domingo, 15 de octubre de 2017

LA CERTEZA, UNA FUERZA POSESIVA

Cada uno de nosotros, la mayoría de las veces, nos vemos reflejados en los demás creyendo que sienten, piensan o perciben como nosotros e, incluso, que actúan o actuarán como nosotros ante iguales circunstancias. Y no es así. Tal vez, por eso, el partido en el poder que nos gobierna supone que sus medidas son las que todos quieren o esperan. Y no es así.

Parece cierto, tal como dice el refranero español, que “el ladrón cree que todos son de su condición”, sin embargo, cuando los radicales, maximalistas u obsesivos del independentismo, nacionalismo, comunismo, capitalismo, etcétera comprueban que no es así, sólo ven en los que no piensan como ellos sus antípodas y enemigos. “O eres patriota o no lo eres”, se les oye decir. Pues no. Se puede ser más o menos patriota, más o menos nacionalista, estar más o menos identificado con una u otra idea o ser más o menos radical apropiándote cosas de uno u otro, aunque al unísono no se pueda sorber y soplar o, como el embarazo, sólo admita una alternativa; es decir, las cosas, las circunstancias, las personas físicas no son blancas o negras, zurdas o diestras, creyentes o no creyentes, amigos o enemigos. Hay infinidad de clases y matices diferentes en casi todo y, mientras esto no se tenga presente o los situados en el norte y en el sur, de ello, no se den cuenta, será muy difícil entenderse y ver clara la realidad.

¿Por qué los que estén situados en polos opuestos (o extremistas) han de considerárselo y, en menor medida, los más próximos al ecuador (o moderados)?

La adaptación es la causa fundamental de la continuidad de la vida; sin aquélla, resultaría imposible ésta. Por tanto, los más moderados pueden adecuarse de mejor manera a la supervivencia; cercanos a los trópicos suben o bajan, merced al clima que más los beneficie, sin que la extrema dureza de los polos se lo permita a los intransigentes.

Comprendo que es fácil decirlo y algo más difícil ejecutarlo, pero practicar la reflexión, el dialogo, la pausa, el silencio, pueden ayudar. Hay cuestiones, no obstante, con la que no valen las medias tintas ni los términos medios y con las que se ha de ser intolerante: el crimen, la violencia, el maltrato, la esclavitud, el sometimiento, el abuso de poder, la guerra y otras tantas cosas denigrantes que cada cual tendrá en su caletre y a las que añado el paro, la injusticia y la corrupción. Bien es cierto, que hay cuestiones semánticas que tratan de disimular muchos de estos casos. Los políticos son muy dados a su uso para tapar sus errores y felonías. Baste recordar la época de la dictadura en España. La Administración decía que los españoles gozábamos de una “democracia orgánica”. Influye también, además del ambiente en el que nos desenvolvemos, la educación o domesticación de niño recibidas. A veces, se impregna de tal manera que ni la razón, ni el sentido común, ni la bondad son suficientes para modificarlo.

Es una falacia que cualquiera de los “ismos” citados sean sentimientos. Los sentimientos se modifican ante una fuerza más poderosa (como la certeza) que los doblega y los ajusta. Del amor se pasa al odio, de héroe a villano, de dios a diablo o viceversa.


Hay ocasiones que nos basamos en la tradición y la costumbre para justificar lo injustificable. Y no es así.  Afortunadamente, la mujer está adquiriendo más protagonismo, el homosexual es menos vilipendiado, la bruja no va a la hoguera, los minusválidos no se sacrifican en la Roca Tarpeya y el mundo avanza hacia la eliminación de fronteras y la unión de sus gentes que, salvo excepciones, buscan la paz, la libertad y el bienestar. Un mundo con avances y retrocesos en el que todos quepamos teniendo con que ganarnos la vida (incluso los inmensamente ricos o los pobres de solemnidad) y donde la igualdad de oportunidades sea verdadera.

lunes, 9 de octubre de 2017

GERMENES VIEJOS

Exacerbado patriotismo nacional o independentista son voces que prometen la gloria. Pasiones incontrolables coreadas por una música celestial, animan a olvidar los  principales problemas diarios con cánticos de sirena que los silencian. La masa enfervorecida necesita  alentarse con sentencias de muerte y participar en ellas (anónima y ausente de criterio) hasta convertirse en justicia, verdugos y cadalso. Ya no hay patíbulos donde exhibir al ajusticiado en la horca y la turba se llena la boca de democracia, paz y libertad, mientras quienes los dirigen imponen leyes a su antojo que han de aceptar. Un inconmensurable río de gente dirigido por un gobierno, los lleva a la Meca como corderos con el único objetivo de ser sacrificados. Son obedientes y no piensan. Acuden como posesos al ara del sacrificio. Les falta  tiempo para reflexionar lo qué pasa, las razones objetivas que les asiste, el porqué han llegado hasta esa situación.

Todo se monopoliza. Sólo existe una cuestión. Ya nada se habla del paro, de la corrupción de las clases dominantes, de una sanidad empequeñecida, de una mala educación, de una convivencia que se deteriora con rivalidades y enfrentamientos, incluso, entre amigos y familiares. Y el miedo se extiende como la pólvora entre los que se mantienen al margen asustados sin que nadie sea capaz de atajar la locura desatada. Pero el mundo, ajeno a esa ceguera, no se ha detenido y recuerda la historia de millones de muertos originados (sin ningún sentido) por ocultos fines de mangantes o dementes con intereses ilegítimos.

El gobierno regional que los provoca se muestra seguro, pacifico, confiado y, como caldo de cultivo, se sirve de ello para alimentar a sus seguidores con pequeñas precipitaciones que cale bien sus huesos, empape y fructifique sus cuerpos como la tibia agua de mayo.  Espera el fallo de un imaginario enemigo para sentirse más víctima todavía, pese a que siendo lobo se vistió con la piel de cordero para, desde el primer momento, mantener engañados a sus fieles e incondicionales. Pobres estos que no ven sino a través de ojos extraños.

Embravecidos y robustos hombres portan una bandera. Un trozo de trapo cambiante por el que estarían dispuestos a dar su última gota de sangre, escudados en un sentimiento patrio que los une e identifica, al tiempo que los excluye, los limita y los hace vulnerables. Son semillas de viejos tiempos, arrastradas por los aires que, de vez en cuando, transitan merced a embaucadores prometiendo lo que desea oír la gente, para lograr sus propios intereses.

Himnos, banderas, signos obligados e inventados, fácilmente mudables. Identidades, patrias, religiones, sentimientos, símbolos cambiantes de los que avezados expertos se aprovechan para evitar que ninguno de ellos nos proporcione la paz o el bienestar a los que, la mayoría de nosotros, aspiramos, independientemente de donde hayamos nacido o vivido. Hagamos íntimos y privaticemos nuestros principios. No deseemos que nada se nos imponga.  No hay remedio mejor que potenciar la libertad respetándonos en un sistema participativo y abierto donde prime la Honorabilidad, la Transparencia y la Rentabilidad que siempre ponderamos.


Hablemos, viajemos, conozcamos otras gentes, otras culturas, otras ideas. Ni mejores ni peores. Debatamos. Razonemos. No permitamos que nadie imponga su voluntad cuando los ojos los tenemos cerrados, estamos dormidos o alguien nos ha trastornado. Avancemos para que los pueblos se unan y no se separen. Ya han pasado los tiempos que Roma imponía la dictadura para entenderse. Demostremos que nuestra conducta ha cambiado.

domingo, 1 de octubre de 2017

ES URGENTE, SEÑOR RAJOY

Créame señor Rajoy y hágame caso.

Una de las pocas soluciones que España tiene de reconciliarse, es que usted, al frente de su equipo o gobierno,  vaya a la Generalidad para hablar con los diputados de aquel Parlamento antes de que proclamen la independencia. Habrán de ir con humildad, dispuestos a negociar, a entenderse, a ceder reconociendo que, por encima de todos y todo está el bien de España y de su gente (y, por tanto, del pueblo de Cataluña). Vayan, por favor, arrepentidos y aceptando su parte de culpa (que la hay y grande).

No sé si este mensaje llegará al señor Rajoy, pero, en su caso, me gustaría que siguiera leyendo.
Hace ya tiempo, me llamó mi mujer diciéndome lo preocupada que estaba porque uno de mis hijos, sin avisar, sin decirle nada, pasó la noche fuera de casa. Recuerdo que me indignó y prometí que el fin de semana, que volvía (precisamente en las fiestas de aquella localidad), mi hijo sería castigado.

