sábado, 20 de mayo de 2017

OBJETIVO: MANTENER LA DEMOCRACIA

El mantenimiento de la democracia, sustentado en la libertad y el respeto, es la vía correcta para lograr el objetivo de paz, progreso y bienestar. Hasta nuestros días la humanidad avanzó, multiplicando su número de habitantes y la calidad de sus vidas, pese a los múltiples avatares que los tiempos, de una u otra forma, resolvieron merced al genio y al esfuerzo. No podemos de un plumazo silenciar épocas pasadas, que puedan servirnos de referencia, y partir de cero. Aún suenan millones de pasos con proclamas de Libertad, Igualdad, Fraternidad. Voces contra la tiranía, la burguesía, el absolutismo, el abuso empresarial. Recuerdos de revoluciones, regímenes y formas de Estado diferentes. Nadie olvida la Ilustración, la Nobleza, la Iglesia, las Crisis, las Declaraciones de los derechos del hombre o la infinidad de Guerras que no acaban por mucho que se implore para que la Paz prevalezca y los males del hambre y la enfermedad se exterminen. Hoy no es posible, dada su complejidad, homogeneizar en el conjunto del nuestro planeta la idea manifestada en el primer párrafo del presente escrito. No obstante, la suma de las partes, de los diferentes pueblos de la Tierra, caminando en esa dirección, hará que los humanos vivamos en paz, libremente, sin penalidades y en comunión perfecta con la Naturaleza.

Deseo tan fuerte, como el expresado, es tanto una ilusión como una teoría (que no deja de ser una previsión) sin un plazo concreto que pueda determinarse.

¿Qué bases hay para establecer tal afirmación?:

Una.- Nuestro pasado, sin duda, del que hemos hecho alusión.

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que nunca como ahora, hemos vivido tan bien, por mucho que se diga que todo tiempo pasado fue mejor.

Dos.- La independencia del Legislativo, el Judicial y el Ejecutivo habrá de ser una realidad.

Éstos deberán regular los poderes políticos, económicos, sociales y otros (sindicatos y partidos, asociaciones y empresas, religiones y medios de comunicación…) de acuerdo con la gente del pueblo, llevando a cabo  medidas como las dadas a conocer en la novela ESCAPE de Sebastián Lorca y en el compendio titulado 5 Fórmulas para el bienestar de España de Reynaldo Tendero, tendentes a conjugar Honorabilidad, Transparencia y Rentabilidad. Además, llegará la época en la que se alcancen la desaparición de las Fuerzas armadas (los ejércitos) de todos los países.

Tres.- Aplicando gratuitamente las nuevas tecnologías.

Harán posible que las energías limpias y renovables (sol, viento, agua, ondas…), la educación y sanidad sean universales, utilizables por los ciudadanos sin coste alguno, una vez amortizadas las infraestructuras que las domeñan. Se premiará el esfuerzo más que el dinero.  


Otras direcciones nos llevarán al mismo punto. Pero, ni todo privado, ni todo público. Ni autónomos ni obreros. Aboguemos por lo correcto en cada momento y por cada cuestión. No tengamos miedo en elegir un camino trasversal, sea del color que sea, sin perder de vista el objetivo principal del hombre: la paz, el progreso  y el bienestar. 

Las previsiones nunca se cumplen, pese a ello, no dejemos de hacerlas: sería una irresponsabilidad. Economistas, agencias de calificación, organismo encargados… son parásitos necesarios que espolean a fieles creyentes del porvenir y la estadística.  

sábado, 13 de mayo de 2017

CORRUPTO DE NACIMIENTO


Hace años, cuando pasé una larga temporada en Louborouhg (Inglaterra), me explicaba un joven andaluz que allá conocí (con él paseaba a menudo), que era corrupto de nacimiento por la domesticación recibida en su infancia, igual que muchos españoles nacidos en la dictadura. 

“Acudía a clase en la Universidad a diario –comentaba- cada tarde de lunes a viernes, y aparcaba en el puerto gratuitamente, a unos diez minutos andando desde allí. En otros lugares de la ciudad también había “voluntarios aparca coches” en busca de una propina. Un día, éstos aparecieron  con chapas identificativas prendidas en su camisa de una Entidad benéfica, de la que no recuerdo su nombre, exigiendo un euro por estacionar. Entregaban una hojita de un talonario como justificante numerado con membrete de dicha organización. Pues bien, averigüé que tal asociación no existía y la decisión  era una maniobra personal de un concejal del que, las malas lenguas, decían: “se está forrando”. Así que comencé corrompiendo a los “vigilantes” desdeñando el justificante con el que los controlaban y dejándoles la propina, por lo general, menor al euro requerido y que a ellos, como a mí, nos beneficiaba”.

-          ¡Hombre! –dije a mi acompañante- eso no es corrupción, sino una pillería. –Mientras, a mi caletre acudían las picardías de El Lazarillo de Tormes. Los premios dados a los niños por esgrimir su responsabilidad, no reconociendo su culpa. Los ejemplos de los mayores y de las Autoridades. La protección al ladino en lugar de al justo y bondadoso.

“Lo cierto es -continuó el joven- que no sé si tal maniobra se generalizó o no, pero a alguien se le ocurrió cambiar los “gorrillas” por barreras y maquinas. Así que, ese alguien,  de acuerdo con el responsable público, se adueño de esos lugares y descampados para explotarlos. ¿Hubo dinero por medio? ¿Se amañó una oferta pública de cesión? ¿Ambos se beneficiaron?”

Sin contestarle, pensé: No hay ley por la cual los fiscales puedan investigar los signos externos de las personas o de dónde salen sus fortunas. Como tampoco la hay, para que el ladrón, además de su castigo, devuelva lo robado. Me reafirmé que delinquir resulta barato.

“No pasó mucho tiempo para que aquellos terrenos se revalorizaran sobremanera. Entonces, la codicia que mueve la corrupción, subió un peldaño más. Emergieron viviendas privadas, polideportivos, auditorios y otras obras dando al destino de unos pocos su oportunidad de enriquecerse”.  Yo me dije: ¿Quién asiste a los plenos municipales? ¿Qué transparencia los preside? ¿Qué órgano los controla? ¿Quiénes de su aprovechamiento responden?

“Poseemos por historia y tradición –prosiguió- aceptar las cosas porqué sí. Nos enseñaron a no rebelarnos contra la voluntad divina (“será lo que Dios quiera”), contra la autoridad (“donde hay patrón no manda marinero”) e, incluso, contra la mala suerte. Esa es mi desgracia de nacimiento”. 

Su lamento me hizo cavilar que caemos en la tentación del dicho “piensa mal y aceptarás” y no siempre es así. Y que no estamos preparados para  cuestionar o denunciar posibles malversaciones de los intereses públicos,  ya que nos han imbuido que lo público no funciona, facilitándonos una educación deficiente que los mandamases pretenden preservar.

