hecho apenas nada para remediar a esos hombres  el hambre, el frío, su falta de cobijo: su desamparo. Unos hombres hechos a “imagen y semejanza de Dios”. De un Dios al que no le hacer falta tanta fortuna, ni tesoros, ni  negocios tan prósperos.

Una amortización más tendrá que darse en España para que las múltiples riquezas conseguidas con el sacrificio de la gente vuelva a la gente. La Iglesia no ha de estar del lado de los poderosos contradiciendo el  ejemplo de Jesús y el espíritu de su doctrina que no practica. Crearon miedo y la “Santa” Inquisición. Quemaron gente en la hoguera. Procuraron castigos y tormentos. Condenaron a su antojo o, simplemente, sentenciaron a muerte por afirmar que La Tierra gira alrededor del Sol.


Fariseos. Sepulcros blanqueados. Especuladores vivientes. Compren el aire que venden. Ese viento “dueño de la Tierra” con el que podrán elevarse, ya que no tienen comprado el cielo, ni él les pertenece.

lunes, 20 de marzo de 2017

PAREMOS EL MUNDO

Frente a mí tengo un globo terráqueo. Líneas perpendiculares y paralelas lo trocean. Una de ellas, el ecuador, lo divide en dos mitades bien diferenciadas. Lo giro un par de veces y nunca consigo que el azar lo sitúe en la misma posición. Me imagino la infinita variedad de formas y realidades de vida, climas y costumbres, políticas y religiones que en cada punto pueden existir. Me resisto a creer que el hombre no quiera saber que, procediendo del mismo origen, nuestras diferencias procedan de ese lugar donde crecimos. Ni peores ni mejores: diferentes. Comienzo a simplificar y asigno el apelativo “de derechas” a los habitantes de la parte norte de la esfera y, al contrario, “de izquierdas”  a los de la parte sur desde el paralelo 0º. Entiendo, que los polos son los menos habitados y más extremos de ambos hemisferios. Las tendencias hacia el centro los más numerosos y moderados  y, además, un sinfín de otros factores no citados nos hacen desiguales, en especial, las imaginarias líneas propias del cerebro que nos separan.

Un simple punto de un espacio minúsculo, insignificante, marca nuestras pluralidades; ni qué decir en un universo inconmensurable, indiscutible, imposible de conocer, donde habrá seres vivos con parecidos o irreconocibles modos a los nuestros. Todo esto, para confirmar que las ideas e iniciativas de cada uno de nosotros merecen el máximo respeto si con respeto se exteriorizan. Otra cuestión es  seguirlas o  practicarlas y, por supuesto, descartando aquéllas que abogan por la intolerancia, el crimen o el delito. No conozco a nadie que, en su sano juicio, clame por la guerra, desdeñe la libertad y renuncie a vivir en paz o a gozar de una salud envidiable. Por tanto, estimo que hemos de apostar por el respeto hacia el otro, que tiene un mismo origen, aunque piense y actúe diferente.


Últimamente, las sentencias de los tribunales de justicia en España no andan a gusto del respetable. Parecen dar alas a las personas de “guante blanco” para que continúen corriendo riesgos y delinquiendo, ya que su golfería les sale barata. Animan a un Gobierno que incumple lo que suscribe. A una Iglesia que mantiene pedófilos en sus filas. A unos políticos, independentistas, empresarios y clase dominante, que se saltan igualmente la ley y no pasa nada. Entonces, ¿de quién podemos fiarnos las personas de a pié? De nadie, no hay duda. A la gente de la calle nos atribuyen méritos que no tenemos y nos adulan para equivocarnos. Nos engañan y no nos respetan. Nos dividen haciéndonos creer que sólo la anarquía, la barbarie y el descontento, cuando se desatan, pueden con ellos. Pero no. El desconsuelo es la única arma de la que nos valemos.

Antes, pues, de lanzarnos a la tremenda aventura del descontrol, convendría darles un susto a nuestra clase dirigente quedándonos en casa. Sin ir a votar, ni asistir a sus actos, sin rezar en las Iglesias, ni ver la televisión, sin comprar la prensa ni intervenir en las redes sociales, al menos, durante una o dos semanas. Irán los cuatro de cada partido, los profesionales que se ganan la vida o los mendicantes que rezan para ganarse la sopa boba. Haremos que durante ese tiempo nuestro mundo se pare: nos desintoxicaremos y haremos sentir a algunos que sin ellos también se puede vivir. 

Una manifestación de fuerza pacifica que puede domeñarse y mostrarnos que la ley de oferta y demanda es manipulable. El mensaje será clamar por la separación de poderes, la justicia, por el respeto que nos merecemos, para que bajen al suelo los altivos jerarcas que viven alejados del pueblo (políticos, jueces, empresarios,  funcionarios…) pese a que gracias a él viven. Puede, que al principio sean unos días acordados de antemano. Un ensayo para una práctica que puede fomentarse, sencillamente, con más virulencia pacífica que una huelga general. Un periodo de silencios para cargar pilas, recuperar sinergias pérdidas y aclarar que el poder ésta en el pueblo.