Usted, señor Rajoy, prometió que no habría referéndum y sí lo ha habido. Usted y su equipo nos aseguraron que nunca habría separación de Cataluña y no podemos confiar que eso no suceda y, menos todavía, con absoluta integridad de la gente. Continúe, por favor, leyendo.

Pues bien, regresé, y mi hijo recibió mi reprimenda, informándole de mi determinación inquebrantable de que no saldría de casa por nada del mundo. Llegó la hora y sus amigos, adolescentes como él, vinieron a buscarle a casa (entre ellos su media-novieja) ataviados para la ocasión. Les hice saber mi decisión y a pesar de sus ruegos tuvieron que marcharse sin él. Él no salía de su habitación, pero lentamente se arreglaba para salir. Su madre, en permanente comunicación con él y conmigo, vino a decirme que cediera, que le permitiera salir, porque –me aseguró- que por las buenas o las malas- se iría. “¿Qué harás en ese caso?”, me instó. “¿No le dejarás volver más?” “No lo hará”, le dije. “Si lo hará, me contestó. “Y cuándo no vuelva, ¿podrás vivir sin él?

Hágame caso, señor Rajoy, vaya con sus más leales consejeros humildemente a Cataluña. Exprésese como sepa. No es cuestión de oratoria sino de dar marcha atrás, de volver a empezar.

Le hice caso a mi mujer y, tal como ella me indicó, negocié con mi hijo. Reconocí mi enfado por su actitud, por la cual me disculpe. Consentí que saliera con sus amigos, si lo sucedido no volvía a repetirse.  Él admitió su error aduciendo una falta de comunicación con mi mujer (al fin y al cabo daba lo mismo) y prometió que no volvería a ocurrir. Nos reconciliamos tibiamente. Él salió y yo no tuve que recorrer las calles en su búsqueda. ¿Se hubiera ido para siempre? ¿No hubiera vuelto a casa? Mejor ni planteárselo.


No elucubre más señor Rajoy. Su promesa no la cumplió. No dude más. No espere ni un minuto más. Vaya. Corra. No haga caso a quien le diga que usted es la fuerza, el orden, la ley. Yo mismo reconozco que la ley está de su parte. Pero las vidas humanas no toleramos el uso de la fuerza, ni siquiera el de la razón, si contra ellas se atenta o se sienten agredidas o indignadas.

sábado, 23 de septiembre de 2017

NADA QUE VER CON LA DEMOCRACIA

Siento disentir de los que ahora, con el tema de la independencia de Cataluña, dicen que el mismo es una cuestión no de independencia sino de democracia. (La democracia es liberalismo, libertad, pluralismo, tolerancia… lo contrario de autocracia, dictadura, tiranía… Política por la que el pueblo ejerce la soberanía mediante la elección de sus dirigentes).

Creo sinceramente que la democracia es algo maravilloso, encomiable y digno de preservar. Manosearla para principios estériles, pueriles o, sencillamente, para quedar bien como si a los que hemos carecido de ella no nos importara, es jugar con fuego sin haber manejado antes una escopeta. 

Posiblemente denoten mis palabras cierto temor y estáis en lo cierto si así lo pensáis, pero todo aquello que perturbe el entendimiento entre partes no se resuelve enfrentando a los ciudadanos entre sí; al contrario, todos perdemos como perdimos no hace tanto porque alguien no permitió que fueran los políticos (entre ellos) quienes dilucidaran los problemas. Esto no supone aceptar la imposición, la injusticia o el abuso de parte alguna; esto, claramente admite, que los políticos han de ajustarse a las normas por ellos establecidas y jugar las cartas para cambiar sus reglas sin esperar a que la gente, por ellos aludida, las rompa y, además, sean los héroes de la película o se vayan de rositas. Reúnanse, hablen y hablen hasta la extenuación si es preciso, sin salir del lugar elegido para el encuentro, hasta que la ausencia de entendimiento haya desaparecido: su desgana, su renuncia, su altivez, su procrastinar o su falta de interés no les justifica; al revés, les denigra y envilece. 

Son de una intolerancia repugnante las posturas tomadas por los líderes de Cataluña y de España. Más si cabe la de éste (cuya responsabilidad es superior) que jamás ha tomado la iniciativa por entenderse o llegar a algún tipo de acuerdo,  salvo ahora, cuando ya no hay remedio, y sus medidas son las de un toro herido dando cornadas a diestro y siniestro por el filo de un precipicio deteriorando la imagen de España. Nos ridiculiza como en otras ocasiones. 

En España, tendríamos que ponernos de acuerdo en las partes auto gobernables de su territorio en razón a orografía, idioma o peculiaridades que se precisen y su modificación no dependa de ningún gobierno cuando se le antoje o considere oportuno. No se puede estar cada día intentando quebrar un compromiso alegando “el derecho a decidir” que la democracia nos otorga. Excepción sin paliativos para territorios sometidos por un régimen totalitario o el caudillaje de un dictador. Excepción también cuando los pactos se hayan alcanzado mediante la opresión, privación de libertades, chantaje o engaño. Podría darse la paradoja que mañana la alcaldesa de Madrid y su gobierno pidiera la independencia de Madrid, ¿por qué no?

Acude a mi memoria la actividad de mi profesión por la cual dos o más clientes deseaban o, mejor dicho, me imponían, pese a mis recomendaciones, abrir una cuenta corriente conjunta, es decir, se obligaban a tener que firmar todos para disponer de la misma. Pues bien, raro era que en el trascurso de la misma, alguno de ellos no exigiera saltarse tal obligación por razones más o menos comprensibles. Entonces, ¿qué se debía hacer?: ¿No consentir? ¿Aceptar? ¿Ceder? Pese a que me asistiera la razón; pese a todo: dialogar y llegar a compromisos.

Algo parecido opino respecto al tema que nos ocupa. Nada que ver con la democracia.  Pienso que acordar sin posiciones radicales es de sentido común. Siempre quedará la posibilidad de confeccionar una nueva cuenta, una nueva Constitución que recoja el sentir del momento; un sentir que puede variar en cualquier tiempo y no sólo dependiente del poder que, sea dicho de paso, en esta ocasión, se asienta en el punto de la cúspide de su autoridad en lugar de en la base del pueblo. Los ciudadanos deben refrendar acuerdos establecidos dentro de la ley y no enfrentarse entre sí por unos políticos que, por lo general, buscan intereses partidistas o salvar su culo señalando culpables e invocando a la democracia sin aportar soluciones que nos lleven a entendernos.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

MANDE QUIEN MANDE

Los sentimientos más emblemáticos de los hombres (esos principales seres vivos de la cadena evolutiva), impregnados o no desde la infancia, como el dolor, la angustia o el miedo; el placer, la alegría o el entusiasmo, son susceptibles de ser anulados, modificados o transformados por voluntad propia o ajena, aunque sean motores imprescindibles para mover el mundo y, por ende, hacer suya una religión, una identidad, una ideología y lo que de las mismas surja. (En mis dos anteriores entradas -La dictadura de las religiones y Forjar el futuro- que recomiendo leer, a ellos me refería). 

Hoy, relataré por última vez (pues al respecto de la cuestión catalana me he expresado en otras ocasiones), que el independentismo no es un sentimiento sino el deseo de poder.  En el caso que nos ocupa, se trata de un germen inducido de arriba abajo, es decir, la voluntad del Poder estimulando al pueblo y no al revés, por lo que su consistencia o duración será más bien efímera, aunque se promueva con cierta frecuencia.

Tal poder se preocupa para que su aspiración sea secundada por la mayor parte de los ciudadanos que gobierna, aun a sabiendas que la independencia es prácticamente imposible con las leyes de España que pertenece a un mundo interrelacionado como el actual (salvo que todos sus residentes se hagan anacoretas) y trata de provocarlos con emociones que los fortalezca aduciendo a algo más fácil de entender: “el derecho a decidir”. 

Un derecho a decidir innegable y más, como no puede ser de otra manera, en una democracia (de la que ambos gobiernos –estatal y catalán- alardean) a la que se llega mediante la decisión de los  votos de la mayoría. Antes, sin embargo, de igual manera, se tuvieron que establecer las leyes y normas por las que regirse que fueron por todos refrendadas. Nos guste o no, la democracia en España se ha conseguido entre todos los españoles (catalanes incluidos). (No olvidemos cómo las Cortes franquistas se hicieron el haraquiri, cómo se culminaron los acuerdos de la Moncloa, la Constitución, la entrada en la OTAN y la CEE, la implantación del euro…).