“¿Cómo no sentirme corrupto con una trayectoria cultural que no quiere atajar una de las principales lacras que hemos padecido, desde siempre, en nuestra España?” Posiblemente,  –interioricé- se halle en los genes acomodados de la individualidad y del sálvese quien pueda que nos caracterizan, deseando que los capullos brotados en la democracia no se marchiten.

sábado, 6 de mayo de 2017

DESCOFIAD

No cabe la menor duda.  Estamos viviendo  tiempos alucinantes. Entre otras razones, porque no tenemos otros, ignoramos los que están por llegar, y los pretéritos transitaron con excesiva parsimonia, sin pruebas contundentes de que fueran ciertos. Hoy la velocidad e inmediatez en la comunicación de los hechos, los comentarios y noticias se arruinan en un plis plas, sin apenas haberlos digerido. Lo triste, lo peor e, igual que ayer, sin ser comprobados. En infinidad de casos, cuando se detecta la realidad, la verdadera versión, ya es pasado y el objetivo de la falacia lanzada por el mentiroso se ha cumplido e, incluso, para la posteridad.

¡Tanto se repiten las cosas que, de tanto oírlas, se consideran ciertas!

¿De qué instrumentos disponemos las personas de a pie para dar o no verosimilitud a un acaecido que acabamos de leer en letra impresa o de escuchar en algún medio? ¿Y qué decir de los montajes, engaños, manipulaciones, falsificaciones que pasan por auténticos?

No hace tanto, sectas sin escrúpulos adoctrinaban a gente joven negando abiertamente, por ejemplo, el holocausto judío. Argumentaban con pruebas adulteradas que jamás existió, tratando de ensalzar el nazismo que practicaban. Otras, de signos opuestos, restaban importancia a los crímenes estalinistas sucedidos a fin de no empañar la fe en la dictadura del proletariado. Holocausto. Dictadura. Palabras de significados detestables. En parecidos términos actúan partidos, religiones, empresas… mediante misivas, prédicas, anuncios... con sus trolas tendenciosas en pro de sus intereses. Añadamos a éstos  el manejo de los medios digitales por parte de sus partidarios que corroboran, retuitean, copian y pegan, modifican e, incluso, inventan de buena fe la noticia aparecida (sin fechar ni dudar) produciendo un efecto multiplicador imparable que, en la mayoría de los casos, se convierte en verdadera.

¿Cómo distinguir el trigo de la paja? ¿No hay control imparcial que pueda, lo antes posible, confirmar o desmentir lo sucedido? ¿Algún color, alguna clave, algún signo que nos lo diga? No basta la intuición para detectarlo. Habremos de tenerla en cuenta, sin embargo.

Los mensaje que más impactan (y de eso los que más saben son los publicitas y profesionales de la conducta humana) son aquéllos que agitan emociones de dolor y placer estimulando sentimientos arraigados (miedo y satisfacción, odio y compasión, venganza y aceptación), sin que seamos capaces de remontarnos a sus orígenes y causas.

Por cuanto antecede, salvo mejor criterio, deberíamos abstenernos de dar pábulo a lo que no estamos ni seguros ni convencidos de que sea fidedigno, pese a que posea un atractivo poderoso. Desconfiemos. Cuestionemos el mensaje. A lo sumo, démoslo a conocer con toda reserva. 

Los malos viven de los ingenuos como el capital de los pobres o los corruptos de sus inductores. Y de demostrase el embuste, pregonarlo a los cuatro vientos remarcando su falsedad, asignando un color rojo de flagrante peligro.  

Debemos atajar y poner fin a males tan perversos, producto de intereses espurios (la gran mayoría económicos), con la indiferencia o no mostrando su contenido. Si perseveran, revelemos expresando: Ojo: falacia. Que sus autores se incluyan en una lista de Bandidos para, en su caso, darlos a conocer como se hizo con los vomitados en los Papales de Panamá.


Combatir tales prácticas dará sus frutos como los dieron la lucha contra la esclavitud y la pena de muerte. Se irán equiparando derechos y la impiedad o el infierno dejarán de aterrar.  

sábado, 29 de abril de 2017

DEBATIR

En España han pasado casi ochenta años desde que finalizó la peor de sus guerras (incívica, salvaje, cruenta… entre hermanos, por destruir un sistema) y todavía las diferencias políticas e ideologías persisten acusadamente. Entonces, unos hicieron suyos, a través de una brutal dictadura, los emblemas y significados nacionales de todos, enterraron a sus muertos con dignidad y se olvidaron que, los del otro bando, también eran españoles. Muerto el dictador sucedió una ejemplar Transición hacia la democracia sin revolución alguna, bajo la atenta mirada de un ejército y las poderosas e influyentes fuerzas vivas del bando vencedor. Una Transición igualmente engañosa y endeble que a punto estuvo de estallar con otro Golpe de Estado cuando cierto sector minoritario de la población pensó que la política se desviaba del Espíritu nacional impuesto por su caudillo. No hubo renovación de cargos y los altos mandos siguieron en sus puestos, sustituyendo al dictador por el Rey, entronizado e inmune como aquél lo fue bajo palio en tribunas y altares. Tampoco ha existido tiempo ni fondos para deshacer la historia que nos contaron (escrita por el bando franquista), ni para que los hijos de los vencidos hallaran a sus padres muertos, ni para que himnos, banderas y otros símbolos utilizados en la contienda desaparecieran. Hoy quedamos los viejos que, afortunadamente, no participamos en aquella maldita guerra, pero que, indirectamente, sufrimos parte de sus consecuencias. Y vemos, todavía, como parecen existir censores que dicen lo que atenta a la moral o al Espíritu nacional que muchos reclaman. Y nos llama la atención comprobar que la ley condena en proporción, menos severamente, a corruptos y ladrones, que a  quienes escriben necedades e improperios en internet (facebooc, twiter…), a los acusados e ignotos de convertir el arte sacro en apócrifo o  a unos titiriteros de haber ensalzado el terrorismo. Ya va siendo hora de revisar la democracia para que no se vean heridas donde no las hay; que dejemos de tener miedo por escribir o hablar ya que ni las letras ni las voces matan; que se prescinda de censores o comisarios políticos de otro tiempo ya que, únicamente, son defensores de su criterio y no de un pueblo que desea honradamente vivir en paz.