Estas leyes no impuestas por un régimen dictatorial (aunque la sombra entonces nos alcanzara por ser tan alta como un ciprés) son las que debemos modificar nuevamente si así todos lo queremos. Esa ha de ser la hoja de ruta. Nadie tiene derecho a influir en su propio beneficio alegando a sentimientos intransferibles, ni tan poco a modificar la ley justificándola por “un derecho internacional” de autodeterminación. Éstos pueden darse (incluso la desobediencia civil) ante leyes injustas, represoras, absolutistas. Y no es el caso. 

Cataluña no puede auto-determinarse como territorio cuando en él (como parte de una España plural) no se dan tales supuestos. Al contrario, su gente, la gente que en ella habita, ha de gozar de iguales derechos y obligaciones que las del resto del territorio y tener sus peculiaridades, sus sentimientos, sus costumbres como las demás comunidades que forman España. Ahora bien, existe el ligero tufillo (las evidencias parecen palpables) que muchos de sus políticos se han envuelto en la bandera de la independencia al ser atacados o tildados de malversar fondos. A nadie se le ocultan nombres, tanto físicos como jurídicos, que así lo han hecho para tapar sus vergüenzas, liar al pueblo y llenarlo de valor para que los secunden ya que solos no van a ninguna parte.

Amo a Cataluña. Me gusta su gente y su tierra. Son algo mío. ¿Por qué no puedo decidir igualmente? ¿Acaso los catalanes no han de hacer lo mismo sobre el resto de las tierras de España? Y más todavía. No me gusta el sistema monárquico  porque la democracia, a mi juicio, con ella está incompleta, por mucho que países europeos de más tradición democrática que la nuestra las mantengan.
   

La gente anhela que el mundo sea un sólo pueblo en libertad, democracia y bienestar, mande quien mande.

lunes, 4 de septiembre de 2017

FORJAR EL FUTURO

Hablar del futuro es muy complicado y quimérico pretender acertar lo que ha de ocurrir. En tal sentido, la mayoría de las veces opinamos, comentamos o  manifestamos expresiones que son más lamentos o deseos que otra cosa; sin embargo, éstos, no están exentos de criterio, toda vez que, divulgando los mismos repetidamente, se irán convirtiendo en realidades no queridas o, al revés, anheladas. Es, por tanto, a mi juicio, de vital importancia pensar en positivo, aun a riesgo de caer en la utopía de la que un servidor alardea. (Cualquiera que haya leído algo de mis escritos observará esa tendencia, aportando soluciones a dificultades o problemas).

Algo inherente a la propia capacidad humana (codiciosa y ligera por naturaleza), posiblemente, no se corresponda con el tiempo parsimonioso que la  Creación se toma en perfeccionarla.  Cabe suponer pues que, en alguna parte del planeta, el hombre  progrese en el orden material, económico y científico, pero no así, en la misma medida, en el orden interno y espiritual que lo satisfaga. Las culturas y civilizaciones, y con ellas los humanos, cambian de escenarios y de épocas; avanzan, retroceden y viceversa muy a menudo, mientras que la evolución (mutación, innovación… de los seres vivos) progresa lentamente en la dirección ansiada con la fuerza de la necesidad de cada especie.

Esto, sin duda, acarrea la máxima complejidad en la formación de un ser vivo, principalmente la del hombre (el mayor exponente conocido de tal acomodo), especializado en el desarrollo de la mente (hay quien habla que poseemos hasta cinco tipos diferentes de cerebro), a través de la cual, impulsando sus comunicaciones neuronales, origina los sentimientos motivadores  de nuestras primordiales energías. El hombre pues, estará condicionado por siempre, al albur de esa Naturaleza que, en su día, nos constituyó y, ahora, nos moldea de forma aleatoria, caprichosa o determinada por mucho que la estemos pervirtiendo con inmundicias y desastrosas actuaciones (contaminación, explotación, maltrato) que me dan pie a pensar lo apuntando al comienzo: aquello que se persigue denodadamente, por muy difícil que sea, se consigue.

¿Por qué no prescindir, importunar, rebatir las emociones negativas, propias o ajenas, que nos arrastran a las vías del miedo, la angustia o la desesperación, y tomar los caminos del ánimo, la ilusión y la esperanza? “En estos tiempos (como casi en todos) hay multitud de intrigantes que se han ido metiendo en los asuntos públicos, y no buscando otra cosa que su medro personal, han estropeado todo lo que ha pasado por sus manos. ¡Y ya está bien! Progreso en el orden material, económico y científico: sí; pero, igualmente, perspectivas más claras, un espíritu crítico más profundo, una actividad más racional, un mayor grado de madurez, extirpando muchos prejuicios nocivos” y, sobre todo, respeto a todo lo que nos rodea: Naturaleza y seres vivos.
   
Cuanto antecede, producto de una manera de sentir (ni mejor ni peor que tantas otras), es la expresión lícita, libre e individual de HONRADEZ, TRANSPARENCIA por las que tanto abogo y tan escasamente se practica: la mayoría de los humanos estamos henchidos de susceptibilidad que a pocas cosas positivas nos conducen. Es imprescindible, por consiguiente, evitar dañinos calificativos, palabras soeces o expresiones hirientes y, en su lugar, emplear palabras impecables, que se conviertan en habituales, con las que ir construyendo los senderos hacía una perfecta adaptación intelectual. Y, más todavía,  añadamos RENTABILIDAD esforzándonos lo más posible, sin tomarse nada personalmente, ni presuponer acerca de los demás.
 

Ya va siendo hora de  intercambiar bienes materiales por valores espirituales. Se puede vivir con menos cosas tangibles y con más apremios intelectuales. Es cuestión de proponérselo.

lunes, 28 de agosto de 2017

LA DICTADURA DE LAS RELIGIONES

El origen de la religión surgió, sin duda, a consecuencia del miedo a lo desconocido, a la ignorancia, a oscuros fenómenos naturales que los humanos eran incapaces de superar. Éstos, entonces, se asociaron para hacer frente y defenderse de tales misterios. Algunos creyeron que aunándose en torno a similares enigmas, con invocaciones, fórmulas o ritos comunes, se podrían combatir o aplacar, pero los malignos espíritus invisibles, que atentaban contra ellos, prevalecen todavía.  Así que, inventándose dioses (que más tarde personalizarían a su imagen y semejanza y cuya creencia R. Dawkins considera que es un delirio), cultos para adorarles y portavoces con los que comunicarse, florecieron grupos de individuos que les rendían pleitesía. Los hombres imploraban por no ser castigados o para conseguir algún beneficio y para ello, además de compromisos y sacrificios, donaban sus mejores bienes, tanto si eran complacidos (que justo era hacerlo) como si no (que su furia no se incrementase). De cualquier manera, los representantes de tales divinidades se forraban con tantos presentes (ya que éstas ni comen ni nada precisan) sin que, apenas, los acobardados seguidores  algo debatiesen: ¿Por qué  precisaban de intermediarios? ¿Cómo ambos se entendían sin desavenencias? ¿Cuándo fueron de poderes investidos? ¿Dónde residían o quién los creó?

Desde entonces, mucho tiempo ha pasado y multitud de religiones se han eclipsado, emergido o cambiado, sofisticándose de mil maneras, adaptándose a la época, a los modos y a las costumbres; pero lo principal, es que el alimento del que se nutren, continúa intacto: el miedo, la ignorancia, la oscuridad, el misterio, la apatía, el desconsuelo… los mismos condicionantes en los que se fundamenta toda dictadura, toda tiranía, todo absolutismo para permanecer y, afortunadamente, se superan. Sin embargo, la religión, por muy absurda que sea, es una creencia irrebatible, dado que emana de un sentimiento  (“cuestión de fe”) para el que no existe razón posible y, menos todavía, si ésta conduce a que sus mediadores dejen de forrarse, pierdan sus influencias o se anulen, como ocurre con los dictadores.

Las religiones ocupan todo acto de la vida humana, por diminuto que éste sea. Tanto las politeístas como las monoteístas (las menos disparatadas) dictan, a través de sus normas, lo que hay qué hacer desde que hombre nace hasta que expira. Qué comer, cuándo hacerlo: día, hora, minuto y segundo. Cuándo ayunar. Cómo vestirse. Lo que es puro y lo que no lo es, lo sagrado y lo profano…. Las religiones, a través de varones como protagonistas, interpretan las palabras, los gestos, los designios de su Dios (que no puede ser el mismo porque sus mensajes son diferentes)  relegando a la mujer, a otros humanos y demás seres vivos a planos de inferioridad como si fueran cosas insignificantes. Las religiones imponen su racismo y autoridad aplicando severos castigos (físicos y metafísicos) y su gobierno deja mucho que desear.  Hoy, ya hay mucha gente cuestionando (con poco que sepan de su historia) los cuentos que les contaron en su infancia, los fanatismo de las cruzadas, las guerras santas, la muerte a los infieles; las aberraciones de las inquisiciones, los demonios de los infiernos, las vírgenes de los paraísos; el cómo, el porqué y de qué manera algunos vivos se arrogan los mandatos divinos para hablar de separatismos, excomuniones, pecados,  penitencias… e invocan intereses espurios aduciendo que será “lo que Dios quiera”.


“El mundo necesita despertar de esta larga pesadilla” (Muy Interesante 435 Agosto) dejando las creencias religiosas a la intimidad de cada uno, toda vez que los sentimientos, además de internos,  libres y sinceros, corresponden a un único espíritu creador personal. Publicitar la fe religiosa o competir por su hegemonía, son rasgos comerciales, que no han de atentar al sentimiento agnóstico, si cumplen con la ley y pagan sus impuestos. Inculquemos a nuestros niños valores de bondad, respeto, honradez y no credos a erradicar. Que la escuela y la universidad los extienda a la sociedad para que cuando cada cual tenga capacidad de juicio decidan su identidad, sin que otros lo hagan por ellos. 

sábado, 19 de agosto de 2017

OJO CON EL "OJO POR OJO..."

Desde hace tiempo, a través de las redes (Whats App, Facebook, Twiter…) alguien con encumbrado nacionalismo nos viene inundando con subliminales mensajes patrioteros añejos, baratos y fuera de contexto. Y eso no es lo peor. Algunos de ellos, subrepticiamente, tratan de sembrar entre nosotros el odio a los emigrantes como si los españoles no lo fuéramos. Veíamos vídeos de garrulos-macarras-leguleyos que se consideraban graciosos y defensores de “una, grande y libre” España que pasó a la historia; acusándonos a los receptores de tontos por permitir que “los no españoles” se aprovecharan de una generosidad ciega prevista en las leyes de España, aunque silenciaban los abusos de que eran objeto por parte de muchos de nuestros poderosos mangantes. Otros se interesaban en infundir el miedo entre la gente anunciando calamidades y desastres si se optara por posiciones políticas distintas a las suyas o elegir a personas que no gozan de su confianza y tildan de infames. Hoy, por desgracia, a raíz de los macabros sucesos en Cataluña, causados por unos zombis-asesinos contra gente inocente, las misivas se multiplican exponencialmente sin sentido común, con ánimo revanchista incitando a la venganza y al “ojo por ojo…”; a levantar muros de intolerancia e incomprensión sugiriendo medidas irracionales; a volver a nuestras costumbres y principios sin definir a cuáles; a conducirnos con el mismo fanatismo que los terroristas se conducen.

Son momentos de dolor, de tristeza…, pero también han de ser de fría reflexión.

Dicen que el universo es infinito, si bien, carecemos de pruebas. De lo que si tenemos certeza es de nuestra perenne estupidez. ¿Cómo se puede llegar a tal grado de barbarie y acabar con la vida, impune y aleatoriamente, de tus semejantes? ¿Qué mente, doctrina u orientación puede conducirnos a matarnos unos a otros? Sola la perversidad, la diabólica razón que todo transforma, el arrebato o un desmedido interés por algo que no acierto a comprender, llevan a cometer tales actos de locura y fanatismo.

Es, por tanto, necesario saber que ser bueno no es ser tonto y que es preferible serlo a ser un criminal. Quienes responden a la violencia, al margen de la ley, con violencia, son igualmente unos violentos. Las civilizaciones cambian de lugar en el tiempo sin que la educación y el respeto humano se asienten en ellas. Mucho camino nos queda por recorrer para ponernos de acuerdo en que la paz, la democracia y la libertad son valores a consolidar. Y es que son muy intensas las voces interesadas que nos gritan tratando de inculcarnos con miedo u otras triquiñuelas lo contrario. No caigamos en la trampa nacionalista, religiosa u otra ideológica que lo desmienta. Sigamos a aquellos que predican el amor y el perdón; a aquellos que nos consideran a todos los hombres iguales y creen que su convivencia es posible.


El terrorismo (gobernado por  anarquía, sigilo, anonimato, demencia...) no distingue entre unas personas u otras y asesina indiscriminadamente a grandes y pequeños, independiente del color que tengan, la religión que profesen o el sitio donde hayan nacido. Un país que se considere civilizado no ha de emplear iguales métodos para erradicarlo; sólo se combate, pese a quien pese, con la ley y el sistema político que nos hemos dado, la justicia, la educación y el bienestar similar para todos sus ciudadanos; por mucho que nuestro instinto animal clame represalias y el fuego discurra por nuestras venas; por mucho espíritu de rencor que nos ofrezcan con sus soflamas resabiados conocidos de nuestro alrededor e invoquen al exterminio de culturas diferentes; por mucho que todos deseemos acabar con él de un plumazo, aunque lógicamente,  deseo y razón, a veces, sean irreconciliables como sucede entre personas. 

miércoles, 16 de agosto de 2017

ARRESTOS CONTRA LA POBREZA

Cada día estoy más convencido, que si el hombre careciera de codicia y sus arrestos los empleara en estimular más su solidaridad con los demás, la humanidad no tendría problema alguno de subsistencia.

Comprendo que tal realidad está lejana, incluso que, de momento, es una utopía; sin embargo, cabe la posibilidad de, mediante controles impositivos u otras fórmulas, ir penalizando la avaricia y favoreciendo la generosidad, partiendo de la premisa fundamental de considerar al hombre y a los seres vivos, así como al medio ambiente, lo más importante de la creación.

La idea básica pasa por  lo esencialmente económico: equilibrar, en lo posible, las diferencias de rentas existentes entre las personas físicas. Las rentas, por tanto, habrán de limitarse. Unas, las altas, rebajándolas a base de impuestos, hasta una cifra determinada de antemano, y otras, las nulas o insuficientes, instaurándolas o aumentándolas respectivamente a base de ocupar a los que carecen de ellas o le son insuficientes para vivir dignamente.

Para que ello pueda llevarse a efecto (algo fácilmente comprensible) las personas jurídicas jugarán un papel primordial como agentes reguladores, sobre todo, a la hora de aplicar sus beneficios a inversiones, a impuestos, a dividendos..., pero eso es otra cuestión.

No aburriré más al lector extendiéndome sobre el tema y lo simplificaré anunciando que una decisión política  puede hacer posible que los ricos sean algo menos ricos y los pobres  menos pobres, la desigualdad se acorte y la miseria en el mundo desaparezca.

La gente deberemos obligar a nuestros dirigentes a que la política se encamine en esa dirección. Exijámosles transparencia en la gestión de nuestros dineros. No toleremos que nos digan que hacen todo lo que pueden contra la corrupción, cuando en la práctica comprobamos lo contrario. Desconfiemos de las gestionen que realizan y recabemos las rentabilidades que con las mismas se obtienen.

No me cansaré de repetir que todos, especialmente nuestros gobernantes, debemos de actuar con Transparencia, Honorabilidad, Rentabilidad para que el ejemplo cunda. Nos es de recibo que, sin ton ni son, sin explicar el motivo o la conveniencia de tener que hacerlo, suban los impuestos (en este año han subido cuatro veces más de lo que bajaron). No es justificable que permitan a las empresas arbitrar sus costos para mantener el mismo nivel de beneficios e inmoral que las eléctricas hayan subido ya, en este año, un 10% sus tarifas y los sueldos de sus dirigentes sean los más altos del planeta. Continúa siendo lamentable que haya tantos parados: gente oficialmente sin trabajo atentando contra otros trabajadores, ofreciéndose por un plato de lentejas para ganarse la vida, haciendo el caldo gordo a los autónomos y empresas, cuando la Seguridad social debería de proveerles ocupación.


Quienes mantenemos la idea que la igualdad de oportunidades sea real, la justicia igual para todos y el hambre del mundo desaparezca…, habremos de luchar por ello sin aspavientos, sin descalificaciones, sin odios, por mucho que otros nos provoquen tratando de sacarnos de nuestras casillas. Dejar morir a un ser vivo u originarlo por capricho, es un salvaje atentado contra la propia Naturaleza de la que formamos parte. Mejor que no suceda para no vernos envueltos en la displicencia de otros que piensan de manera contraria, de aquellos que sólo confían en la grandeza de la economía de mercado y en sus propios intereses.

sábado, 5 de agosto de 2017

LA VERDAD NO MATA

No sé qué bulle en la cabeza de nuestro presidente de Gobierno, señor Rajoy, pero no me equivocaría si afirmara que en ella se agita, con cierta frecuencia, el desvanecimiento, la torpeza, la sosería y la falsa idea acerca de la gente y las cosas de su tiempo.