Cuando el terrorismo atentó en Francia por unas viñetas irónicas contra Mahoma, todos clamamos en contra del salvaje atentado por tan irrisoria cuestión; sin embargo, hoy en España (un reino/estado aconfesional) se imponen los sentimientos religiosos por hechos de similar guisa. Posiblemente, existan varas de medir distintas. Es más, hay grupos de  WhatsApp en los que muchos de sus componentes claman porque de política no se hable, temiendo enconar una discusión de consecuencias imprevisibles. Esto denota que hemos avanzado bien poco en civismo y respeto a las distintas ideas. No hemos aprendido a realizar un sosegado debate y somos incapaces de ponernos en lugar del otro. Esto me recuerda mi niñez cuando las familias silenciaban cualquier cuestión social, política, religiosa y nos educaban para que fuéramos apolíticos como si tal cosa fuera posible. Parece mentira que hoy vuelvan aquellos mensajes o, ¿es que, tal vez, nunca se fueron? Mi idea es que se ha de hablar libre y respetuosamente de todo, sin calificar ni prejuzgar, sin que nadie tenga que avergonzarse de pensar de una u otra manera. No se puede castigar el pensamiento, ni a la intención. Hemos de forjar un nuevo criterio de domesticación en el que todas las ideas quepan. La base para lograrlo, está en los mensajes que se emiten, en la educación que se practica, en el respeto necesario para no ser fundamentalista. Debemos prescindir del “ojo por ojo". Pararnos y pensar. Debatir cómo hacer las cosas mejor. Argumentar y reconocer la evidencia. No tomarnos la vida como una competición por llegar el primero o por saber más que el otro. Consiste en ponerse de acuerdo en las cosas importantes la mayor parte de las veces debatiendo con respeto.

miércoles, 19 de abril de 2017

SEMBRANDO EL ODIO

El mayor desastre entre los hombres es la guerra. Una guerra  que perdurará por mucho que los modos, los materiales, los sistemas cambien. Por mucho que se hable del desarme, de evitar el armamento nuclear o se elogie la paz. Por muy poderosos que sean los pueblos, los resultados, entre los contendientes, siempre serán los mismos: destrucción, calamidades y muertes. Una absoluta aniquilación humana daría lugar a un absoluto silencio.
Reflexiónese, que hoy y siempre, el detonante de la guerra es el interés económico, fiel servidor de la desigualdad social que, a su vez, crea indignación e incultura.
 Actualmente, en los lugares con cierto bienestar, la guerra tradicional o de guerrillas hiberna o se ha detenido, pero el terrorismo campa, justificado por creencias febriles y fanatismos absurdos, merced a las diferencias sociales. El terrorismo pues, es la guerra moderna que, incluso, con escasos medios, extiende el pánico por doquier y desestabiliza la convivencia.
La Europa comunitaria, el modelo a seguir desde después de la segunda guerra mundial, se desmorona si no se ha desmoronado ya. La razón principal es  atribuible a la pobreza  e indignación de la gente, sabedoras que sus gobernantes las originan y las propician, si bien, puede remediarse todavía tomando medidas acertadas. De estas, machaconamente, venimos hablando en este blog, a fin de acortar las distancias sociales y culturales. Sin embargo, la más urgente consiste en que Europa, a través de sus dirigentes, deje de sembrar odio.
El odio es un germen peligrosísimo. Se instala en las personas (hombres, mujeres, niños) que son repudiadas. Entre los que huyen de la guerra (ajena a ellos) presas del pánico y la muerte. Y no es para menos. Cada minuto que pasa sus heridas se hacen más profundas. Necesitan cobijo y medios para, dignamente, salir adelante. Y Europa no se los proporciona. Al contrario, los desprecia, los rehúye, les da la espalda.
Ese odio es simiente de terror que el tiempo convertirá, a quién lo pruebe, en terrorista. Rechazar, abandonar a millones de seres humanos a su suerte, es el caldo de cultivo para crear resentimiento que lleve a los hombres a la radicalidad o al  fanatismo. Nada tienen que perder. Nada que agradecer. Europa les cierra las puertas.
En España hay campos baldíos, pueblos deshabitados que se puede repoblar y hacerlos grandes, tal vez, como en otra época lo fueron. En muchas partes de Europa también los habrá. ¿Qué odio sentiríamos nosotros si, como ellos, nos viéramos rechazados? ¿Qué enseñanza daríamos a nuestros hijos: la del perdón o la del desprecio? ¿Cuál de las dos aprenderían obligados a pasar calamidades por evitar una muerte segura? ¿Incorporarán la venganza a sus usos para compensarse en el futuro, a través del terrorismo? ¡Es lamentable que dirigentes europeos siembren perniciosos gérmenes alegando beneficiar a su población con razones injustas y sin caridad! Parecen no entender que con su decisión insolidaria, cruel y corta de miras,  ponen en peligro el devenir de la gente europea a su cargo. Ni siquiera se han replanteado dónde, cómo, de qué forma incorporarlos en nuestras vidas. Reconózcanlo.  Reconozcan su culpa y varíen el rumbo tomado. No hacerlo será una torpeza de imprevisibles consecuencias de las que no lograremos salir indemnes por la indignación que causan. Prefiero equivocarme, pero…, de no rectificar a tiempo, un devenir  funesto nos aguarda.  

¡Europeos: evitemos el dolor de la gente inocente que nos necesita y nos pide ayuda! 

lunes, 27 de marzo de 2017

DEFENDAMOS A LA GENTE

“Tenemos que lograr unir el mundo para salvar la Tierra que no pertenece a nadie sino al viento. Nuestra tierra en la que viven pobres, demasiados pobres, y ricos, demasiados ricos”.

Copié está frase de Zapatero (grandilocuente objetivo final que nos recuerda el principio y final de los tiempos) para decirme a mí mismo que he de luchar contra las condiciones de la gente necesitada de las religiones entre los que se encuentran los “pobres, demasiados pobres, y ricos, demasiados ricos”.              

Un lamento, sin duda, que los mandamases de las religiones olvidan, apoderándose de las voluntades de las almas que en ellos confían, para adueñarse de la “la Tierra que no pertenece a nadie”. Así, se hacen “ricos, demasiados ricos”, en la oscuridad, sin hacer ruido.

Ya va siendo hora que sus jerarcas retrocedan en su afán de almacenar bienes y den un paso atrás devolviendo lo que a ellos no les corresponde. Que abran las puertas de esas mansiones y palacios, templos e iglesias para que los hombres que huyen de las guerras se refugien y su sufrimiento sea más llevadero.

Predicar, sí. Pero dando trigo también. Ninguna religión monoteísta ha hecho apenas nada para remediar a esos hombres  el hambre, el frío, su falta de cobijo: su desamparo. Unos hombres hechos a “imagen y semejanza de Dios”. De un Dios al que no le hacer falta tanta fortuna, ni tesoros, ni  negocios tan prósperos.

Una amortización más tendrá que darse en España para que las múltiples riquezas conseguidas con el sacrificio de la gente vuelva a la gente. La Iglesia no ha de estar del lado de los poderosos contradiciendo el  ejemplo de Jesús y el espíritu de su doctrina que no practica. Crearon miedo y la “Santa” Inquisición. Quemaron gente en la hoguera. Procuraron castigos y tormentos. Condenaron a su antojo o, simplemente, sentenciaron a muerte por afirmar que La Tierra gira alrededor del Sol.