Siempre me pareció un hombre prudente, cabal, discreto. Hoy, lamentablemente, tengo la sensación que nos engaña a todos, diciendo lo que en cada momento le interesa, que es un consumado mentiroso, tal como se comprobó testificando ante el tribunal de justicia. Esto me lleva a pensar “de los necios se hacen los discretos y que, para ser discreto, es preciso haber sido tonto”. Defenderse con la mentira tiene las patitas muy cortas y es de poco alcance, sobre todo, en este caso, ostentando un cargo público tan relevante y cuya trascendencia no es nada superficial.

El señor presidente seguro que no es tonto, pero lo disimula muy bien o se lo hace.

No se puede defender lo indefendible cuando existen grabaciones que demuestran lo contrario. Y, peor aún: tuvo una ocasión propicia para elogiar la valentía y la honradez manifestando la verdad, y la desaprovechó. Justo y necesario hubiera sido que, nuestro señor presidente, reconociera liderar un partido (populista como la mayoría de los demás) caracterizado por el choriceo desde tiempo inmemorial. Hubiera ganado credibilidad, aclarando asuntos turbios que lo rodean, y propiciado un futuro limpio y esperanzador que ahora no tiene. Continuar tapando la corrupción como si la gente fuera subnormal, nadie lo puede creer, ya que todo el mundo sabe que el dinero no se evapora por obra y gracia del espíritu santo.

Ya va siendo hora que nuestros políticos, en general, dejen de enarbolar falacias y promesas sin responsabilidad alguna y bajen al mundo real donde la contabilidad de cada familia es imprescindible para su supervivencia. Que dejen de decir cosas sin saber lo que dicen y abandonen inventarse filípicas contra los demás, arrastrados por la idea, a corto plazo, de obtener votos. “En su ignorancia y necedad, no se les alcanza que envilecen la historia de España (ya bastante deteriorada) jugándose a cara y cruz, sobre la capa del pueblo español, la democracia (tan costosa de conseguir) que no es inexpugnable”

Deseo indicarle a nuestro actual presidente, señor Rajoy, que no le dé alegría a la gente con su caída como  lo hizo Felipe González por similar latrocinio, y dimita por su propia voluntad, súbitamente, pues es inexplicable que ni él, ni ninguno de los que dirigieron y dirigen España,  no sepan, no les conste, no recuerden… cómo se financia su partido o sus campañas, de dónde proceden determinados sueldos y apuntes extracontables. La ignorancia no exime cumplir con la legalidad y ésta exige responsables.

Todavía recuerdo parte de la letra de una canción de los sesenta que decía: “Jóvenes, somos aún tan jóvenes. La verdad, queremos la verdad…”. Nunca es tarde para ello.


La gárrula multitud, el estólido vulgo, los enemigos que son muchos, los envidiosos que son más, el orgullo español que nos distingue, no son más que incongruentes especies de inventores de la calumnia, la astucia, la doblez y torpes ardides contra la prudencia y la rectitud de las que estamos desposeídos por mor de la política empleada, desde siempre, en España. Ya va siendo hora que en política se haga uso de la Honorabilidad, la Transparencia, la Rentabilidad.

sábado, 22 de julio de 2017

EL ORGULLO ESPAÑOL

Hoy en día, entre la mayor parte de la población española, existe el convencimiento de que lo verdaderamente importante es el dinero. Con él se hace fortuna, se logra poder, se disipa la preocupación por no poseerlo. Siempre fue así; sin embargo, cabría la posibilidad de que sirviera, únicamente, para lo que se creó: ser instrumento de cambio. (Una cuestión de la que merecerá la pena hablar otro día, aun cuando, desde ya, se debería eliminar físicamente para que sus trazas  permitieran seguir su rastro, además de  anular cuotas delictivas).

Se sueña con ser rico y tener seguridad y con que a los hijos no les falte de nada. Nos olvidamos de la solidaridad y de la igualdad de oportunidades, necesarias para todos. Es más; a veces, se desdeña la bondad, el conocimiento, el esfuerzo y, sobre todo, la pobreza. Son muchos los ciudadanos que piensan medrar afiliándose a un partido político, a alguna organización benéfica, deportiva o a otra que consideren les puede reportar estabilidad o provecho en lugar de  superarse con ahínco en el trabajo y el estudio. Es triste, pero así es.

No se perciben rectos ejemplos en los gobernantes que gestionan nuestras vidas que no ven, toleran y practican la corrupción hasta el extremo de abochornarnos de ser españoles y sentir vergüenza ajena. Miran a otro lado y ostentan, lideran, simbolizan en primera, segunda o tercera fila, la descomposición de un sistema que, desde antaño, nos viene persiguiendo. Y de manera impune, por falta de medios o pruebas que se destruyen, por prescripción o cambio de leyes, por falacias o malas artes…,  hemos llegado hasta hoy sin solucionarlo. La imagen de España en tal sentido es deleznable. Representamos la picardía, el timo, el choriceo...: un orgullo merecido de trileros). Y lo peor, es que el Gobierno persevera en mantener jactancia tan destacada (originaria del paro, la desigualdad, el incumplimiento de las leyes,  los golpes de estad…) sin aprender a tener humildad. Las medidas que toman son de juguete y mentirijilla: buenas palabras que los de arriba incumplen con pésimas acciones. “La gente de fuera ve a los ministros muy atareados y dándose aire de personas que hacen alguna cosa. Cualquiera diría que esos personajes, cargados de galones y de vanidad, sirven para algo más que para cobrar sus enormes sueldos; pero no, nada de esto hay. No son más que ciegos instrumentos y maniquíes que se mueven a impulsos de una fuerza que el público no ve. No deben nada de lo que tienen a su propio mérito, por lo que no hay que deslumbrarse por la grandeza de esos figurones, a quienes el vulgo admira y envidia: su poderío esta sostenido por hebras de seda, que las tijeras de la putrefacción puede cortar”.


Salvo en el deporte y poco más, son pocas las ocasiones por las que un español puede sentirse orgulloso de serlo. Son contadas las acciones en las que, positivamente, de manera individual o colectiva, destacamos del resto para sentirnos satisfechos. Ya nos gustaría que la tan cacareada Transición se hubiera cerrado con dignos entierros para todos los muertos y desaparecidos. Que los símbolos nacionales (himnos, banderas, monumentos y oraciones) se hubieran cambiado, unificándolos para todos. Ni siquiera la principal norma a cumplir, que es La Constitución, brinda la posibilidad de tener igualdad de oportunidades, trabajo o cobijo. Sin embargo, nos damos aires de grandeza pregonando logros inmerecidos, asegurando crecer económicamente más que otro país de la CEE, como si no supiéramos cómo se consigue o a quién beneficia. Ya va siendo hora que nuestro Gobierno demuestre que somos serios y honrados como país, aplicando contundentes medidas de regeneración, caiga quien caiga, e invaliden de nuestros caletres la impresión de que quien manda son mafias económicas  o criminales bien organizadas.

lunes, 10 de julio de 2017

UN ESTIGMA DE LA DICTADURA FRANQUISTA

En nuestra infancia, cada uno de nosotros, después que la impronta se colme de referencias sin que la memoria las pueda retener, componemos nuestra propia personalidad. Un periodo que marcará, de forma fundamental, nuestras vidas. En él, se crearán los sentimientos al margen de los instintos y, con cuanto nos rodea, estableceremos nuestra verdadera Patria.

Los usos y costumbres, los afectos y obsesiones, la alimentación o desnutrición, el acomodo o el desajuste, el medio urbano o rural, la económica o la política, el hábito o el aprendizaje, el clima o el ambiente… que, interna y externamente, predominen, nos afectarán para conformar nuestra identidad.

Hoy día nadie puede negar los estímulos (actos reflejos de aversión o simpatía) que nos dimos (y, en muchos casos, continuamos dando) como respuesta al miedo o al placer absorbidos entonces sin conocimiento y originados por causas ajenas o trasmitidos por razones concretas, pero que, de cualquier modo, condicionarán nuestra voluntad.

Cada una de las generaciones pasa por acontecimientos y situaciones bien dispares; si bien, la etapa de cuando fuimos niños, de la que hablamos, es sumamente muy particular. La que nos tocó vivir a muchos de nosotros fue una infancia generosa, pródiga en juegos imaginativos, alegrías y bienestar, en la que unos sacrificados padres prescindían de cuanto fuera necesario para evitar a sus niños cualquier tipo de sufrimiento, criándonos a “leche almendra” (que dirían muchos abuelos) aun cuando, la citada generación, se generalice con un mismo común denominador: la formación del espíritu nacional o el nacional-catolicismo de la dictadura.

Recibimos (eso sí) la peor ideología posible, carente de verdad y contraste, impuesta en escuelas e iglesias por una parte de la población, vencedora de una guerra cruel, y, sobre todo, por ser asimilada inconscientemente. Una guerra que perduró silenciosa en el tiempo, manteniendo sin voz a los vencidos, que tuvieron que claudicar comulgando con la falacia de la “Santa cruzada” o la ausencia de libertades que nos trae la Inquisición a la memoria.

Aunque parezca extraño (pero no lo es) todavía hay muchas personas añorando aquellas enseñanzas, incapaces de modificar parte de su identidad para que la democracia tenga cabida. Un aprendizaje loable, por valores y esfuerzos familiares, y deleznable, por impregnarnos una Patria impostora. Sólo la niñez es unagrande y libre. La razón es clara: sus estímulos quedaron anclados en el pasado feliz de su infancia como autos reflejos citados, respondiendo hoy contra quienes les causen dolor. Maldicen, insultan y denigran a quienes emiten críticas contrarias a las suyas o sus maneras de pensar son distintas. Eluden confrontar ideas o dejar atrás, momentáneamente, la inconsciencia del placer añejo que les complace.


Abogo por entendernos hablando con palabras impecables, con respeto, sin insultos ni descalificaciones, aparcando nuestras infancias innecesarias de olvidar, ya que, en definitiva, todos deseamos lo mejor para todos y cada uno de nosotros, aunque los caminos elegidos para conseguirlo sean muy diferentes, una vez tengamos en cuenta las causas instintivas expuestas o las que cada cual considere. Nadie permita pues, que por nuestras disputas lógicas, unos sinvergüenzas se aprovechen favoreciendo la malversación, la corrupción, el robo o cualquier delito que atente a lo que es público y de todos. Anulemos de una vez las dos Españas por el camino del dialogo y el acuerdo, estableciendo serias responsabilidades y duras penas para quien con su gestión nos enfrenta.

martes, 27 de junio de 2017

EL QUE LA HACE LA PAGA

“El que busca el peligro, en él perece”.

Cuesta trabajo pensar que en próximas elecciones se siga votando al PP.

Ningún tipo de animadversión me lleva a tal vaticinio si no, más bien, es producto de una modesta y simple reflexión. No es necesario remontarse en la historia  muchos años para ver que la ley natural de “no hay efecto sin causa” se cumple en todos los casos. Es reciente y fácil recordar cómo perdió el Gobierno el Partido socialista siendo presidente Felipe González. Éste, entonces, se enteraba de la malversación de fondos (de gente de su partido) por la prensa. Hoy, a la vista de las recientes declaraciones de la que fuera la cúpula del PP, es presumible que Rajoy tampoco tenga idea, ni recuerde, ni le conste que a su alrededor se está robando. Por tanto, es seguro, que pasará, de igual manera, factura al PP que preside.

Alianza Popular cambió de nombre por una cuestión de estrategia. Sus fundadores decidieron cambiar su camisa azul por otra más populista para conseguir más votos. Hoy, es posible que vuelvan a cambiar de nombre al igual que lo hizo el partido conservador catalán de Jordi Puyol y A. Más, por razón parecida. “Váyase señor Suárez”.” Váyase señor González”: ¿quién no lo recuerda? Nada extraño pues, que al señor Rajoy lo quieran echar.

Nada es igual, sin duda; pero nada desaparece sino que se transforma. Cambian las formas y se perfeccionan, pero el alma humana no responde si no al ejemplo que percibe u observa.

España lleva muchos años acuciada por una corrupción galopante cuyas consecuencias (el tiempo lo dirá) serán inimaginables. Golfos, sinvergüenzas, mafias… la están llenando de basura que apesta y sus instituciones, incapaces de digerirla, avanzan en el desprestigio ante los ciudadanos que comprueban que, ante ellas, no son iguales, por mucho que el Gobierno diga lo contrario.
    
Para nada es justificable el empleo de la fuerza que se combate con la fuerza, por lo que con ella la gangrena de la podredumbre corrupta no se elimina, al contrario, se enquista o vuelve a aparecer más tarde. El partido político que gobierna (y representa al Estado) no debía de emplearla partidariamente como la emplea. Mal que le pese, debe preservar los compromisos adquiridos anteriormente y buscar soluciones de consenso, no de violencia. Ha de cumplir la ley y no retorcerla a su antojo. Ha de dar ejemplo a  la gente y velar por la mayoría, sin desprecios ni mentiras. Olvidarse de prejuicios y reconocer que España es de todos. ”¿No es triste considerar que sólo la desgracia hace a los hombres hermanos?”

Todos los partidos políticos no son iguales. Ni la gente que los componen tampoco. Sus ideologías los distinguen mientras, en unos y otros, los camaleones transitan a sus anchas. Apegados todos, no obstante, al dios dinero que puede proporcionar riqueza y poder, merodean en su búsqueda por caminos inescrutables. Por eso, todos aspiran a mandar (cuestión legítima muy loable) pero no puede ser a costa de lo que sea.


La ciudadanía ni es menor de edad, ni es tonta, pese a ser tratados como si lo fueran. Nadie desea un padre  que no se ocupe de su familia, que no sabe lo que pasa en su casa, que no da ejemplo de honradez, ni persevera en las buenas conductas. ¿Son males del Gobierno del PP? 

“Si a la severidad acompaña la justicia, infunde respeto, y se conquista el cariño de la gente,” bienvenida sea. Nada dura tanto y es tan perjudicial como un mal ejemplo.

sábado, 17 de junio de 2017

"POR SUS OBRAS LOS CONOCERÉIS"

“Por sus obras los conoceréis”.

En los medios digitales y a través del WhatsApp observo, cada día más frecuentemente, la mano extraña de colectivos organizados en darnos a conocer, mediante sus escritos y voces, cuestiones políticas, sociales, religiosas, económicas… que nos afectan a los españoles.

He llegado a la conclusión que tales mensajes se producen para tapar las vergüenzas de quienes los emiten. Éstos manipulan descaradamente lo que sea preciso para conseguir sus propósitos, tendiendo a crear ambientes propicios y favorables a sus intereses.

Hablan de países para que su reflejo nos lleve a sensaciones concretas, de temas irrelevantes aparentemente que impregnen nuestros espíritus, de sucesos alejados de los problemas que nos afligen para causar explícitos sentimientos, de grandes cifras de crecimiento con las que sentirnos satisfechos tratando de condicionar una determinada predisposición. 

Nada que ver con el saqueo público, el paro, la mano de hierro del Gobierno que nos representa o las desigualdades en las que vivimos. Nada que ver con la ausencia de las responsabilidades políticas, con el imperio de la Iglesia católica, con el fraude, la debilidad democrática, el medio ambiente o la igualdad de oportunidades

Materias en definitiva que nos desvían de los asuntos cotidianos tratando de elevarnos con dones, grandes cifras o generalidades que a mí, personalmente, me recuerdan el patriotismo franquista, sus años de paz o la posibilidad única que había de hablar de toros y fútbol libremente.

Cargar las tintas objetivamente es tarea dificultosa, pero repetir y repetir lo mismo en una misma dirección (sea o no objetivo) para hacer de ello una verdad, es influir en el inconsciente de la gente que, por lo general, nos dejamos llevar por lo último visto u oído.

Comprendo que resulta muy costoso distinguir las perversidades de las que hablamos e, incluso, ponerse en el lugar de los demás, sin embargo, deberemos ir superándolo a medida que ganamos en conocimientos. No hace tanto leí a Pérez Reverte, al que admiro como novelista, haciendo una loa de nuestra cultura y civilización occidental para arremeter contra los miserables e incultos terroristas. No seré yo quien defienda a éstos y menos todavía a la unilateral guerra que actualmente mantienen contra nosotros, indefensos ciudadanos. No obstante, detecté que olvidaba premeditadamente, omitiendo en su escrito, que en otra época los cultos habitantes procedían de otras culturas y no de las nuestras. Éramos entonces ciegos bárbaros como ahora lo son ellos,  declarando la Guerra Santa contra los infieles, participando de las Cruzadas organizadas por los más altos mandatarios religiosos y políticos, semejantes a los de hoy, que desarrollan sus negocios vendiendo armas. Los hombres debemos descubrir que los tiempos y culturas son cambiantes, si bien, no han de servir para avasallar o imponerse con ideas de odio, sino con ideas de paz y de amor.