Fariseos. Sepulcros blanqueados. Especuladores vivientes. Compren el aire que venden. Ese viento “dueño de la Tierra” con el que podrán elevarse, ya que no tienen comprado el cielo, ni él les pertenece.

lunes, 20 de marzo de 2017

PAREMOS EL MUNDO

Frente a mí tengo un globo terráqueo. Líneas perpendiculares y paralelas lo trocean. Una de ellas, el ecuador, lo divide en dos mitades bien diferenciadas. Lo giro un par de veces y nunca consigo que el azar lo sitúe en la misma posición. Me imagino la infinita variedad de formas y realidades de vida, climas y costumbres, políticas y religiones que en cada punto pueden existir. Me resisto a creer que el hombre no quiera saber que, procediendo del mismo origen, nuestras diferencias procedan de ese lugar donde crecimos. Ni peores ni mejores: diferentes. Comienzo a simplificar y asigno el apelativo “de derechas” a los habitantes de la parte norte de la esfera y, al contrario, “de izquierdas”  a los de la parte sur desde el paralelo 0º. Entiendo, que los polos son los menos habitados y más extremos de ambos hemisferios. Las tendencias hacia el centro los más numerosos y moderados  y, además, un sinfín de otros factores no citados nos hacen desiguales, en especial, las imaginarias líneas propias del cerebro que nos separan.

Un simple punto de un espacio minúsculo, insignificante, marca nuestras pluralidades; ni qué decir en un universo inconmensurable, indiscutible, imposible de conocer, donde habrá seres vivos con parecidos o irreconocibles modos a los nuestros. Todo esto, para confirmar que las ideas e iniciativas de cada uno de nosotros merecen el máximo respeto si con respeto se exteriorizan. Otra cuestión es  seguirlas o  practicarlas y, por supuesto, descartando aquéllas que abogan por la intolerancia, el crimen o el delito. No conozco a nadie que, en su sano juicio, clame por la guerra, desdeñe la libertad y renuncie a vivir en paz o a gozar de una salud envidiable. Por tanto, estimo que hemos de apostar por el respeto hacia el otro, que tiene un mismo origen, aunque piense y actúe diferente.


Últimamente, las sentencias de los tribunales de justicia en España no andan a gusto del respetable. Parecen dar alas a las personas de “guante blanco” para que continúen corriendo riesgos y delinquiendo, ya que su golfería les sale barata. Animan a un Gobierno que incumple lo que suscribe. A una Iglesia que mantiene pedófilos en sus filas. A unos políticos, independentistas, empresarios y clase dominante, que se saltan igualmente la ley y no pasa nada. Entonces, ¿de quién podemos fiarnos las personas de a pié? De nadie, no hay duda. A la gente de la calle nos atribuyen méritos que no tenemos y nos adulan para equivocarnos. Nos engañan y no nos respetan. Nos dividen haciéndonos creer que sólo la anarquía, la barbarie y el descontento, cuando se desatan, pueden con ellos. Pero no. El desconsuelo es la única arma de la que nos valemos.

Antes, pues, de lanzarnos a la tremenda aventura del descontrol, convendría darles un susto a nuestra clase dirigente quedándonos en casa. Sin ir a votar, ni asistir a sus actos, sin rezar en las Iglesias, ni ver la televisión, sin comprar la prensa ni intervenir en las redes sociales, al menos, durante una o dos semanas. Irán los cuatro de cada partido, los profesionales que se ganan la vida o los mendicantes que rezan para ganarse la sopa boba. Haremos que durante ese tiempo nuestro mundo se pare: nos desintoxicaremos y haremos sentir a algunos que sin ellos también se puede vivir. 

Una manifestación de fuerza pacifica que puede domeñarse y mostrarnos que la ley de oferta y demanda es manipulable. El mensaje será clamar por la separación de poderes, la justicia, por el respeto que nos merecemos, para que bajen al suelo los altivos jerarcas que viven alejados del pueblo (políticos, jueces, empresarios,  funcionarios…) pese a que gracias a él viven. Puede, que al principio sean unos días acordados de antemano. Un ensayo para una práctica que puede fomentarse, sencillamente, con más virulencia pacífica que una huelga general. Un periodo de silencios para cargar pilas, recuperar sinergias pérdidas y aclarar que el poder ésta en el pueblo.

lunes, 13 de marzo de 2017

ENFRIANDO LA CODICIA (5)


Enfriar la codicia es una cura del Sistema capitalista. A ello hemos dedicado las cinco últimas entradas de este blog (la de hoy incluida) tratando las siguientes cuestiones:                                                

Una: Liberalización empresarial y Limitación de rentas.                                                                   
Dos: Regular herencias.                                                                                                                        
Tres: Pleno empleo y Despido libre.                                                                                              
Cuatro: Recursos de ajuste, control y eficacia.                                                                              
Cinco: Comercio solidario.

 Hemos de buscar y descubrir las fórmulas de equidad en el reparto de las riquezas y los recursos para que ningún hombre sobre la faz de La Tierra pase hambre o muera de sed.

El hombre es lo importante, lo que más nos ha de interesar. Sin él, nada tendría sentido. Sin embargo, olvidamos que su desaparición sería un desastre, nuestra mayor catástrofe. El hombre se mueve, una vez cubiertas sus necesidades básicas, afirmándose en una confianza cambiante a medida que, con el paso del tiempo, adquiere nuevas creencias. El hombre pues, desarrolla y potencia el intercambio de bienes, derechos y obligaciones, además de su cerebro, para llegar hasta nuestros días, en un Planeta densamente poblado. Fue preciso que abandonara su aislamiento, autosuficiencia e individualidad (que hoy raramente conseguiría) y convertirse en un ser social, dependiente de un comercio  que, aunque fundamental para el progreso y su continuidad, también es interesado e insolidario, pese a que esté asentado dentro de la ley, el orden o un concierto mundial. Tal vez, nos hayamos ocupado en exceso de ese comercio imprescindible del que hablamos y apenas si hemos profundizado en los elementos y recursos para uso. Vemos atónitos (bien por desoír que el fin no justifica los medios; bien, porque los mismos nos hayan desbordado) como la empresa explota bienes naturales y de todos (aire, agua, sol…) en su provecho y menoscabo de la gente, logrando que el instrumento de cambio (el dinero) sea más importante que el bien que nos es menester e, incluso, que nosotros mismos. Esto ha de ser regulado y reconducido.

En la última entrada, de forma escueta, hablamos del dinero, a fin de que no se emita, ya que hay otras alternativas más simples, que además lo controlan, y de las empresas, para que sus bienes tangibles, sean sus mercaderías y poco más. Hoy nos extenderemos con la intención de que las personas jurídicas, rara vez, sean “hemofílicas” o inmortales. Que no se tenga que recurrir a obligadas amortizaciones por atesorar sus propiedades en entes anónimos, asociaciones fantasmales, sectas secretas o asociaciones inexpugnables. Que en ellas no permanezcan activos no explotados, abandonados o sin rendimiento por tiempo indefinido. Ni escondidos recursos exentos de impuestos. Ni bienes personales a nombre de fundaciones, ONG´s u organizaciones estatales, políticas o religiosas. Que sus beneficios sean repartibles en tres partes bien diferenciadas y exentos de impuestos: para su accionariado o propietarios, para sus asalariados y para la sociedad o las arcas públicas con destino a inversiones dirigidas a acabar con la pobreza y las desigualdades. Y, por supuesto, que aún considerando a la empresa el motor económico del comercio local, estatal e internacional, no recale en los llamados Paraísos fiscales que sólo a unos pocos beneficia, cuya producción es nula y sus dineros están preparados para la especulación y el delito. Reflexionemos sobre tales cuestiones.

La perspectiva de una Europa unida puede verse truncada, en estos momentos, por intereses de gente codiciosa, alejando a sus habitantes de una política común. No lo permitamos.

lunes, 6 de marzo de 2017

ENFRIANDO LA CODICIA (4)


Con el título de Enfriar la codicia, una cura del sistema capitalista, he divulgado en el presente blog tres simples folios. El primero para referirme a la liberalización empresarial, que la misma determine los sueldos de sus plantillas, en la proporción de uno a diecisiete, a partir de un salario mínimo establecido, cuya cifra sirva de referencia para que el exceso de toda renta que la supere en cincuenta y tres veces, pase a las arcas públicas. El segundo dedicado a regular las herencias en favor, mayoritariamente, del erario público, vigilado por los herederos. El tercero a instaurar el Pleno empleo y el Despido libre, para hoy, en un cuarto, preguntarme: ¿Cómo implantar tales medidas y no establecer las comprobaciones para verificar, ajustar, controlar su eficacia? Por tanto, con  igual sencillez, facilito algunas indicaciones para que así suceda.

Una – El dinero físico no ha de circular y anular así “el dinero negro”. La moneda metálica, a lo sumo, se mantendrá en vigor en una primera etapa hasta su desaparición definitiva. Todo pago e ingreso se canalizará a través de un soporte que deje huella. Una cuenta corriente bancaria al efecto (carente de costos) será un perfecto instrumento para canalizar las transacciones. Con un simple extracto de la misma se podrá averiguar el origen y destino de los fondos y además, siguiendo su hilo, descubrir delitos, corrupciones…, así como intervenir en sectores, hasta ahora incontrolados como la emigración, epígrafes fiscales, fines comerciales, donaciones, recaudaciones anónimas, caritativas...

Dos – Separar los bienes, derechos y obligaciones personales de los colectivos o societarios. No es de recibo que una persona física utilice, en su propio beneficio, el capital (activos-pasivos) y recursos de una persona jurídica por mucho que sea su único accionista o el máximo cargo de la misma o viceversa. No es extraño ver como para ahorrarse impuestos engañan, blanquean, adquieren obligaciones o crean cuentas ficticias. Es, por esto, que sería de interés general adoptar la no matriculación de activos a nombre de colectivos (asociación, sociedad…) salvo los productos y servicios que explote o sean imprescindibles para su actividad.

Tres – Establecer categorías laborales y su vigencia, tanto en la función pública como en la privada. Que nadie se acomode en una posición y la savia nueva regenere la sociedad con perspectivas diferentes. El miedo a perder algo, que nos da una aparente sensación de seguridad, no es sino un freno para avanzar.

Cuatro – Una permanente adaptación al conocimiento es necesaria para lo cual, desde el nacimiento y su escuela infantil hasta la última residencia de la edad que nos prepare a morir, se ha de prever los recursos para que el ser humano disponga de lo básicamente preciso para vivir, es decir, gratis o con un pequeño esfuerzo, deberá tener un 100% de: alimentos y vestidos (20), cobijo (20), educación (20), salud (20), justicia y ocio (20). Ello supone que la gente exija a sus gobernantes, lo mismo que para ellos quieren: Honorabilidad – Transparencia – Rentabilidad.

Si una persona no es honrada, incumple lo que promete, engaña, roba o mata: apaga y vámonos. Si la transparencia, la claridad que se necesita para cumplir y ratificar lo anterior, brilla por su ausencia: apaga y vámonos. Si con cada cosa que se hace no se espera recibir nada a cambio o su sentido es baldío o ni existe: apaga y vámonos. El capitalismo hoy, se hace intransitable para el ciudadano, cuyo camino es cada vez más árido, inhóspito y cruel. Se sirven de él engatusándonos con mieles de triunfos efímeros que pocas veces se alcanzan. Estarán pues de acuerdo conmigo, que enfriando la codicia del hombre podremos moderarlo. Renunciemos a vivir azarosamente y luchemos por una digna estabilidad.

lunes, 27 de febrero de 2017

ENFRIANDO LA CODICIA (3)


En las anteriores entradas con el título común de Enfriar la codicia me referí a: Uno.- Liberalización empresarial que determine los sueldos de sus plantillas en la proporción de uno a diecisiete, a partir de un salario mínimo establecido, cuya cifra sirva de referencia para que el exceso de toda renta, que la supere en cincuenta y tres veces, pase a las arcas públicas. Dos.- Regular herencias en favor, mayoritariamente, de las arcas públicas, vigilado por los herederos.

Hoy nos disponemos a indicar una tercera medida: Pleno empleo y despido libre. Ello supone ocupar a toda persona desempleada que, libremente, desee trabajar y que los empresarios puedan despedir a quien consideren conveniente. Desde ese momento, nadie que esté en paro o sin hacer nada injustificadamente, cobrará renta alguna. Ésta no será gratis, sino que servirá para pagar a un desempleado que se ocupe en el trabajo que le sea asignado y lo realice como en cualquier empresa lo haría, ya que sin esfuerzo poco o nada se valora. El empresario, por cada despido y de acuerdo con antigüedad y edad del trabajador, contribuirá con una prima estipulada de antemano, dado que de lo que no cuesta se llena la cesta. El detalle de estos aspectos puede verse en el presente blog, formulados en otras entradas.

Hemos discurrido que el Pleno empleo ha de formar parte de la realidad y no el paro. Que conseguir un trabajo no sea una quimera sino un derecho dependiente de la voluntad propia y la aceptación empresarial; una obligación social por la que cada cual se gane la vida y, en último término, un derecho individual que el Estado facilite. El desempleo ha de quedar enterrado para siempre, sin olvidar lo abrasivo que es para el trabajador y lo abusivo para el empresario y, con el cual,  vagos e interesados se sienten cómodos, deseando que perdure para vivir a costa de los demás y sin pagar impuestos. Hoy el trabajo se encuentra por recomendación - 44%- (familia, enchufe), méritos -38%- (oposición, currículo), autónomos -18%- (individual-colectivo). Tendencias que se trocarán cuando colocar a un familiar sea un sinsentido, salvo que esté preparado, ya que las rentas estarán limitadas y la estabilidad del individuo asegurada.

También hemos de acostumbrarnos al Despido libre que, tanto en la empresa privada como pública, sea un recurso legal y no al contrario. El despido libre ha de entenderse como una defensa empresarial, de igual forma que la huelga se considera una protección al trabajador; no obstante,  existen muchas fórmulas intermedias de evitar tales situaciones extremas, así como medidas para que ambas partes salgan beneficiadas porque, en definitiva, trabajadores y empresas dependen de la sociedad y se necesitan. Por tanto, hay que potenciar a la empresa preparando al hombre (empresario o trabajador) para afrontar las circunstancias que se presenten, sean volátiles, arbitrarias, impredecibles, competitivas…, repitiendo que las rentas han de estar limitadas y la estabilidad de toda persona asegurada.