La cultura, no obstante, nada tiene que ver con la razón o el juicio, más próximos al respeto hacia el prójimo, que a la altanería de la que, a veces, aquélla hacer gala. Lo que sí posiblemente permite, es poder decidir con determinado criterio, aun cuando éste no sea bondadoso y, por tanto, carezca de belleza. Esa decisión pues, ha de tender hacía el bien y la solidaridad entre los hombres, procurando evitar que alguien con sus ideas y negocios provoque odios y enfrentamientos: rememoremos a quienes, con sus obras o  palabras (como con las que he dado comienzo al presente escrito) nos lo hicieron saber.

sábado, 10 de junio de 2017

RECORTES DE PRENSA: Programa de izquierdas

El programa del Partido Laborista sirve de modelo para los maltrechos partidos de izquierdas de todo el mundo
El documento, presentado este martes, ofrece una respuesta no solo al modelo roto de Reino Unido, sino a la crisis global de la socialdemocracia
16/05/2017
Se busca: una visión convincente para un partido de centroizquierda. Tiene que estar dispuesto a invertir en la economía, modernizar los servicios básicos, hacer que las clases acomodadas paguen más impuestos. El wifi gratuito en los ferrocarriles sería un plus. ¡Que alguien responda a este anuncio! 
El programa laborista que se ha presentado este martes hace propuestas moderadas y de sentido común para abordar algunos de los grandes problemas que frenan a uno de los países más ricos del mundo. Asombrosamente, intenta buscar soluciones a la crisis de identidad y de visión que afecta a la socialdemocracia no solo del Reino Unido sino de Occidente en general.
El programa esboza respuestas para el modelo de socialdemocracia del Reino Unido; un modelo roto. El modelo actual ha quebrado: no solo es injusto sino que además es irracional. Una minoría acapara la riqueza. El año pasado, la fortuna de las mil personas más ricas del Reino Unido aumentó un 14%. En cambio, los recortes salariales de la generación actual no tienen precedentes en las últimas décadas.
El modelo actual no ha sido capaz de proponer soluciones para la crisis de la vivienda. Priva a muchas comunidades de un trabajo cualificado, seguro y con un salario digno. Causa pobreza a la clase trabajadora, que se gana la pobreza con el sudor de su frente. Permite que las multinacionales paguen pocos impuestos, o simplemente no los paguen mientras que los pequeños empresarios luchan por salir a flote.
Con el modelo actual, la joya nacional del Reino Unido, la sanidad pública, queda reducido a un estado "de crisis humanitaria", siguiendo la expresión utilizada por la Cruz Roja británica. Los más jóvenes están atrapados por la deuda. Los servicios públicos se convierten en la gallina de los huevos de oro de unos aprovechados que solo quieren obtener beneficios a corto plazo y no les importan las necesidades de los consumidores. Podría seguir. Como decía, estamos hablando de uno de los países más ricos del mundo. No es la falta de recursos lo que impide que el Reino Unido solucione sus problemas; es la falta de voluntad política.
El programa se compromete a no subir los impuestos al 95% de ciudadanos. Es justo si consideramos el recorte salarial sin precedentes auspiciado por el partido conservador. Por el contrario, el 5% de contribuyentes con mayores ingresos tendrá que pagar un poco más. Eso también es justo si tenemos en cuenta que les va mejor que nunca.
Aquellas compañías que paguen salarios que sean 25 veces más altos que el salario mínimo tendrán que pagar más impuestos. Si pagan salarios 20 veces por encima de los ingresos medios, un poco más. Las empresas pagarán más impuestos que ahora pero seguirá siendo menos de lo que pagarían en Estados Unidos. Como indica la política laborista Rachel Reeves, con un impuesto "Robin Hood" a las transacciones financieras se recaudaría más dinero y se conseguiría reducir la toma de decisiones arriesgadas que ponen en peligro la economía. También se recaudaría más dinero si se luchara contra la evasión fiscal desde todos los frentes.
Los miles de millones que se recauden se pueden invertir en educación, con el objetivo de que la siguiente generación pueda explotar todo su potencial. También se puede modernizar el sistema de salud pública para que dé respuesta a las necesidades de una población que está envejeciendo. Asimismo, se puede mejorar la precaria infraestructura del país y construir las viviendas que los británicos necesitan. Una red de guarderías públicas reducirá la presión de muchas familias que tienen que tienen que tomar decisiones muy difíciles sobre cómo construir una familia y tener una carrera profesional. El  triple bloqueo de las pensiones protegerá a los jubilados más pobres que construyeron el país con su esfuerzo.
No, con esto nadie está diciendo que la situación del Partido Laborista no sea muy complicada. Sin embargo, si dejamos de lado el debate en torno al liderazgo del partido, que puede esperar hasta las próximas elecciones, nos percataremos de que prácticamente todos los partidos socialdemócratas de Europa atraviesan una crisis parecida y que prácticamente ninguno de estos países tiene un gobierno de izquierdas. De Grecia a Francia, de España a Holanda, los partidos socialdemócratas, que carecen de una estrategia en torno a la globalización y la crisis económica, han perdido un alarmante número de votantes o, simplemente, se han desmoronado.
Los socialdemócratas del Reino Unido ganaron muchos votos tras un cambio de liderazgo, pero ya los han perdido. Ahora, sus corazones palpitan cuando ven los resultados que ha obtenido Emmanuel Macron en Francia. Obviemos el hecho de que Macron no es un socialdemócrata, sino un liberal que acaba de nombrar a un primer ministro conservador, Édouard Philippe. Lo cierto es que para seguir los pasos de Francia deberíamos instaurar un sistema presidencial que contemplara dos vueltas electorales, conseguir un 24% en la primera vuelta y plantarle cara a un rival fascista y conseguir una victoria clara.
La socialdemocracia está en crisis. El Partido Laborista tiene muchos frentes abiertos y con este programa quiere abordarlos. Y sí, a pesar de que el Partido Laborista parece haber repuntado en las encuestas, los conservadores aún le llevan mucha ventaja. Si comparamos los resultados actuales con los obtenidos en las elecciones generales celebradas hace dos años, los laboristas parecen haber ganado votos de electores que tienen menos de 50 años.
Sin embargo, si los conservadores consiguen los votos previstos será porque Theresa May sigue contando con el apoyo abrumador de la inmensa mayoría de votantes de más edad. Salvo que los laboristas consigan movilizar a más votantes jóvenes y, al mismo tiempo, consigan el apoyo de los votantes de más edad, la derrota será aplastante. A pesar de todo lo que pueda pasar, se acaba de presentar una propuesta de cómo un partido de centroizquierda debería abordar los retos que afronta un país rico marcado por la crisis. Y eso era una asignatura pendiente desde hacía mucho tiempo.