Repararemos en el capital que, aunque es apátrida, carece de creencias y sólo conoce el mercado con el exclusivo propósito de  ganar dinero, habrá de ser satisfecho igualmente. Es una pieza importante del tablero en el que nos movemos,  con posiciones y valores diferentes, que tendrá que respetar la libertad a la que jamás renunciaremos y las reglas del juego sin aguardar a que un árbitro las imponga. Un árbitro que, en último término, encontrará destino a las experiencias del hombre evitando jubilaciones anticipadas, aprovechando las capacidades de los jóvenes eludiendo su emigración obligada y proporcionando ocio y utilidad para todos. Las circunstancias (estímulos, tecnología, impuestos…) enfriando la codicia, movilizarán las posiciones del tablero.

sábado, 18 de febrero de 2017

ENFRIANDO LA CODICIA (2)

Al parecer, hace 50.000 años, el hombre se erigió como tal rompiendo las cadenas biológicas de animal salvaje con las que la Naturaleza, en su evolución, lo mantenía. Entonces, además de respirar y alimentarse, dio con la chispa inteligente que prendió en su conciencia iniciando su desarrollo, cuestionando su existencia, surgiendo miles de formas divinas, inmortales e imprescindibles en las que poder creer y, a su amparo, otros tantos intérpretes de esas supuestas voluntades celestiales. Improntas que todavía perduran y que jamás, posiblemente, encuentren una certera explicación. Las fuerzas naturales visibles, las invisibles, los tabúes, los chamanes de las tribus, los locos visionarios, los demonios de las religiones, las costumbres, los miedos al devenir hicieron el resto. Aún, sin embargo, la muerte continúa siendo un enigma cuando, a lo mejor, es la simple cadena de la vida que da origen a más vidas de las que no habrá que preocuparse, bastando sólo con vivir en la armonía y el bienestar del momento, sin renunciar ni olvidar el relato de la historia que, afortunadamente, no acaba con nosotros.
Por eso,  abogo y divulgo que, con la muerte del hombre, todo lo suyo acabe: vida, bienes, derechos y obligaciones e insto en el dicho popular de que “la  muerte a todos nos iguale”. Cierto es, que somos muchos los que, contemplando las vergüenzas terrenas, nos gustaría creer en una justicia divina, pero nuestra impresión nos suscita, únicamente, la esperanza de que “no hay efecto sin causa”, por lo que, al margen de ello, me referiré únicamente al sentido material que aquí me ocupa. Por tanto, afirmo sin ambages, que al desaparecer el fallecido debería desaparecer igualmente su patrimonio (independiente de cómo lo haya conseguido). Que los herederos existentes sean fieles valedores del destino de los mismos, pudiendo optar, en su caso, por el derecho de retracto.
¿Significa lo dicho que las herencias han de derogarse? Sin duda. Su regulación es imprescindible.
Principios sociales básicos han de mostrarnos el camino para saber cómo han ser reguladas. La Tierra no pertenece a nadie y  todo lo que surge de ella, a ella ha de volver. Mientras eso se torna finalista, nuestra sociedad se desangra con injusticias,  desigualdades, penurias  sin que se puedan remediar por falta de recursos y, sobre todo, porque el Estado ha de procurar ocupación, equilibrio e igualdad de oportunidades a todos cuantos libremente lo demanden y merezcan. De ahí que la herencia material deba pasar al ciclo económico común de la sociedad y no a unos herederos “legales” que gozarán, como todo ciudadano, en su caso, de estabilidad suficiente para que desarrollen por sí su propia vida, sin tener que apoyarse en una dote conseguida por otra persona y medios desconocidos; de suerte que hoy, todavía, la presunción de inocencia y paternidad es la norma, dando por hecho que los progenitores no transmiten sus vergüenzas y si sus genes, a veces suplidos por el refrán “de casta le viene al galgo”.

Esta medida es de suma importancia para enfriar la codicia. Una codicia que constituye, con otras reglas que desde este foro estoy dando a conocer, la alma mater del capitalismo salvaje. Una herencia personal destinada a paliar necesidades sociales,  crear estímulos particulares y comerciales, distribuir la riqueza y que todos los participantes en la carrera de la vida puedan partir desde la misma línea de salida y la disputen con honestidad, bajo la supervisión de controles que eviten trampas o detecten engaños en su asignación. Que la muerte no tenga remordimientos en su arbitrariedad, ni reparos en saber a quién se lleva: el hombre siempre ha de estar descalzo, dispuesto, con sus deberes y legados hechos.

sábado, 11 de febrero de 2017

ENFRIANDO LA CODICIA


Piense en el sueldo que su empresa le paga y compárelo con el que más gana en la misma. ¿Qué proporcionalidad hay entre ambos? En general, todos los trabajos son necesarios, desde el más modesto hasta el más alto, pero ¿las diferencias salariales en la misma empresa, están en consonancia con lo que cada cual realiza? El salario más bajo en el BBVA imaginémoslo en 30.000 euros anuales y el más alto, no se lo imagine, ¡5.500.000! que, sin contar planes de pensiones, seguros de vida, gratificaciones, gastos de representación, bonus y otros,  viene a ser casi unas 185 veces más que el anterior, es decir, la diferencia que hay entre el señor que atiende la ventanilla y el presidente del consejo de administración. Haciendo acopio de todo mi ingenio soy incapaz de concebir qué cometidos, responsabilidades, horas de dedicación, necesidades y demás factores que queramos añadir, llevan a la empresa a cuantificaciones tan distantes, para considerar a un hombre 185 veces más valioso o productivo que otro.

¿Por qué la ley no regula que las empresas (administración incluida) determinen libremente sus costes laborales y  establezcan una diferencia máxima entre los salarios de las mismas? ¿Nos parece 17 veces la adecuada?

Pensemos, continuando con el ejemplo indicado, que los protagonistas,  por diversas razones (dividendos, alquileres, otros trabajos, ahorros, premios y demás) obtienen otros ingresos que, por imaginar, los cifraremos en 5.000 euros para el operario y 100.000 al consejero, con lo que las rentas de ambos serían de 35.000 y 5.600.000 respectivamente: 160 veces de diferencia.

¿Qué pasaría si las rentas se regularizaran o limitaran a través de los impuestos? ¿Cómo hacerlo con carácter general? ¿Por qué (al igual que lo apuntado para los salarios de cada empresa) no hacemos lo mismo con las rentas a nivel nacional?

Supongamos una referencia: 10.000 euros como la mínima renta individual al año (teniendo en cuenta el actual salario mínimo establecido por ley y al objeto de simplificar cálculos). ¿Cuál sería entonces, una diferencia adecuada con la referencia de 10.000 elegida? Se me antoja que 53 veces más es una distancia más que considerable; en cuyo caso, las rentas de las personas físicas quedarían establecidas en un máximo de 530.000 euros y todo cuanto superara tal cifra, pasarían, en calidad de impuestos, a las arcas del Estado. ¿Qué les parece?