Traducido por Emma Reverter

sábado, 3 de junio de 2017

RECORTES DE PRENSA: El hambre

El mundo produce lo suficiente para alimentar a toda la población mundial de 7 mil millones de personas. Sin embargo, uno de cada ocho personas en el planeta va a la cama con hambre cada noche. En algunos países, uno de cada tres niños está bajo de peso. ¿Por qué existe el hambre?
Hay muchas razones por las cuales existe el hambre en el mundo y a menudo están interconectadas. Aquí hay 6 que creemos que son importantes.
La  trampa de la pobreza
La gente que vive en situación de pobreza generalmente no puede costearse comida nutritiva para ellos ni sus familias. Esta situación los vuelve más débiles y menos capaces de ganar el dinero que los hubiese ayudado a escapar de la pobreza y el hambre. Esto no es solo un problema del día a día: cuando los niños sufren de desnutrición crónica, esto puede afectar sus futuros ingresos, condenandolos a una vida de pobreza y hambre.
En países en vías de desarrollo, normalmente los agricultores no pueden costear las semillas, lo cual trae como consecuencia el no poder plantar los sembradíos que hubiesen provisto a sus familias de alimento. En algunos casos, ellos deben cultivar sin las herramientas ni fertilizantes necesarios. Otros no cuentan con tierra, agua o educación. En resumen, los pobres sufren de hambre y, al mismo tiempo, el hambre es lo que los mantiene en la pobreza.
Falta de inversión agrícola
Muchos países en vías de desarrollo carecen de una buena infraestructura agrícola, como lo son un buen sistema vial, silos e irrigación. Esto trae como resultado un alto precio en el transporte, falta de instalaciones de almacenamiento y suministro de agua intermitente. Todo esto conspira en contra de las cosechas y el acceso al alimento.
Las inversiones en administración de tierras, uso eficiente del agua y el uso de semillas resistentes traen consigo grandes mejoras.
Investigaciones realizadas por la
 Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) demuestran que la inversión en agricultura es cinco veces más efectiva en la lucha contra el hambre y la pobreza que la inversión en cualquier otro sector.
Clima y tiempo         
Los desastres naturales como inundaciones, tormentas tropicales y largos periodos de sequía están aumentando, lo cual trae consecuencias devastadoras para la gente de bajos recursos que vive en países en vías de desarrollo.
Las sequías son la causa más común de escasez de alimentos en el mundo. En 2011, una sequía recurrente causó grandes pérdidas en el sector agropecuario en Etiopía, Somalia y Kenia. En 2012 hubo una situación similar en la región del Sahel en el África occidental.
En muchos países, el
 cambio climático ya está causando condiciones adversas. Cada vez más tierras fértiles sufren de erosión, salinización y desertificación. La deforestación a manos de los humanos causa una erosión acelerada lo cual dificulta la cosecha de alimentos
Guerras y desplazamientos
Alrededor del mundo, los conflictos armados interrumpen de manera constante la cosecha y producción de alimentos. Este tipo de conflictos también fuerza a millones de personas a huir de sus hogares, dando como resultado severas crisis en la seguridad alimentaria de las personas que, una vez que se desplazan, se encuentran sin los medios para poder mantenerse a sí mismas. El conflicto en Siria es un perfecto ejemplo.
En la guerra, a veces los alimentos se convierten en armas. Los combatientes obligan a sus adversarios a rendirse por medio del hambre, tomando los alimentos y el ganado y destruyendo sistemáticamente los mercados locales. Los campos, usualmente, minados y los pozos de agua contaminados, obligan a los agricultores a abandonar sus tierras.
El conflicto creciente en Somalia y la República Democrática del Congo ha contribuido significativamente al alto nivel de hambre en esos dos países. En comparación, el hambre se está reduciendo en las partes más pacíficas del continente africano como Ghana y Ruanda.
Mercados inestables
En años recientes, el precio de los alimentos ha sufrido una gran inestabilidad. Los precios suben y bajan como una montaña rusa, lo cual dificulta el acceso consistente a alimentos nutritivos para la gente de bajos recursos. Éstos necesitan acceso adecuado a alimentos todo el año y estas alzas en los precios ponen los alimentos fuera de su alcance, trayendo consecuencias permanentes a niños pequeños. Cuando los precios suben, los consumidores tienden a cambiar a alimentos más baratos y menos nutritivos, dando como resultado deficiencias de micronutrientes y otras formas de desnutrición.
Desperdicio de alimentos
Un tercio de todos los alimentos producidos (1.3 mil millones de toneladas) nunca es consumido. Este desperdicio de alimentos representa una oportunidad perdida en la lucha por mejorar la seguridad alimentaria global, en un mundo donde una de cada ocho personas sufre de hambre.
Producir estos alimentos también utiliza preciados recursos naturales necesarios para alimentar al planeta. Cada año, los alimentos que son producidos, pero que no son consumidos aglutinan un volumen de agua equivalente al flujo de agua del rio Volga, en Rusia. Producir estos alimentos también libera un aproximado de 3.3 mil millones de toneladas de gases de invernadero.
Un curso dedicado a la Generación Hambre Cero
Por Enrique Yeves, Director de Comunicación Corporativa de FAO
El número de personas hambrientas en el mundo se ha reducido a algo menos de 800 millones, lo que supone una de cada nueve personas, según datos de la última edición del informe anual sobre el hambre de la FAO. Es una cifra inaceptable y el objetivo debe ser su erradicación total y definitiva.
En FAO sabemos que erradicar el hambre no sólo es posible sino que también es un imperativo moral y parte del compromiso ineludible que la comunidad internacional ha adoptado con la Agenda 2030 de desarrollo sostenible.
Es, además, una tarea en la que debemos involucrar a toda la sociedad, incluido el sector académico. Por eso en junio de 2016 organizamos, junto a la Universidad Complutense de Madrid, el curso “Hambre Cero: es posible”. No nos costó mucho elegir el nombre, ya que esa es la única afirmación que consideramos válida.
Durante una semana un grupo de jóvenes profundizó, de la mano de expertos internacionales, en las cuestiones que plantea este enorme desafío, uno de los más loables a los que puede aspirar la humanidad. Empezamos por algo tan básico como su definición: según la FAO, una persona pasa hambre cuando no obtiene la ingesta de energía alimentaria suficiente para mantener una vida saludable y activa.
A medida que avanzamos, todos mostraron gran interés en temas tan distintos como la pobreza como causa fundamental del hambre, la producción sostenible, la biodiversidad, el acceso a los alimentos, la nutrición, el cambio climático, la disponibilidad de agua, la calidad de los suelos o el problema de las pérdidas y desperdicio de alimentos
Personalmente, fue una satisfacción ver su compromiso ya su generación está llamada a ser la generación Hambre Cero, la que acabe con esta lacra inadmisible y que lastra el desarrollo de nuestro planeta.
El derecho humano a la alimentación adecuada, que es inalienable de todos los ciudadanos y cuyas condiciones para lograrlo deben ser garantizadas por el estado, nos ofrece una visión para un pacto social que impulse políticas de desarrollo inclusivas y sostenibles.
Y una de las formas más eficaces para lograrlo es, como reiteró el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, en una ponencia en la que compartió su experiencia en su propio país, Brasil, una combinación relativamente sencilla: más políticas centradas en la protección social para ayudar a los más necesitados a salir de la pobreza y más inversiones en tecnología y actividades productivas dirigidas a los más pobres.
"Recorrimos 90.000 km durante 10 meses", rememoró Graziano da Silva al explicar uno de los programas más exitosos en la lucha contra el hambre. “Pero para lograr el desafío Hambre Cero - añadió en su conversación con los jóvenes- los gobiernos deben reconocer el problema del hambre como prioritario, crear marcos institucionales para combatirlo y programas específicos para poder hacerlo”.
Para ilustrar la importancia de ese compromiso político, en el curso contamos también con la participación de Guadalupe Valdés, del Frente Parlamentario contra el Hambre de América Latina y el Caribe, que habló del caso de América Latina, la región que más avances ha logrado en la lucha contra el hambre.
Como recordó el jefe del equipo del derecho a la alimentación de la FAO en presencia de Su Majestad la Reina Letizia de España –Embajadora Especial de la FAO para Nutrición-, el hambre y la malnutrición son problemas de naturaleza política. Por si solas, las soluciones técnicas no bastan para acabar con las desigualdades que mantienen a una parte importante de la población mundial en situación de inseguridad alimentaria o sufriendo la malnutrición.
Teniendo en cuenta las múltiples dimensiones del problema del hambre, en el curso también se habló sobre la forma en que lo contamos. Para ello contamos con Juan Luis Cebrián, Presidente Ejecutivo del grupo PRISA y El País –diario con el que la FAO firmó recientemente un acuerdo para mejorar la información sobre cuestiones relacionadas sobre el hambre, la agricultura y la alimentación, que habló sobre el papel de los medios de comunicación como motor de cambio.
En ese mismo sentido, el periodista y escritor Martín Caparrós, autor del libro Hambre, insistía en que la inseguridad alimentaria "no es un problema de pobreza, sino de riqueza" y de la injusta distribución de la misma.
Como entidades cercanas a las realidades sociales y catalizadoras de la participación ciudadana, las ciudades desempeñan un papel clave en la erradicación del hambre y en la mejora de la nutrición, como explicó Joan Ribó, el alcalde de Valencia, una de las ciudades españolas con mayor tradición de agricultura urbana y periurbana.
Siguiendo con nuestra intención de destacar el papel de la sociedad civil, en el curso también celebramos una mesa redonda con algunas de las ONG con más experiencia del país: Prosalus, Manos Unidas o Cáritas Española, que coincidieron en la necesidad de colocar en un lugar prioritario la lucha contra el hambre.
Visto el entusiasmo que despertaron las distintas ponencias y el interés continuado de los alumnos, estoy seguro de que contamos con todos los participantes y con todos ellos para lograr el hambre cero, que es posible.

Al día mueren 159.000 personas un 16% de ellas de hambre = 24000

Niños al día por hambre unos 8500 por otras causas evitables 19000