¿Qué hubiera pasado aplicando lo indicado, lo que por sintetizar tal hipótesis he dado en llamar La Teoría de los números primos? Veamos:

Manteniendo al señor de la ventanilla el mismo salario, aspecto potestativo de la empresa, ésta hubiera tenido menor coste salarial y su productividad o beneficios aumentarían en casi 5.000.000 euros, al rebajar los emolumentos del señor presidente a 510.000 (17 veces más que el menor sueldo). Ambos, estarían así dentro del máximo legal de rentas antes apuntado, sin penalización impositiva ni agravio, obteniendo el consejero más que de sobra para sus necesidades y caprichos, además del estímulo de engrandecer su empresa y su país, sin causar estragos entre sus empleados, que ganarían  lo suficiente para vivir dignamente.

Parte del problema de la desigualdad se resuelve con algo tan sencillo como lo explicado; basta con una ley que lo promulgue y el Gobierno la lleve a efecto. La mayoría de hombres y empresas no perderán y serán más eficientes. No olvidemos que para la avaricia lo mucho es poco y para la necesidad lo poco es mucho y, ante eso, no hay otra cosa que la cordura enfriando la codicia.

sábado, 4 de febrero de 2017

EL INDEPENDENTISMO


Nunca pensé que el ideal de un partido político (y menos de izquierdas) pudiera ser la independencia, salvo que, bajo leyes injustas, la población estuviese sometida. La gente aspira al bienestar al margen de la democracia que los gobierne. Unos, desearán la iniciativa privada, otros, su ausencia, pero jamás permitirán que ambas tendencias abracen una bandera para justificar su ineficacia. Nunca pensé pues, que por tal independentismo se pudieran unir agua y aceite para formar “la república catalana”. Los hechos, superiores a palabras e ideas, nos muestran cinismos semejantes; unos, cerrando los ojos a su corrupción y otros, al igual que en 1980 auparon a la presidencia de la Generalidad a Jordi Pujol, compinchándose en un gobierno de derechas, dando la espalda al deseo de concordia y prosperidad necesarios para la gente.

Antes de continuar con mi asombro, manifestaré, sin embargo, que: 1.- No soy partidario de ningún sistema social (económico y político) en exclusiva, aún menos de un determinado partido político, sino de aquellos puntos, apartados o fórmulas que, vengan de donde vengan, sean de quien sean, en definitiva, velen por el interés de los seres vivos, en especial de los humanos, y el medio ambiente. 2.- Es preciso destacar, que no existe provecho alguno para el hombre en la independencia catalana, separando territorios que pueden dar lugar pugnas, muros, contingentes, privación de libertad de movimientos y demás suertes alejadas de un mundo común solidario e igual para todos. Doctrina esta de gente interesada en aprovecharse con la división, la diferencia, la comparación, el egoísmo, la desgracia ajena. Nunca podrá ser un modelo de gente de bien, incrédula con las milongas que algunos prometen y que, no siendo ignorantes, tienen coraje para no temer a los salvadores de patrias inventadas, ya que la única patria existente es nuestra infancia. 3.- No me importa, ni estoy interesado en saber quién se atribuye como propios los valores con los que comulgo: a) la vida, sin la cual nada tendría sentido. b) La libertad propia que respeta, por supuesto, la libertad ajena. c) La igualdad que significa tener las mismas posibilidades o “igualdad de oportunidades”, seas de donde seas, negro o blanco, creyente o incrédulo. d) La propiedad privada, pero sólo hasta que el titular viva, ya que con la muerte todo debe de desaparecer: bienes y derechos, obligaciones y delitos. e) Que el esfuerzo del trabajo (derecho y obligación) permita ganarse peor o mejor la vida y, en última instancia, que el Estado lo proporcione. f) La contribución al bienestar general en proporción a los beneficios recibidos de esta sociedad aleatoria, en la que el azar es determinante, ha de equilibrarnos y, sobre todo, hacernos partir y caminar desde el mismo punto de salida. 4.- Estoy interesado en destacar que la corrupción es un mal generalizado que ha hundido civilizaciones, pueblos con historia, hombres que se consideraban insobornables, por lo que el control, la vigilancia y el rendimiento de cuentas ha de agudizarse sobre aquellos que están en puestos públicos y su entorno, cuyas decisiones puede causar un profundo pesar en la gente. 5.- Por último, considerar que cada cual tiene la potestad de creer, pensar, actuar como quiera y le venga en gana ¡faltaría más! pero no por ello un servidor dejará de asombrarse y cuestionar contrariedades que estime conveniente como el independentismo. Es más, se apena y entristece, goza y se alegra elucubrando lo que está por llegar, toda vez que “la procreación de ideas es más bella que la realización de las mismas” y supera con creces a la imaginación.

Concluiré diciendo que la globalidad, con acelerones y paradas, será un hecho incuestionable que la tecnología pondrá a nuestro alcance. Deberíamos, por tanto, adelantarnos e ir asegurando la estabilidad del hombre, que no sea víctima de la codicia de algunos pocos.

domingo, 29 de enero de 2017

HECHOS SON LOS QUE CUENTAN


-          Mira. Ahí fuera está el mundo.

Coches circulando de un sitio para otro con destinos desconocidos. Gente caminando arrebujadas en sus abrigos. Nubes ocultando el sol y cortantes vientos fríos. Todo parece caótico, sin sentido, burbujeando como  agua hirviendo que cuece un alimento. Puedo tirarme horas contemplando el mundo a través de los ventanales de mi casa donde permanezco estable, con la soledad de mis pensamientos, pero ajeno a los hechos que son lo importante.

Veo el mundo, pues, pasar por mi retina, pero no participo de él. Desde la impunidad que me proporciona mi ordenador, escribo aportando ideas, reclamando comportamientos y, tal vez, hiriendo susceptibilidades pese a que no sea esta mi intención. Ellos, mis iguales, luchan fuera, trabajan, estudian, no están quietos como animales en la selva tratando de subsistir. Observo con deleite las vidas que me imagino actúan como yo lo hice cuando estaba en activo. Ni me emocionan ni me embelesan, mantengo viva la pasión por el futuro que nos aguarda, pero ya sin inquietud  ni prisas, convencido que nunca sabremos de dónde venimos ni a dónde vamos.

Algo tan simple crepita dentro de mí, si bien, renuncio a ser pasto de palabras incoherentes como aquellas que se esconden en el misterio de lo indefinido, lo perpetuo, lo infinito, lo inconmensurable, el todo o la nada. Veo una leve chispa prender en las pajas y el papel, dispuestos al efecto, provocando la llama con la que comienza el fuego que quemará leños y demás consumibles con que calentarme. Su calor durará un tiempo, pero no será eterno y, finalmente, desaparecerá la flama palpitante, la fuerza de la ignición que llenó el lar de pavesas dando comienzo la calma de una lumbre firme y confortable que acabará, como todo acaba, en el silencio de la obscuridad abrazado a la fría y cruda soledad, reducido a un cúmulo de cenizas. Un destino inexorable, conocido, olvidado y heredero de vidas complejas, curtidas por errores y caídas, el azar y la ignorancia que se resistirán por los siglos de los siglos.   

-          El mundo está ahí. ¿Fuera de nuestro alcance?

Mi vista alcanza muy poco, pero mi imaginación es inconmensurable. Renuncio a ambas. Ambas me engañan. Y más, cuando estuve inmerso en la acción empapado hasta las cejas por los entresijos de mis problemas. Son los hechos los que cuentan, los que dignifican, los que estimulan y nos sirven de ejemplo. Ahora estoy aquí, en mi ventana, viendo mi mundo pasar. Pero no puedo, pese a todo, estarme quieto. Por ello renuncio también a mi quietud y deseo estar en la brecha: contando historias, evocando ideas, acomodándome en el anonimato y creyendo ver el mundo pasar, cuando soy yo el que pasa. Aplico, a veces, mi experiencia sin clamar al insensato pronto que me provoca la contestación y la venganza, la revolución y la lucha, convencido de que no hay efecto sin causa y que “a cada guarro le llega su san Martín”. Sin embargo, espero que mi granito de arena pueda contribuir a mantener la libertad del individuo, desde la cual exijo Honestidad, Transparencia y Rentabilidad en cada una de las acciones que realice. Más aún: entiéndase, estemos convencidos, que lo público es de todos y sus guardianes nuestros empleados a los que hay que vigilar como si fueran unos bandidos, dado que de ellos depende el bienestar común.

-          El mundo no cambia y la corrupción lo destruye. A ésta me opongo y la maldigo. Así como a quienes la permiten y justifican diciendo no saber nada de nada. ¡Miserables! En aras al respeto que todos, incluso los intolerantes, nos merecemos, cedo mi paz.

Seguramente el destino quiera imitar esa suprema esencia que todo lo envuelve y lo hace misterioso. Sin embargo, no hay hombre cuerdo que limite su existencia a la inercia de aceptar, sin más,  lo que le venga. Ni alguien que, por considerar que su destino está escrito, lamente un engaño, un suceso, desgracia o tortura sin una reacción. El hombre se revela, inventa, imita… dando o tratando de dar esquinazo a esa vida que marca el camino de su muerte. Alarga su llegada, armoniza su venida, espera prolongarse felizmente sin resignarse al final que le aguarda. Mientras tanto, se olvida por completo de aspectos filosóficos que  entretienen y enredan los propósitos de la una única idea original por la que fue creado: sentir el placer de aparearse imprescindible para seguir siendo, para crear más vida y no matar el deseo de engendrar.

Tal mecanismo de gratificación, no es más que un fiel  servidor del impulso más potente de la Naturaleza que, instintivamente, trasgrede religiones, culturas, civilizaciones, desde el principio de los tiempos, tan sólo con agitar su mente, esa criatura rara y caprichosa,  dejándola que se  distraiga y divague entre el apego y la aversión. Y con tal labor, técnica e  inventiva del ser humano, éste andará junto al carro al que está asido, rodando y rodando. Y  algunos hombres subirán por el estribo, otros le adelantarán o quedarán rezagados, otros se guarecerán entre las ruedas de las inclemencias, hasta que, finalmente, se detenga. Y con él, se parará el hombre también.

Entre tanto… la inercia, que lastra el devenir de las gentes y las cosas, continuará moviendo el mundo y yo, dejando pasar la vida sin hacer nada, inmutable, desde mi ventana.

lunes, 23 de enero de 2017

CREAR DE ABAJO ARRIBA


El axioma de que las cosas perduran se da cuando éstas, independiente de cómo o de quién parta su iniciativa, son aceptadas por la mayor parte de la población, hasta el extremo de considerarlas suyas. Excepción a la regla expuesta se puede considerar la obligación que la madre impone a su hijo menor de edad por razones muy diversas, especialmente, por la falta de experiencia.

Nuestros políticos (y más si tienen mayoría) ignoran tal axioma y tratan de establecer sus ideas a costa de lo que sea. De ninguna manera podemos disculparlos si el proyecto es burdo, tendencioso o simplemente irrealizable y, por supuesto, ha de ser objeto de castigo si lo llevan a término. Y, al revés, si honradamente piensan que es lo mejor para la gente y dan razones claras para emprenderlo, pues a casi todos nos pasa que, pensando nos asiste la razón, actuamos con cualquier cuestión o propuesta, tratando de imponer nuestros criterios.

Sigo pensando que se sabe y, seguro, que estaríamos de acuerdo, en lo que es mejor para la gente, pero discrepamos en la forma de hacerlo. Por ello, continúo escribiendo que, fijado lo primero, un grupo de hombres sabios (madres incluidas) deberían reunirse y confeccionar el plan más apropiado para llegar al objetivo de bienestar que se quiere. Una vez superadas las dificultades de consensos, las diversas posibilidades, los grupos de presión… y ultimado el texto, entrarían en liza los políticos, las asociaciones, todos cuantos estuvieran dispuestos en llevarlo a término, haciendo campaña expandiendo sus ideas de cómo, cuándo y por dónde caminar para ir realizando el plan preconcebido y convertirse en Gobierno. Y surgirían líderes y grupos de animadores, responsables de sus actuaciones y bien pagados con los impuestos, para ser elegidos con el voto popular. Mientras eso o algo parecido llega, tratando de remediar males importantes (paro,  pobreza, desigualdad) persisto en aportar alguna sugerencia, desde los elementales principios de Honorabilidad, Trasparencia y Rentabilidad:

De abajo a arriba, desde cada uno de los ayuntamientos, desde el nivel político más próximo a la gente, hay que olvidarse de obras faraónicas e inservibles y dedicar dinero y esfuerzos para el bien general del pueblo:

Ocupando a los parados. Un trabajo remunerado (del que hemos escrito hasta la saciedad en este blog) que “les proporcione medio pan y un libro para alimentar a cuerpo y espíritu”. Que se sepa que lo que no cuesta no se valora y por tanto nada ha de regalarse. Una renta básica que ha de ganarse (si se quiere) trabajando en pro de dependientes, minusválidos, obras prácticas, sociales…

Optimizando recursos. Creando bienestar al pueblo mediante el aprovechamiento y transformación de las energías limpias como el sol, el aire, el medio ambiente… Posiblemente se puedan montar paneles solares con los que abaratar o  anular el coste de la luz de las calles y plazas, de los organismos y dependencias públicas, de las fiestas de las ciudades. Molinos de viento o saltos de agua, pozos, depuradoras, jardines… que autoabastezcan las necesidades de la localidad. Crear el dinero social ante emergencias sociales por las que el propio municipio, a través del ayuntamiento u oficinas al respecto, además de convertirse en el regulador del mercado laboral, antes apuntado, se convierta en banco de emitir dinero y, como tal, preste (que no regale) dicho dinero social para determinados fines, condiciones y plazos. Crear muchas más cosas para las que habrá voluntarios deseosos de abolir el paro, los abusos comerciales, la caridad de pedir limosna, a los políticos compulsivos, cínicos y mentirosos.